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ABC LUNES, 14 DE OCTUBRE DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 13 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN MUJERES La causa de la igualdad es demasiado seria para dejar que se convierta en un espectáculo patético como el de Femen STAMOS volviendo atrás. Sólo así se explica que esas activistas presuntamente defensoras de los derechos de la mujer, agrupadas en un engendro llamado Femen sacralicen el aborto, utilicen como arma el desnudo y adopten un lenguaje corporal tan agresivo como zafio para exponer sus reivindicaciones. Esto no es avanzar sino retroceder a marchas forzadas. Afirmar que el aborto es sagrado significa sencillamente ignorar milenios de civilización. Hacerlo siendo mujer supone, por añadidura, aceptar mansamente la condición de mera receptora pasiva en todo lo relativo al sexo secularmente asignada a las féminas por el machismo más casposo. Porque hicieron falta muchos siglos de evolución para llegar a la conclusión de que lo sagrado es y sólo puede ser la vida. Y un ser humano en gestación es portador de una vida independiente de la de su madre, según ha demostrado sobradamente la biogenética mucho más allá de cualquier duda razonable. Presentar el aborto como un derecho inalienable de la mujer equivale a dar por bueno que la única responsabilidad de un embarazo no deseado recae sobre los hombros de la mujer embarazada y que su mejor salida a esa situación dramática es matar a la criatura que crece en su seno. Nada nuevo bajo el sol. Un regalo envenenado para las beneficiarias de semejante derecho y una auténtica bendición para cualquier hombre reacio a asumir E las consecuencias de sus actos. Ese viaje a un pasado oscuro no precisaba de alforjas. Por si la cuestión de fuero no resultara suficientemente elocuente, la de huevo; es decir, las formas, constituye otro atentado más contra el progreso. ¿Qué sentido tiene denunciar la cosificación de la mujer, su utilización como mero reclamo sexual, por el procedimiento de enseñar los pechos? ¿Qué consiguen estas amazonas frustradas, sino concitar el desprecio de todos los reaccionarios predispuestos a desacreditar la causa del feminismo bien entendido y aun el de muchas otras personas que seguramente se dejarían convencer por argumentos expuestos con educación y mejor gusto? Parafraseando a Ortega, no es esto. Nunca fue esto. No puede ser esto. La causa de la igualdad es demasiado seria para dejar que se convierta en un espectáculo patético como el protagonizado días atrás por unas chicas que, evidentemente, no tienen la menor idea de lo duro que resulta avanzar en un mundo cuyas reglas fueron escritas por hombres. Quienes abrazamos en su día el feminismo a través de nuestras obras, que no sólo de palabra, y otorgamos a ese término un significado distinto, nos proponemos alcanzar conquistas mucho más importantes, sin necesidad de quitarnos la ropa. Reivindicamos el derecho de nuestras hijas a ser madres cuando lo deseen, haciendo uso de su libertad, sin por ello renunciar a sus carreras profesionales ni exponerse a ser despedidas. El de nuestros hijos a ser padres responsables con tiempo disponible para ocuparse de sus pequeños. Reivindicamos una legislación laboral eficaz, que permita conciliar la vida laboral con la familiar. Reivindicamos horarios de trabajo racionales. Reivindicamos normas que faciliten la adopción y proporcionen ayuda y apoyo a las embarazadas en dificultades. Reivindicamos salarios iguales por igual tarea y castigos ejemplares para los empleadores que discriminen. Reivindicamos oportunidades de ascenso otorgadas exclusivamente en función de la valía personal; o dicho de otro modo: que el sexo sea irrelevante a efectos laborales. Este es el feminismo del siglo XXI. Lo demás suena a déjà vu muy rancio. IGNACIO CAMACHO AUTORRETRATO SINDICAL En su obtusa sinrazón los piqueteros no entienden que sus colegas no están imputados por sindicalistas, sino por ladrones N más de tres años que lleva el sumario de los ERE no se había oído la voz de los sindicatos; ni una tímida protesta corporativa, ni una diatriba rutinaria contra un fraude que afectaba directamente al ámbito de sus competencias laborales. Era un silencio sospechoso, demasiado parecido al del que teme ser hallado culpable. La pasada semana, tras la detención de varios sindicalistas acusados de desviación de fondos, un piquete de agitación, una agresiva patota neoperonista compareció sin cita ante la jueza Alaya para organizarle un escrache matonil al pintoresco grito de fea, fea en la puerta del juzgado. Como primera declaración pública ha constituido todo un autorretrato moral; como actuación política representa un descomunal error, una crispada confesión de parcialidad, una inesperada asunción de responsabilidades colectivas que tritura la ya escasa reputación de unas organizaciones cada vez más perfiladas como colaboradoras necesarias de la monumental estafa. Porque más allá de las culpas individuales que correspondan o no a los imputados, el gigantesco desfalco compromete el crédito de un sindicalismo que, obligado por ley a dar su visto bueno a los expedientes de crisis, no sólo otorgó su anuencia a masivas operaciones fraudulentas sino que intervino de forma directa en la captación de empresas en apuros como clientes de una derrama discrecional de subvenciones. Aun en el caso de que no se tratase de un mecanismo de financiación irregular, como sospecha con fundamento la instructora, estaríamos ante un insólito fenómeno de cooperación con un proceso sistemático de destrucción de empleo; los teóricos defensores del tejido laboral ejerciendo como agentes activos de su precipitada liquidación en la comunidad con mayor tasa de parados de España. Sobran además evidencias concomitantes de la utilización incorrecta de ayudas sociolaborales: mariscadas, propaganda y gastos suntuarios camuflados en facturas falsas que interpelan ante la opinión andaluza la moralidad de sus beneficiarios, ocupados en construir durante años una trama clientelar al amparo de un régimen complaciente que se apoyaba en ellos para alquilar una paz social trucada. Nadie ha pedido perdón, ni ha dado explicaciones convincentes ni ha intentado siquiera descargar responsabilidad sobre conductas particulares; la única reacción oficial ha consistido en proyectar sobre la magistrada un acoso verbal de vileza intolerable, iniciado por los dirigentes de las propias centrales y proseguido mediante un bochorno faltón de hooligans mafiosos acostumbrados a la impunidad de la coacción piquetera. Una zafia, brutal resistencia instintiva de quienes se creen depositarios de un torticero privilegio de casta, incapaces en su obtusa sinrazón de entender algo tan simple como que sus colegas no han sido detenidos por sindicalistas, sino por (presuntos) ladrones. E JM NIETO Fe de ratas