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10 ENFOQUE MARTES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2013 abc. es ABC El Tata Martino, ayer con Piqué, durante el entrenamiento del Barcelona EFE Martino, cuestionado Milonga nacionalista con versos sueltos JESÚS LILLO Recién llegado a Barcelona y pendiente del qué dirán, complejos de forastero en una tierra atiborrada de folclore político, el Tata Martino se presentó en lo de la Diada y, donde fueres haz lo que vieres, le puso flores a Casanova, lesionado desde 1714 y al que acababa de conocer. Ni por esas. Ya le están mirando el ADN. La identidad nacional catalana no solo pasa cada 11- S, en forma de cadenita y esclava, por las gradas del Camp Nou, sino que recorre su césped para convertirse toque lento de pelota, con pases de lado a lado en una seña de pertenencia, una expresión de patriotismo vestida de azulgrana o, en B, de señera. Al entrenador argentino le echan en cara que el Barça empiece a perder el balón y, sobre todo, el distintivo fraseo que desde los tiempos de Guardiola, pureza de sangre, contribuyó a forjar un lenguaje futbolístico que, por lo visto, también inventaron allí. No basta con meterle cuatro goles al Rayo: hay que tocarla en los medios, sobre todo en Vallecas, puro Madrid, para marear al rival, como en política. El Tata Martino gana partidos, pero no lo hace en catalán, y eso molesta a quienes han formateado y falsificado una forma de vida, pública o privada, en la que no quedan espacios para la libertad de juego y pensamiento. Ahora que los Países Bajos han clausurado oficialmente el Estado del bienestar, el pobre Tata Martino ha debido de pensar que aquello es como la Cataluña de los recortes y, pasando por Cruyff y los tercios del duque de Alba, todo mezclado, lamenta que en el Camp Nou haya que ser de la casa u holandés, tres cuartos de lo mismo, para que a uno lo respeten. Al Tata Martino le pueden perdonar el acento y la milonga porteña, pero no que atente contra la artificiosa esencia de un club obligado a construir, con pataditas cortas, sin verticalidad, la identidad nacional. DEPORTES Gerardo Tata Martino Cuando se ha rayado la excelencia siempre se genera debate, más aún cuando el entrenador no es de la casa ni es holandés