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12 OPINIÓN LA FONTANA DE ORO PUEBLA LUNES, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2013 abc. es opinion ABC FÉLIX MADERO EL PAPA AUDAZ Hablan con agrado de Francisco los que hablaban con desdén de Benedicto XVI, primer responsable de la llegada del Papa argentino O sé si notan lo mismo que yo, que los que más hablan del Papa Francisco son aquellos que declaran estar fuera de la Iglesia o importarles poco o nada lo que dentro de ella sucede. No debe de ser así cuando les ocupa tanto su última entrevista en la que se declara pecador e hijo de la Iglesia varias veces. He conocido católicos, y especialmente a una persona, que vivió su intensa fe al margen de Papas y declaraciones más o menos sonoras. En caso de duda, me decía: mira a ver qué dice el Evangelio. Ocurre que hablan con agrado de Francisco los mismos que lo hacían con desdén de Benedicto XVI, que es quien ha abierto la puerta al Papa argentino. Pero por mucho que el Papa diga que nunca fue de derechas ¿si no se es de derechas significa que uno es de izquierdas? los que se declaran progresistas no van a llenar ahora las iglesias. No. Sucede que el Papa habla claro, se le entiende. Otra cosa son los titulares y que la discusión que algunos proponen sea un debate de titulares lejos de la hondura y profundidad del mensaje. La Iglesia no es un partido político y es un error acercarse a ella como si de eso se tratara. Desbarran los que creen que Jorge Mario Bergoglio habla así porque la Iglesia pierde fieles en América y otras zonas del mundo. Dice libremente lo que cree. Y lo que cree es rabiosamente humano y actual. Su mensaje es serio, exigente, y demanda compromiso. Seguirle es difícil. Aceptar que la duda es un terreno en el que nace la inteligencia; aceptar que sólo se puede hablar de la pobreza si antes la has conocido; creer que la Iglesia es un hospital de campaña que cura heridas y salva vidas sin preguntar a los enfermos qué son o qué han hecho; santificar las fronteras y huir de los laboratorios. Ese es el mensaje. Su afirmación de que nunca fue de derechas viene después de reconocer que en su juventud fue autoritario y prepotente y eso le hizo parecer ultraconservador. A estas alturas ser de derechas o de izquierdas sólo me parece un juego de palabras. Hablemos de ser sinceros, ser comprensivos, ser tolerantes, ser pacíficos, ser humildes. Dejemos para los mítines los terrenos de la derecha y la izquierda, tan inciertos, tan poco reconocibles hoy. Seis horas de entrevista no pueden concentrarse en un titular sobre la ubicación política del Papa, pero eso es lo que ocurre. Y eso es lo que da pie a que ayer escuchara en una tertulia que era la primera vez que un Papa habla de la misericordia. Hombre, no, eso no. No hay peor situación que aquella que acomodamos a nuestro interés al margen de lo que la realidad marca. Si, es cierto, se agradece que el Papa afirme que es inaceptable la injerencia espiritual en la vida personal. Tan inaceptable como la injerencia de aquellos que pretenden entender su mensaje con la fuerza inane de un titular. N EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA LOS MARGINADOS DE RUBALCABA A un joven sin vocación para el estudio no hay que tenerlo rascándose la barriga en un instituto o en una universidad E SCUCHO a Rubalcaba decir que la reforma impulsada por Wert empujará a muchos jóvenes a la marginación, al impedirles concluir la educación secundaria. Tales milongas demagógicas las escucho justo después de ver un documental en una televisión alemana, en el que se denuncian las condiciones oprobiosas infrahumanas, en realidad en las que sobreviven un puñado de trabajadores contratados por la sucursal alemana de Amazon. Algunos de los trabajadores entrevistados eran españoles; uno de ellos, en concreto, una licenciada en Historia del Arte que vivía hacinada en una pensión infame, al estilo de los esclavos en un ergástulo. Aquella mujer, con estudios superiores, sí era una verdadera marginada. La gente que no completa la educación secundaria no se convierte en gente marginada, Rubalcaba. Más probabilidades de caer en la marginación tiene la gente a la que se engatusa con milongas demagógicas, haciéndole creer que evitará dicha marginación por prolongar sus estudios. Lo que se precisa, Rubalcaba, no es prolongar de forma absurda los estudios, sino asegurar la dignidad del trabajo, de tal modo que quien sólo haya cursado la educación primaria pueda desempeñarse laboralmente en condiciones de justicia, respaldadas por leyes que impidan la contratación fraudulenta, los sueldos míseros, el despido a mansalva y las condicio- nes de trabajo oprobiosas. Y la realidad, Rubalcaba, es que el partido que diriges no ha hecho sino empeorar las condiciones laborales de los trabajadores españoles desde que ha rascado poder; primero, durante la etapa felipista, impulsando alegremente la desindustrialización del país y desmantelando la legislación garantista del franquismo; después, en la etapa zapaterista, impulsando reformas laborales al dictado de la plutocracia internacional; y, en una y otra ocasión, creando desempleo a porrillo. Y, paralelamente, dejando la educación hecha unos zorros, favoreciendo que gente sin vocación por el estudio prolongara su permanencia en las aulas, para obtener diplomas y títulos académicos que ahora sólo les sirven para limpiarse el culo. Y que, cuando la angustia los corroe, han de marcharse a Alemania, para ocuparse en trabajos abyectos, en corporaciones que actúan... no al margen de la ley, Rubalcaba, sino al amparo de leyes inicuas que han aprobado los burócratas de Bruselas, o los parlamentos nacionales, infestados de demagogos como tú, que después de haber arrojado al foso de los leones a los trabajadores pretendéis posar ahora como sus paladines. A un joven sin vocación para el estudio no hay que tenerlo rascándose la barriga en un instituto o en una universidad, para que luego termine siendo explotado en cualquier trabajo inmundo. A un joven sin vocación por el estudio hay que estimularlo en sus destrezas personales y en su pundonor, para que sea un buen labrador, un buen camarero, un buen dependiente o un buen fontanero; hay que contribuir a su formación y garantizar su promoción mediante leyes inspiradas por la justicia social, para que ese joven ame el trabajo salido de sus manos, favoreciendo las condiciones que le permitan establecerse, prosperar en su oficio y formar una familia. Y, desde luego, hay que dejar de llenarle la cabeza de milongas demagógicas, Rubalcaba. Pero yo sé bien por qué queréis llenarle la cabeza de tales milongas: para que el día de mañana, cuando después de haber prolongado inútilmente su estancia en las aulas ese joven se tropiece con la dura realidad, se convierta en un marginado, rezumante de resentimiento. Porque entonces, Rubalcaba, sólo entonces, conseguiréis que ese joven os vote.