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ABC MARTES, 3 DE SEPTIEMBRE DE 2013 abc. es AGENDA 53 NECROLÓGICAS MANUEL ANDRÉS GONZÁLEZ (1930- 2013) CON MUCHAS TABLAS E Manuel Andrés González nació en Valencia en 1930 y murió el 1 de septiembre de 2013, en su ciudad natal. Actor, debutó en el Teatro Serrano participando en el montaje de la obra Seis personajes en busca de un autor de Luigi Pirandello. Su última etapa profesional se centró en televisión, en el papel de Julián Pastor, en la popular serie La que se avecina RA un hombre de teatro, un actor de memoria. De aquellos tiempos en que las compañías llevaban varias obras en repertorio y había que aprenderse varios papeles a la vez. Debutó en 1955 en el Teatro Serrano participando en el montaje de la obra Seis personajes en busca de un autor de Luigi Pirandello. Ese mismo año, ya en Madrid, interpretaba Rosas de otoño de Jacinto Benavente, junto a Irene López Heredia. Precisamente sobre los escenarios fue donde forjó casi toda su carrera artística, tanto en España como en Latinoamérica. Su participación en la exitosa serie Aquí no hay quien viva a lo largo de 2006 y La que se avecina hasta 2008 le dio, en su última etapa, la popularidad entre el gran público. Sabía lo valioso de permanecer en el recuerdo del espectador y lo difícil que es conseguirlo cuando no se ocupan papeles protagonistas. Sabía, también, que quien ama verdaderamente el teatro lo hace a fondo y sin distinciones, y que eso incluye el anecdotario de gentes que ya no están y de obras que nunca más serán vistas. Entre sus representaciones más notables pueden mencionarse El zoo de cristal (1957) de Tennessee Williams; Medea (1958) de Euripides con Nuria Espert y Milagros Leal, entre otros; Camino real (1958) de Tennessee Williams; Doña Endrina (1960) La viuda valenciana (1960) y El anzuelo de Fenisa (1961) ambas de Lope de Vega; Don Gil de las calzas verdes (1968) de Tirso de Molina; Cita los sábados (1969) de Jaime Salom; Salsa picante (1971) de Joyce Rayburn; Mi amiga la gorda (1974) de Charles Lawrence; Una modelo para un desnudo (1977) de Claude Magnier; Sé infiel y no mires con quién (1977) de Ray Cooney; Las doce en punto (1980) de Arniches; Federica de Bramante (1981) de Jorge Llopis y Tono; Anacleto se divorcia (1981) de Pedro Muñoz Seca y El chalet de madame Renard (1984) de Miguel Mihura. Son solo algunos de los espectáculos en los que participó, porque su vida teatral fue muy prolífera. También degustó otros palos como la televisión, el cine o los cortometrajes. Series como Los Serrano Aquí no hay quien viva y La que se avecina hasta 2008, año en el que se retiró de las cámaras, fueron el epílogo a una carrera televisiva que comenzó en los platós de TVE en 1964, durante las grabaciones de Estudio 1 En los años ochenta, series como Ramón y Cajal o Anillos de Oro contaron con este profesional que vio con asombro cómo una y otra vez se cometían los mismos errores por personas de generaciones distintas que acaso ni se conocían; de un sabio que sabía que el buen humor era el mejor antídoto no sólo contra el aburrimiento, sino también contra la estupidez. El personaje de Julián en Aquí no hay quien viva le sirvió como renacimiento después de algunos años caído en el olvido: fue una retirada con buen sabor de boca asegura la que fue su representante desde 2004, Berta Saiz, de Hollywood Management. Tras la temporada de 2008, el actor optó por regresar a Valencia y enseguida pasó a vivir en la residencia de ancianos, donde, acompañado por sus tres sobrinos, la única familia que conservaba, falleció el domingo. Inmortalizó sus vivencias y peripecias profesionales en el libro de memorias Te lo cuento y no te miento (2005) donde relata sus andanzas sobre las tablas desde que debutara. Un libro basado en sus propias anécdotas, usando en ocasiones un punto de malicia necesaria, pero grata, para divertirse sin ser cruel ni dañino. ROCÍO CARRIÓN ISIDRO SÁNCHEZ GARCÍA- FIGUERAS (1936- 2013) HISTÓRICO LATERAL DE BETIS Y REAL MADRID J Isidro Sánchez García- Figueras nació en Jerez de la Frontera el 17 de diciembre de 1936 y murió en Sevilla el 2 de septiembre de 2013. Fue compañero de figuras de la talla de Puskas, Gento, Di Stéfano o del Sol erezano de nacimiento como doña Carmen Flores, hermanísima de Lola Flores y artistaza ella misma, con la que se casó en 1959, Isidro Sánchez García- Figueras, Isidro en las alineaciones de la historia, llegó al Betis a finales de los años cincuenta. Era el Betis de Luis del Sol y de don Benito Villamarín, el equipo que regresando del pozo de la tercera, donde penó por años, había forjado la leyenda del manque pierda que como todas las leyendas, incluso esa, se consigue ganando alguna vez. Isidro formó parte de la alineación que venció al Sevilla en la inauguración del Sánchez Pizjuán, que es la alineación archipuñetera del beticismo, pues dejó las trece barras como una marca indeleble en el cemento fresco del estadio rival. Fichó después por el Real Madrid. Allí, a principios de los sesenta, ganó Cuatro ligas y una Copa del Rey. Era ese Madrid de transición en el que se estaba yendo Di Stéfano y empezaban a moverse eléctricos y espasmódicos los ye- yés de Amancio. En la competición nacional los trofeos le caían al Madrid como cenizas del puro de Don Santiago Bernabéu. De haber aguantado un año más en Chamartín, sin embargo, Isidro habría ganado la Sexta Copa de Europa, la copa que levantó Sanchis padre, otro fundador de saga. Porque de Isidro y doña Carmen Flo- res es hijo el actual entrenador, Quique Sánchez Flores, lateral que tanto tiempo subió y bajó la banda derecha del Valencia con elegancia y finura. A Quique le llamaban Faraonito con cariño en Mestalla y de algún modo, siendo hijo de futbolista y artista, heredó la posición del padre enriqueciéndola con una sutileza y una clase de otro sitio. Puede que se trate del primer carrilero moderno. Feliz proyección filial: si el padre llegó a la sub- 21, Quique consiguió ponerse la camiseta de la absoluta. Futbolista bueno y padre de futbolista mejor, terminó su carrera en el Sabadell, equipo con el que se mantendría seis años más en Primera División. En sus últimos años era propietario de un bar en Sevilla. Compañero de Puskas, de Gento, Di Stéfano o del Sol, Isidro forma parte de la historia clásica del fútbol, la de los presidentes que dieron nombre a los estadios. Ayer, otro presidente digno de dar nombre a infraestructuras (digno y capaz de hacerlas) le recordó con cariño. Se presentaba Gareth Bale y Florentino Pérez, con ese aire sacerdotal que a veces adopta, pidió ovación y recuerdo para él. Los más jóvenes elevaron aplausos al cielo del Bernabéu. Entre sus equipos y los equipos de su hijo, este domingo habrá brazaletes negros en muchos campos de España.