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ABC MARTES, 3 DE SEPTIEMBRE DE 2013 abc. es internacional INTERNACIONAL 29 equilibrio entre confesiones está una vez más al límite y los últimos coches bomba en un barrio chií de Beirut y en Trípoli, bastión suní al norte del país, han sembrado el pánico entre una población que se asoma al abismo de su enésima guerra. brazo de Al Qaida en este país, han aumentado sus acciones y reclaman la separación de Bagdad de provincias como Al Ambar, donde su secta es mayoritaria. Comienza en Turquía el juicio por el golpe de 1997 Comparecen 103 acusados por la asonada que mandó a Erdogán a la cárcel DANIEL IRIARTE CORRESPONSAL EN ESTAMBUL Riad, Qatar y Turquía Las dos potencias principales del Golfo y Turquía, todos ellos de confesión suní, respaldan la apuesta por la intervención armada de Estados Unidos y desde el comienzo intervienen activamente financiando y armando a grupos de la oposición. Las diferencias entre Arabia Saudí, Qatar y Turquía, partidarios estos dos últimos de los Hermanos Musulmanes, respecto al golpe militar en Egipto quedan en segundo plano cuando lo que está en juego es arrebatar el poder de Damasco a los alauíes, secta derivada del chiísmo a la que pertenece Bashar al Assad. De su mano han llegado grupos que han reclutado a yihadistas de Irak, Afganistán, Pakistán o el Cáucaso para tomar parte en lo que los clérigos más radicales denominan yihad, guerra santa. Irak Tampoco respalda el ataque militar y, aunque apoyó la resolución de la Liga Árabe, objetó algunos de sus puntos. Diez años después de la invasión liderada por Estados Unidos las cifras actuales de muertos a causa de la violencia no se registraban desde abril de 2008. La herida interna abierta entre las dos sectas del Islam ha devuelto al país a las puertas de la guerra sectaria según el Ministerio del Interior iraquí, y Bagdad mira a Damasco con preocupación. La caída de Sadam dio el poder a la mayoría chií, aliada de Irán y Siria, que se enfrenta al enfado de los suníes que acusan a las nuevas autoridades de discriminación y siguen el ejemplo revolucionario sirio. Algunos grupos radicales como el Estado Islámico de Irak, El Palacio de Justicia de Ankara amaneció ayer rodeado por barreras policiales y un intenso dispositivo de seguridad, para la primera sesión de un juicio que el gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Recep Tayyip Erdogan considera crucial para el futuro político de Turquía: el proceso contra los responsables del golpe de estado de 1997, en el que sus antecesores políticos, el Partido del Bienestar de Necmettin Erbakan, fueron sacados del poder por las fuerzas armadas. La asonada es conocida en Turquía como el golpe posmoderno porque se hizo sin derramamiento de sangre. Al ejército le bastó con publicar un memorándum mostrando su rechazo al gobierno islamista de Erbakan (y con sacar los tanques a la calle en un barrio de Ankara) para hacer caer a aquel ejecutivo. El general Çevik Bir, miembro del Estado Mayor y uno de los máximos artífices del golpe, definió este paso como un reajuste del equilibrio hacia la democracia Los imputados fueron llevados al tribunal en medio de severas medidas de protección, y se produjeron momentos de tensión entre las familias de los acusados y las fuerzas de seguridad. En el juicio comparecen 103 acusados, la mayoría antiguos oficiales del ejército. Sin embargo, el principal imputado, el general retirado Ismail Hakki Karadayi, por aquel entonces jefe del Estado Mayor, de 81 años de edad, no asistió a la sesión debido a su mala salud. Por este motivo, el juicio comenzó, ayer, con su lugarteniente de la época, el general Bir. También comparecen como acusados el diputado ultranacionalista Engin Alan, del Partido del Movimiento Nacional (MHP) y el antiguo jefe del Alto Consejo Educativo, Kemal Gürüz. El Partido del Bienestar fue ilegalizado y el propio Erdogan, por aquella época alcalde de Estambul, fue encarcelado.