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ABC MARTES, 3 DE SEPTIEMBRE DE 2013 abc. es ENFOQUE 5 RAFA ALBARRAN Don Felipe, con Madrid 2020 La voluntad de ganar JESÚS LILLO Además de echar una mano en lo que fuera menester y hacer bulto, los voluntarios olímpicos sirvieron, desde lo de Barcelona 92, cuando nos enteramos de su existencia, para rehabilitar una figura social que hasta entonces no estaba del todo bien vista: voluntario era en la escuela y en la mili el que levantaba la mano cada vez que tenía oportunidad de lucirse, y voluntario era el que, ya entrado en años, se esforzaba en figurar con servicios a la comunidad con más pompa que chicha. Por su afán de hacerse notar y destacar sobre el resto, los voluntarios solían pasar, paradójicamente, por insolidarios. Así fue, más o menos, hasta lo de Barcelona. Anónimos y numerados, los voluntarios olímpicos de Madrid, 60.000 llevábamos el domingo pasado con Íker Casillas, no solo expresan con cifras el apoyo popular a las sedes que aspiran a organizar unos Juegos, sino que, por pura etimología, representan la voluntad de un pueblo para alcanzar una meta, más fuerte cuantos más obstáculos y vallas en forma de frustraciones y rechazos, aquí cada cuatro años le ponen por delante. Don Felipe llega a Buenos Aires como voluntario para convencer al COI. Tiene tablas diplomáticas y recursos suficientes, pero, por encima de todo, capacidad para encarnar con veracidad la voluntad, cualidad más honda que la voluntariedad, de la sociedad española de llegar hasta el final, de levantarse y ponerse a correr por su calle sin mirar a los lados. La prueba de fondo de Madrid 2020 puede acabar o no con victoria, eso es lo de menos, pero el fenómeno que desde hace más de una década y con el Príncipe de Asturias a la cabeza representan los voluntarios olímpicos es, en sí mismo, la mejor manifestación de la competitividad lo importante no es participar, sino remontar y ganar de una España que no se achanta. Voluntad, casi tanta como aguante, parece que todavía nos queda. Don Felipe, tras su llegada ayer a Buenos Aires, junto a Ana Botella