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72 ABCdelVERANO CULTURA SÁBADO, 17 DE AGOSTO DE 2013 abc. es estilo ABC A la venta grabaciones inéditas de Joy Division halladas en un basurero También se encuentran cintas de Psychedelic Furs, New Order y The Durruti Column LECTURAS DE VERANO ANA MELLADO LONDRES Vida y milagros de una colección de figuras japonesas MANUEL DE LA FUENTE MADRID Los netsukes son una genialidad de la cultura japonesa. Son obras de arte basadas en hechos cotidianos que apenas miden y pesan lo que una cajita de cerillas. Una colección de esos netsukes (casi trescientos) van a parar a un miembro del clan de los Ephrussi, una familia judía de origen ruso que ha hecho fortuna comerciando con el trigo ucraniano y que disputan a los Rothschild la supremacía económica de su gente. A través del viaje que esos netsukes realizan en manos de distintos miembros y distintas generaciones de los Ephrussi viajamos también a través de la historia de Europa y Japón entre 1850 y los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Aprendemos lo que es el japonesismo, que fue el interés de los intelectuales europeos por la cultura nipona, entre ellos los principales pintores impresionistas. Conocemos el París de finales del siglo XIX, con Marcel Proust entre los principales invitados, la Viena de principios de siglo, la Gran Guerra, el terrorífico ascenso del nazismo que se ceba de la peor manera con los Ephrussi, y la vuelta al viejo Cipango, arrasado por las bombas norteamericanas, de los netsukes. Y todo nos lo cuenta no un escritor profesional, sino un gran ceramista llamado Edmund de Waal, último descendiente de los Ephrussi y poseedor hoy de la colección de netsukes. El hecho de que el autor no sea un profesional de la literatura le confiere a este libro sus mayores encantos: su naturalidad, su sencillez, su ternura. La manera en tratar a estas figuritas japonesas como ángeles caídos del cielo sobre los encantos y las miserias de la Europa contemporánea. Título: La liebre con ojos de ámbar Autor: Edmund de Waal Editorial: Acantilado. Traducción: Marcelo Cohen Precio: 26 Pág. 368 Una colección de cintas con material descartado y grabaciones raras del grupo de punk Joy Division acaba de ser puesto a la venta después de que su propietaria, Julia Adamson, una empleada de los desaparecidos estudios Strawberry de Manchester, los rescatara de la basura hace veinte años. Entre los hallazgos, según Adamson, figuran grabaciones de sesiones de ensayo de 1979 nunca escuchadas de las que la formación de Manchester decidió prescindir, cuando el grupo preparaba su álbum Unknown Pleasures Además de encontrar material inédito de la formación de culto precursora del post- punk, también halló cintas de otras bandas como New Order, Magazine, The Durruti Column o The Psychedelic Furs. Adamson reveló en su cuenta de Facebook que en primer lugar decidió ofrecerles las cintas a los miembros de los grupos que habían participado en su grabación, pero ante la falta de interés por parte de sus compositores decidió poner el material en venta. Cualquier destino parecía mejor para esas cintas inéditas que un gran vertedero donde el personal de los estudios de grabación a punto de echar el cierre arrojaba decenas de cajas de material inédito de varios artistas, a comienzos de la década de los 90. Lo tiraban todo en basureros. Se deshacían de todo y era algo que nos destrozaba comenta Adamson, quien junto a su marido, el también ingeniero de sonido Chris Nagle, rescató gra- baciones producidas por Martin Hannett, quien trabajó para Joy Division entre otras formaciones de Manchester. Joy Division evolucionó de sus influencias punk iniciales, para posteriormente perfilar un sonido y un estilo que pasaría a llamarse post- punk, que dio lugar a todo un movimiento musical al que también se adhirieron bandas como Siouxsie The Banshees y The Cure. Estos grupos no solo presentaban un sonido siniestro, sino que sus letras estaban obsesionadas con la desesperación y la muerte, productos de la epilepsia que padecía el vocalista de Joy Division, Ian Curtis. En mayo de 1980, en la víspera de la primera gira de la banda por Estados Unidos, Curtis se suicidó ahorcándose en su cocina y los miembros restantes de la banda, Bernard Sumner (guitarra y teclados) Peter Hook (bajo y coros) y Stephen Morris (batería y percusión) formaron New Order. Joy Division, a finales de los setenta EFE FESTIVAL DE MÉRIDA Eurípides vs. Aristófanes JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Las animadversiones feroces entre escritores son tan frecuentes como antiguas. Hasta los clásicos, tan serios en sus pedestales marmóreos, se daban codazos y se ponían a parir unos a otros. Un ejemplo: Aristófanes (444- 385 a. C. el genial tocapelotas de la comedia griega, se las tuvo tiesas con Sócrates (470- 399 a. C. y Eurípides (480- 406 a. C. a los que zurró la badana en algunas de sus obras. Al último lo mortificó en Las ranas Las asambleístas y Las Tesmofo- rias en la que lo convierte en un personaje aterrado porque las atenienses pretenden castigarlo hartas de que las trate mal en su tragedias: locas, ninfomaníacas, asesinas, filicidas... Ese pugilato entre Aristófanes y Eurípides queda bien patente en la versión de Las Tesmoforias preparada por Juan Copete, que, con dramaturgia y dirección de Esteve Ferrer, se estrenó con gran éxito el miércoles en el Festival de Mérida. Las Tesmoforias eran una celebración reservada a las mujeres y dedicada a celebrar la fertilidad, por lo que estaban consagradas a la diosa Démeter, la Ceres en la mitología latina, que, mira por dónde, es la deidad que preside el escenario del teatro romano emeritense. El Eurípides cincelado por Aristófanes convence a su suegro, Mnesíloco, para que, depilado y vestido con galas femeninas, acuda a las Tesmoforias a defenderlo. Todo ello da pie a divertidas peripecias subidas de tono, a la declamación de fragmentos de Hécuba Fedra Medea a coreografías y canciones, a la utilización de un par de équidos en escena y hasta a un careo entre el trágico y el cómico salido del caletre de Copete; todo, adobado con salsa metateatral y una clara tendencia a lo procaz arrevistado que gustó mucho al público que llenaba el teatro romano.