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48 DEPORTES LUNES, 12 DE AGOSTO DE 2013 abc. es deportes ABC Bolt también vuela la lluvia El jamaicano recuperó la corona mundial de los 100 metros a pesar del mal tiempo, que le alejó del récord del mundo ca jamás lo que debe medir un velocista y que no tiene parangón. Aun así, la retórica no puede hacer olvidar que ayer en Moscú, efectivamente, se celebró una competición. En el ecuador de los cien metros, Bolt apenas se alineaba con Justin Gatlin, su rival más fiero en el estadio Luzhniki. Es en los últimos cincuenta donde el Relámpago Bolt impacta sobre el tartán. A plena potencia, empieza a coger metros y a limar centésimas al reloj. Ayer lo paró en 9.77, su mejor marca personal de una temporada que, después de volver a ser rey olímpico en Londres, no había sido fácil para él. Hace sólo dos meses que el mismo Gatlin le había derrotado en Roma, la quinta vez que alguien le batía en el hectómetro en toda su carrera deportiva, y la marca registrada, 9.95, estaba muy lejos de sus habituales. Una vez ganado todo lo ganable y batido lo batible, y en varias ocasiones, ¿se había acabado el hambre de Usain Bolt? Ayer pudimos comprobar que no. Los 9.77 segundos de ayer están lejos de los 9.58 históricos de Berlín, hace dos Mundiales, y de los 9.63 de Londres, pero entre la lluvia, las circunstancias de la temporada y la falta de rivales se justifica el descenso. Su marca ni siquiera fue la mejor de la temporada, en posesión de Gay (9.75) antes de dar positivo, aunque en pista seca. Sin embargo, Bolt dio el mismo espectáculo de siempre bajo los nubarrones del estadio olímpico moscovita: dos décimas no le van a enemistar con ningún espectador. Además de Gatlin, Nesta Carter consiguió una plaza entre los tres velocistas más rápidos del planeta. CarDAVID VILARES Cuando la megafonía del estadio Luzhniki presentó a Usain Bolt ayer antes de la final de los cien metros lisos, sucedió una cosa habitual y una inesperada. Lo habitual fue la reacción enloquecida de las gradas; lo inesperado, que Bolt, en su show de todas las previas a las finales, esta vez hizo como que abría un paraguas, lo extendía y lo sujetaba sobre su cabeza. La lluvia apareció en Moscú en el momento señalado, en los segundos que deciden quién es el hombre más rápido de la Tierra, una pregunta que hace cinco años que tiene la misma respuesta. Usain Bolt, el atleta que llena horas de televisión con poco más de nueve segundos, es otra vez campeón del mundo. Bolt salió lento, como de costumbre. Siempre le cuesta poner sus 195 centímetros a máxima velocidad, pero, cuando los arranca, millones de ojos se quedan prendados. Es una relación tan inevitable como la lluvia. O como sus victorias. Salió lento pero salió; en el último Mundial, en Daegu, el ansia por limar tiempos le descalificó de los 100 metros lisos. Sólo un desastre comparable podía haber evitado la sexta corona del jamaicano como campeón del mundo. Siempre es difícil imaginarse a Bolt en una posición que no sea la primera, pero en la carrera de ayer lo era más que nunca: Tyson Gay y Asafa Powell, sancionados por dopaje; Yohann Blake, lesionado. ter es jamaicano, como Bolt, como Kemar BaileyCole cuarto y como Nickel Ashmeade quinto La isla caribeña ha producido cuatro de los cinco primeros en la final de ayer, sin contar con Asafa Powell y Yohan Blake. Jamaica, cuatro de cinco Junto a sus compatriotas, Bolt cerrará el Mundial en el 4 x 100, un día después de la final de los 200 metros lisos. Si añade estos dos oros al de ayer y es, con mucha diferencia, el escenario más probable tendrá tantos en la historia de los Mundiales de atletismo como Carl Lewis, el hijo del viento un apelativo que se le queda muy corto a su sucesor jamaicano. La gigantesca figura de Bolt lo sepulta todo: a sus rivales, a las leyendas que llegaron antes y a las que vendrán después. Su show en el Luzhniki, que ya forma parte de sus conquistas, empezó ayer y nunca se olvidará. Nunca un relámpago fue tan duradero. Un mundo aparte Su velocidad, su imagen, el espectáculo que se genera alrededor de su figura, todo le separa de todo lo que le rodea. Sus marcas le hacen incomparable a cualquiera de sus rivales, pero también el impacto que genera sobre el mundo. A veces pierde hasta el sentido hablar de que Bolt compite en los cien metros lisos. Su carrera va paralela a la de sus rivales: no se tocan. Es un fenómeno que rompe esquemas nadie se cuestionará nun-