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64 ABCdelVERANO CULTURA GASTRONOMÍA MARTES, 6 DE AGOSTO DE 2013 abc. es estilo ABC El genio prematuro de Hitchcock La restauración del primer filme del maestro revela el temprano origen de sus dotes ELENA JORRETO MADRID LECTURAS DE VERANO El primer caso del comisario Maigret SERGI DORIA BARCELONA Decía John Simenon, con motivo de la publicación de las obras de su padre, Georges Simenon, que el creador de Maigret, nunca consiguió liberarse de su personaje, pese a ser un prolífico escritor, capaz de transitar otras ficciones: lo demuestra una obra de ciento noventa títulos, con notables novelas como El gato y La casa del canal recuperadas por Acantilado. Pero hablemos del comisario Maigret... Debuta en 1930 con Pietr, el Letón un estafador buscado por todas las policías europeas al que Maigret aguarda en la estación el Norte de París... Mientras indaga sobre el escurridizo Pietr, el comisario recibe la noticia de que en uno de los vagones del ferrocarril donde viajó el Letón ha aparecido un cadáver que es el vivo retrato del delincuente... Pietr, el Letón es el primero de los más de setenta casos que Simenon planteará hasta 1972 a su comisario de la 1 Brigada Móvil... El autor belga retrata por primera vez a su criatura literaria. Quai des Orfèvres. Maigret acaba de cumplir los cuarenta y cinco años; toma su pipa y una petaca que contiene un polvo parduzco. El subinspector Torrence, una copia apenas reducida de Maigret le alarga un paquete de picadura empezado. Hubo un silencio. El tabaco chisporroteó... En su sitio favorito ante la estufa, el comisario cavila. Leer a Simenon es aprenderlo todo sobre los mecanismos de la intriga y el arte de fumar en pipa. La de Maigret emitía un gorgoteo tan fastidioso que el comisario extrajo de un cajón un manojo de plumas de pollo, limpió el tubo y abrió la estufa, donde lanzó las plumas sucias... Con Simenon pasa como con los bombones belgas: no puedes comer sólo uno. Este verano puede ser el inicio de una larga amistad. De las obsesiones cinematográficas de Alfred Hitchcock, el movimiento de cámaras es la principal. Mantiene el foco en los cuerpos en movimiento con instinto coreográfico, para mostrarnos la pasión y la naturaleza frágil de la cordura. Así lo desvela la página web del diario norteamericano The Washington Post Según la publicación, en una reciente restauración del primer filme de Hitchcock, The Pleasure Garden (El jardín de la alegría) que filmó en 1925, con 26 años podemos ver los orígenes de esa fascinación. The Pleasure Garden es una historia de avaricia, traición y asesinato protagonizada por dos jóvenes coristas. Mientras una se convierte en una estrella, la otra permanece en el anonimato porque muestra menos sus piernas al bailar. Su amistad se enfría cuando Jill, la estrella, se enamora de un príncipe y abandona a su novio, mientras la ingenua Patsy se casa con un conspirador sin escrúpulos. La acción avanza entre Londres, y Dakar, donde Patsy batalla para salvar su vida. Maestro del suspense incluso en los albores de su carrera, Hitchcock plasma la camaradería, el glamour y escalofriantes escenas de los clubes londinenses. Todo ello sin desviar la trama, marcada por una profunda heroína. Lo que cualquier corista sabe reza uno de los intertítulos, previo a la imagen de una bailarina lavando a mano sus mallas. Sorprende su lenguje no verbal, la precisión de los gestos aislados, propios de un espectáculo de danza. Hitchcock pone a sus actores en movimiento con una fuerza simple, directa y emotiva. Como en la huida de Cary Grant en Con la muerte en los talones La cinta de The Pleasure Garden fue restaurada durante tres años por el British Film Institute National Archive, junto a otras ocho películas mudas del maestro. Producidos entre 1925 y 1929, los filmes han sufrido daños fruto de los cambios de temperatura experimentados durante años. Ahora, limpios y reconstruidos, los nueve se embarcarán en una gira internacional. Fotograma de The pleasure garden el primer film de Alfred Hitchcock ABC EL PLATO DEL DÍA El filete de Radetzky En Año Nuevo, la marcha Radetzky cierra el concierto de Viena. Él adaptó al gusto austríaco la milanesa CRISTINO ÁLVAREZ Título: Pietr, el Letón Autor: George Simenon Editorial: Acantilado Traducción: J. R. Monreal Precio: 17 Pág. 448 Este Radetzky a quien ha hecho inmortal Johann Strauss (padre) alcanzó la gloria, ya octogenario, en la batalla de Novara, en 1849, con Francisco José en el trono de Viena; pero puede que parte de su popularidad esté relacionada con la adaptación a Viena de la cotteleta alla milanese, preparación de la que hay datos ya en el siglo XII. En Viena se convirtió en el Wienerschnitzel. Y hoy, una milanesa (un filete empanado) es lo primero que se le ocurre a cualquiera que no sabe qué pedir. Pero ahora gustan las milanesas finísimas y grandes, las llamadas orecchia d elefante. Y no era así en principio: eran chuletas, con su grueso normal. Como debe ser: debe haber más carne que envoltorio, y una milanesa muy fina es, sobre todo, rebozado. Prueben a cortar la carne un poco más gruesa: la cosa cambia completamente. A mejor. Hay muchas posibilidades de variar lo que, en principio, sería un simple filete envuelto en pan rallado. Para empezar, elegir, como sugerimos, un filete de grosor apreciable; hay quien usa incluso solomillo; otra opción es apelar al lomo de cerdo, en filetes que usted mismo adobará a su gusto en casa: se trata de darles sabor. Luego, déle alegría al rebozado: no sólo harina, huevo y pan (han de usarse por orden alfabético) sino algún fruto seco molido, desde almendras a pistachos... Deje sus milanesas de un bello color dorado y de una agradable textura exterior crujiente, e innove la guarnición: ¿qué tal una ensalada de calabacín crudo en tiras (ha de ser joven, sin pepitas) aliñadas con lima, aceite virgen y, en vez de sal, lascas de buen parmesano? Y, al lado, en verano, unos pimientos de Padrón.