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64 SOCIEDAD VIERNES, 26 DE JULIO DE 2013 abc. es sociedad ABC Los pobres de la favela conmueven al Papa Los humildes vecinos de Varginha colman de regalos al Pontífice, que clama contra las desigualdades del mundo y la cultura del egoísmo JUAN VICENTE BOO ENVIADO ESPECIAL A RÍO DE JANEIRO C on el gesto humilde de entrar en una favela, el Papa Francisco puso ayer a las autoridades y a los creyentes de todo el planeta ante su propia responsabilidad: ¡No se puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo! Había entrado en la favela de Varginha bajo una lluvia fría e incómoda, y bajo la protección de millares de policías, incluidos tiradores de elite en algunos tejados, y vigilancia continua desde varios helicópteros. Hasta hace varios meses, ese territorio estaba controlado por narcotraficantes violentos, cuyo desalojo requirió una gigantesca operación militar y policial seguida por la prensa de medio mundo. Es hermoso estar con ustedes fue el saludo del Papa a los 1.200 vecinos, que habían limpiado y adornado la mísera barriada para darle una bienvenida calurosa y exuberante. Aunque en Buenos Aires visitaba regularmente las villas miseria el Papa estaba conmovido por un cariño tan arrollador como los torrentes tropicales que a veces le llevan por delante casas y personas en estas barriadas, sin que las autoridades ni siquiera estudien el problema según denunció en su discurso de bienvenida uno de los vecinos, Rangler dos Santos Irineu, voluntario en la parroquia junto con su esposa Joana. Pero lo que más había conmovido a Francisco era el cariño. Una persona le ponía una guirnalda de flores al cuello, otra le entregaba una bufanda de su equipo favorito, el San Lorenzo de Almagro de Buenos Aires, que enseñó sonriendo... En total recibió casi un centenar de pequeños regalos, sencillos y enternecedores. El mayordomo, Sandrone intentaba protegerle de la lluvia pertinaz con un gran paraguas blanco, pero no era fácil, pues el Papa se movía de un lado a otro para saludar, abrazar y besar a cientos de vecinos, niños, jóvenes y ancianos, de todos los aspectos y vestimentas, a quienes tampoco importaba la lluvia. Después de tocarle, algunos se quedaban llorando. En su camino hacia la sencilla explanada donde Jairzinho una leyenda de la nacional brasileña campeona mundial en 1970- -viene cada semana a en- trenar a los chiquillos, el Papa entró en una pequeña casa amarilla para saludar a una familia con la que pasó largo rato. Poco después, en su discurso en el campo de fútbol, dijo que le gustaría poder visitar todos los barrios de esta nación y llamar a cada puerta para pedir un vaso de agua fresca, tomar un cafezinho y charlar como amigo de casa Como no podía ir a todas partes, elegí esta comunidad, que hoy representa a todos los barrios de Brasil ¡Qué hermosos es ser recibido con amor, con generosidad, con alegría! Su portugués era bueno. La sintonía con los vecinos, perfecta. El Papa afirmó que cuando acogemos a una persona y compartimos con ella algo de comer, un puesto en nuestra casa o nuestro tiempo, no nos hacemos más pobres Antes solo salíamos en los sucesos Casi siempre la visita del Papa sirve de altavoz a los problemas y las injusticias. Ayer y ante la mirada del mundo entero, Rangler y Joana, un matrimonio de la favela Varginha comentaron ante el Santo Padre la desatención que sufrían por parte del poder público hasta que se conoció la noticia de la visita del Papa Francisco. Rangler contó al Santo Padre el milagro de las últimas semanas: asfaltado de pavimento, iluminación de las calles, recogidas regular de los contenedores de basura, etc. para prepararle una acogida digna. El joven que logró estudiar en la Universidad también comentó que esta visita coloca a la favela en los medios nacionales e internacionales cuando lo normal es que aparezcan en las columnas policiales y de tragedias, de sucesos ya sea por los enfrentamientos armados o por las inundaciones que les afectan en días de fuertes lluvias. sino que nos enriquecemos Incluso cuando se tiene poco, como dice el proverbio brasileño, siempre se puede añadir más agua a la fabada Se lo confirmaron con un gran aplauso. En su discurso pidió a los poderes públicos y a las personas de buena voluntad mayor atención a esta gente, pues nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo Su mensaje fue que nuestras sociedades no las salvará la cultura del egoísmo sino la cultura de la solidaridad Refiriéndose a las gigantescas operaciones militares y policiales de limpieza de narcotraficantes y criminales en las favelas, el Papa advirtió que ningún esfuerzo de pacificación será duradero si una sociedad ignora, margina y abandona en la periferia una parte de sí misma. En cambio, cuando se es capaz de compartir llega la verdadera riqueza: todo lo que se comp parte se multiplica Era un planteamiento contracultural en las sociedades de consumo y egoísmo que proliferan en todos los continentes. En un lado del campo de futbol, una gigantesca fotografía de Monseñor Óscar Romero recordaba a un héroe y mártir de la justicia. El arzobispo fue asesinado por los militares salvadoreños de un disparo de francotirador el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la misa. Actualmente está en proceso de beatificación. Pilares fundamentales El Papa invitó a los vecinos de Varginha y al mundo a promover el bien común reforzando los pilares fundamentales que sostienen a una nación: la vida, que es un don de Dios; la familia, fundamentada en la convivencia y remedio contra la desintegración social; la educación integral; la salud; y la seguridad, en la convicción de que la violencia sólo se puede vencer partiendo del cambio del corazón humano Al final se dirigió especialmente a los jóvenes: Ustedes tienen una sensibilidad especial ante la injusticia, pero a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en lugar de buscar el bien común persiguen su propio interés Les invitó a que no se desanimen, no pierdan la confianza, no dejen que se apague la esperanza. Sean los primeros en tratar de hacer el bien, en no habituarse al mal, sino vencerlo Era un mensaje para los jóvenes, pero servía para todos. Al final le regalaron una camiseta amarilla de recuerdo de la visita, que enseñó sonriendo con orgullo. El Papa estaba feliz. Y los vecinos todavía más. Los vecinos adornaron la favela Homenaje al Papa de los pobres