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36 PRIMER PLANO Tragedia en Santiago VIERNES, 26 DE JULIO DE 2013 abc. es ABC Angustiosa espera de los familiares Dieciocho horas de espera y setenta familias rotas. Así fueron los minutos en los que la esperanza sostuvo 80 vidas La noche en que no amaneció P. ALCALÁ C. PICHEL P. ABET SANTIAGO an ajenos al granito santiagués fueron las sirenas superpuestas, los helicópteros, el caos de tráfico, las prisas y la tensión; como el bronco silencio en que un 25 de julio, probablemente por primera vez en su historia, quedó sumida la capital de Galicia. Por las calles inusualmente desiertas circulaban apenas los faros de uno o dos coches. El centro estaba vacío, solo un bullicio silencioso, ordenado, disciplinado, seco y triste se sentía en las unidades de donación de los hospitales. Pero eso fue más tarde, sobre las 2 de la madrugada. En esos hospitales, solo unas horas antes, empezaban a entrar a cuentagotas los heridos. Ambulancias que resonaban por todas y cada una de las calles que unen travesía entre Angrois y el Hospital Clínico Universitario de Santiago, todos los hospitales. Verde, amarillo y rojo. Leves, graves, críticos. Así iban marcando las prioridades, controlando lo incontrolable en los hospitales. Tuve suerte, fui verde, me llevaron automáticamente al PAC explicaba ayer una pasajera, que vivió el fatal suceso en el vagón cinco, uno de los más accidentados. Mi amiga no ha tenido tanta suerte, sigue dentro Los familiares iban a los hospitales. Y de allí, sin certezas, al edificio habilitado para poder ir dándoles información. Y en el Cersia volvió el silencio. Extraño. Iban llegando poco a poco de uno y otro lado. Tú tranquilo, Antonio, conduce tranquilo que ya verás que todo irá bien. Yo te informo. Pasas Orense y... Era solo la una de la madrugada. Ruido de autoridades entre un desconcertado silencio. T dor. Una y otra escena nos llevan a las cinco. No hay informes nuevos. Siguen llegando familiares, se repiten los llantos. Nos despertaremos en un rato y todo será una pesadilla quiere creer un joven con la cara desencajada. Se sonríen tímidamente, se miran, se quejan. En las vías todavía se levantan cadáveres. Un vagón oculta nuevos cuerpos. La información no debería llegar, pero llega. Y el juez sabe que debe informar, pero tampoco debe errar. Solo son las 7. Aún las 7. A las nue- Caos y ruido Verde, amarillo y rojo. Leves, graves, críticos. Así marcaban prioridades, controlaban lo incontrolable en los hospitales Desesperación Llegaron las dos. Le sucedieron las tres. No hay nuevas listas, el cansancio es devastador El final, 80 finales Ha muerto son las dos y el golpe pone fin a una noche eterna en Santiago ve habrá nuevo balance, pero ya muchos creen que... Aunque siguen sin querer creer. Los periodistas, los que se fueron, vuelven. ¡Dejad de hacer fotos, respetadme! Los nervios están quebrados. El cansancio quiere vencer a la angustia. En la lucha se sabe quién está perdiendo. Llueve. Hacía casi un mes que no lo hacía. Llueve. Es de día, pero no lo parece. Una nueva información termina por deshacer el silencio. Solo hay tres vivos entre los no identificados. 67 de las 70 familias que allí permanecen recibirán el golpe al que se resisten. Jacobo está muerto. Ha muerto Jacobo no es una mujer joven ni un varón adulto. Jacobo no responde al perfil de los que aun están vivos aunque inconscientes. No todos quieren hacer la regla de tres. Se niegan. No se van. Un último ejercicio de esperanza ilumina algunas voces. La raya a la derecha, 32 de calzado, pantalón verde... Describen con entusiasmo a sus seres queridos, porque es la primera vez que les preguntan. Y si fueran ellos, y si no es verdad que han muerto. Al filo de las dos, psicólogos, asistentes, enfermeros comunican, uno por uno, durante el tiempo que cada caso requiera, que han muerto. Dieciséis horas de angustia; para siempre sin ellos. Uno a uno. Jacobo, David, Josefa, Carmen, Cristóbal, Stephen... Se hace de noche en Santiago, nunca fue de día ayer. La última lista Luego llegaron las dos. Le sucedieron las tres. Y solo unos pocos lloraron la angustia transformada en milagro. Era la última lista que se facilitaría esa noche. Santiago seguía vacío, inmóvil, sigiloso y asustado. La angustia se traducía en taquicardias, en ataques de ansiedad y desmayos. Las cuatro. Las cuatro y cuarto. Cada minuto iba rompiendo esperanzas. Viajaba con sus padres, tenía síndrome de Down. No están en las listas La abuela es ahora un herido más, se le ha roto el corazón con la espera. Los tres están vivos. Pero ella no lo sabe. El cansancio y la incertidumbre empiezan a romper los silencios. Qué no estoy loca, joder. No necesito un psicólogo. No estoy loca Es desgarra- Los ciudadanos se apresuraron de forma masiva a donar sangre MIGUEL MUÑIZ