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14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA VIERNES, 26 DE JULIO DE 2013 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND RESPONSABLES Cabe temer que el vuelo de Bárcenas y el fracaso ferroviario de Santiago tengan un final idéntico, como suele ocurrir por estos pagos ICE Ignacio Camacho, que como todo el mundo sabe es un marchenero fino, capaz de ver en la oscuridad de la política, que la principal dificultad para el PP reside en que casi todos sus dirigentes ignoran hasta dónde alcanza el problema tras los veinte años que Bárcenas ha pasado a sus anchas entre manejos turbios Aunque se queda corto en la calificación de los manejos, esa es la nuez del problema, su esencia operativa. ¿Es posible que un partido, dizque democrático, carezca de las auditorías externas que manda la Ley y del ojo vigilante que, primero, a José María Aznar y, después, a Mariano Rajoy, les correspondieran por cargo, responsabilidad y sentido organizativo? En lo que discrepo de mi admirado Camacho es que esto del PP, su situación, no se parece a La dama de Shangai que era una película mala y con pretensiones. Con todos los respetos, yo veo lo que pasa como una nueva versión de Atraco a las tres, algo sin mayores pretensiones narrativas, sencillito y para hacer reír. En la película de José María Forqué no hay juicio, ni busca de ninguna responsabilidad y en La dama de Shangai luce toda la pedantería de Orson Welles, atenuada por la fuerza felina de Rita Hayworth. En serio: ¿Es responsable un partido, o cualquier otra formación, en el que se manejan millones de euros y el gerente dispone de autoridad para trasladarlos, repartirlos y, por lo que vemos, escamotearlos? Menos mal que el día uno del mes próximo Rajoy se caerá de un guindo, el suyo particular, y nos dará cuenta y razón de lo que pasa En esas estábamos, en la acostumbrada miseria cotidiana, cuando quiso la mala fortuna que un tren Alvia, a la entrada de Santiago de Compostela, en el arranque de las celebraciones con que Galicia celebra a su Apóstol, descarriló y se llevó por delante la vida de unas cuantas docenas de personas. ¿Será que la degradación de la vida pública va más allá de los pícaros ejemplos, como el que protagoniza Bárcenas, y hay que poner en cuestión las infraestructuras que tanto se cacarearon? Cabe temer que el vuelo de Bárcenas y el fracaso ferroviario de Santiago tengan un final idéntico, como suele ocurrir por estos pagos. El extesorero y exgerente del PP, a quien nadie ha querido vigilar en este tiempo y que llegó a la superchería de ser senador por Cantabria, se esconderá en la paz de lo privado. Veinte años después es muy difícil la prueba de cualquier delito y, en el tren, todo se volverán explicaciones capaces de anular las responsabilidades técnicas y políticas que acompañan al caso. Pero que conste, ni Bárcenas disminuye su culpa por la actitud invigilante de quienes debieran unir la responsabilidad a sus cargos, ni el Alvia de Santiago estaba predeterminado al descarrilamiento por una fuerza cósmica. D MONTECASSINO HERMANN RAJOY EN LEIPZIG El Gobierno de la mayoría absoluta del PP es hoy la única esperanza de estabilidad y prosperidad para España IEMPRE ha sido la historia la mejor escuela para la conducta de los hombres. Y aunque todos somos muy conscientes de que nuestro presidente de Gobierno que no es precisamente un ratón de biblioteca, sí se le puede recomendar algún episodio histórico de cara a su cita del próximo 1 de agosto. Hay uno muy célebre. Que en su día tuvo aun más repercusión mediática que esta comparecencia de Mariano Rajoy. Su protagonista también se jugaba más. Salió airoso del lance. Y dio una humillante lección a sus enemigos. Partamos del hecho poco discutible de que Rajoy nunca se ha jugado tanto en una sola jugada parlamentaria. En una suerte de intervenciones- -una inicial, muchas de respuesta, una final- de la que muchos se prometen su definitivo debilitamiento y pronta dimisión pero otros su resurgimiento y plena consolidación. Sus partidarios creen que será posible su plena recuperación para una segunda mitad de legislatura, con crecientes expectativas de hechos y evoluciones amables. Una parte se reúne para exigir su decapitación política. Los otros para sacarlo a hombros, triunfador y beneficiario de los frutos que, en los próximos años, han de dar los duros esfuerzos hechos, el inmenso desgaste habido. Todo dependerá de él. Si actúa como un político que acude al parlamento obligado, arrastrado y acobardado, con ansias de justificarse, estará metiendo el segundo pie en su fosa política. El día 1 verá Rajoy mejor que nunca que sus adversarios le S han perdido el respeto. Y que quieren que ese día, definitivamente, se lo pierda toda España. Pero hay otras opciones. Ha habido grandes hombres en peores circunstancias. Uno de ellos fue Georgi Dimitrov, comunista búlgaro que tuvo la mala suerte de estar en Alemania cuando Hitler incendió el Reichstag en Berlín en febrero de 1933. Éste acababa de llegar al poder y aun necesitaba un pretexto para la persecución de la izquierda. Fueron acusados del incendio un pobre diablo, el joven comunista holandés, Marinius Van der Lubbe que gimoteaba que era inocente y fue el único declarado culpable y decapitado- Dimitrov y un par de comunistas búlgaros. Memorable proceso. Se abrió el 21 de septiembre de 1933. Hitler los quería guillotinados a todos. En prisión, Dimitrov, germanoparlante, aprendió leyes y jurisprudencia alemanas. Con su autodefensa, ante casi un centenar de corresponsales extranjeros, convirtió el juicio en un proceso al acusador. Su retórica ridiculizó a los mismísimos Goebbels y Göring, allí presentes. Fue absuelto por falta de pruebas. Porque aun quedaban restos del Estado de Derecho, cierto. Pero en realidad, porque la convicción personal había triunfado sobre el artificio de la maquinación del proceso. Nadie busque tontos paralelismos inexistentes en posiciones políticas. Que no los hay. Piensen sólo en la actitud personal de Dimitrov. Como él debiera plantearse Rajoy su lance. Primero ha de librarse del lastre de sus muchos errores. Pedir perdón a los españoles, condenar la falta de probidad y transparencia de todos y ofrecer soluciones eficaces. Para tener la espalda libre. Pero después debe arremeter con una causa política ofensiva contra el coro de hipócritas que ha convertido la criminalización del PP en su única política. Coro en el que está casi toda la oposición. Sin una opción alternativa en economía ni en nada que no sea miseria frentepopulista. Capaces de hacer descarrilar la recuperación de España por mezquindades ideológicas y nacionalistas. El Gobierno de la mayoría absoluta del PP es hoy la única esperanza de estabilidad y prosperidad para España. Rajoy tiene la destreza parlamentaria para transmitirlo. Pero sobre todo tiene los argumentos. Armado de política, Rajoy puede ser el triunfal Dimitrov de Leipzig. Si no, acabará, en sentido figurado, hecho un pobre Van der Lubbe.