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ABC JUEVES, 18 DE JULIO DE 2013 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA EL FIN DE LA SIMULACIÓN POR ANDRÉS IBÁÑEZ No es probable que en el futuro haya en nuestra vida más máquinas, y más complicadas. Veo el futuro con árboles, manzanas orgánicas y tranquilidad, práctica de la meditación como medida saludable y coches eléctricos que avanzan lentamente. Las máquinas son como los zombis: quieren que todo el mundo sea como ellas glo XIX no vinieron otros bergantines con mástiles mucho más altos, y después de los inmensos jumbos de los ochenta no vinieron otros jumbos más grandes y más rápidos, y después de las exploraciones lunares de los sesenta y setenta no vinieron otras exploraciones más largas y complicadas. Hay un máximo de altura para un mástil o para el tamaño de un avión. Los trasatlánticos de ahora no son más grandes que antes y, quién sabe por qué, siguen hundiéndose. Las naves espaciales y los astronautas, que a los niños de los sesenta nos parecían el principio de la era espacial, eran, en realidad, el final de la era espacial. Hace algunos años se hablaba del hipertexto como la siguiente revolución de la literatura. El hipertexto permitiría crear textos no lineales por los que el lector podría moverse libremente. El lector sería, así, el creador de su propia historia, y no habría dos lecturas iguales. Era, como siempre, el falso relumbrón de una hojarasca que se lleva el viento. Hoy nadie piensa ya en el hipertexto. Nos cansamos de las cosas al mismo ritmo que aparecen. C REO que los que afirman que estamos sólo al inicio de la Gran Era Tecnológica se equivocan. Estamos, sin duda, en el apogeo de la era tecnológica y virtual, y aquí y allá podemos intuir ya su declive. Naturalmente, los ordenadores y los sistemas de acumulación de información seguirán perfeccionándose durante algún tiempo por simple inercia. Contamos también con el entusiasmo de dos generaciones: la que nació antes de la era digital y ha sido testigo de su aparición y de su implantación espectacular en nuestras vidas, y la que nació después de internet. De las dos, es la primera la más entusiasta y combativa. Todavía cree en el progreso y todavía cree que cualquier cosa nueva que aparece es progreso y todavía cree que la llamada revolución informática es un gran avance y todavía equipara, ay, progreso con progresista La segunda, que ha nacido con móviles y con wifi, acepta la realidad digital como la naturaleza. Hay, al parecer, un límite para la acumulación de información: el calor. El aumento de la capacidad de memoria conlleva un aumento de temperatura que los materiales no soportan. Para lograr ordenadores mucho más rápidos sería necesario tenerlos en cámaras frigoríficas. Allí estarían los hackers del futuro, con guantes de lana, bufandas y gruesos abrigos, como aquel fabricante chino de órganos artificiales de Blade Runner. Pero hay otros límites. Uno de ellos es la sensación de novedad del juguete nuevo. En Los superjuguetes duran todo el verano de Brian Aldiss (origen de la película Inteligencia Artificial el superjuguete en cuestión es un niño artificial que es, en todo, idéntico a un verdadero niño. Sí, hasta un niño de carne y hueso y grandes ojos húmedos cansa cuando sabemos que es, en realidad, un juguete. La famosa revolución informática es una gran Revolución de los Juguetes, y casi todo lo que nos proporciona, de hecho, son juguetes: un ipod, un ipad, una X- box, Photoshop, tumblr, Facebook, son juguetes. Y uno termina por cansarse de los juguetes. Sucede lo mismo con el libro electrónico. Conozco personas que no tienen un gran interés por la lectura pero que sienten una intensa emoción al adquirir un libro electrónico. No es la emoción del lector, sino la emoción del que adquiere un juguete nuevo. Hay algo muy exci- magino la era digital como un fenómeno surgido en los noventa y que explotó definitivamente en las dos primeras décadas del siglo XXI. Imagino a los futuros historiadores lamentándose de los efectos nocivos que tuvo en la educación, en las artes, en las relaciones personales, después de un optimismo inicial que la veía como una nueva utopía. No es probable que en el futuro haya en nuestra vida más máquinas, y más complicadas. Veo el futuro con árboles, manzanas NIETO orgánicas y tranquilidad, práctica de la meditación como medida saludable y coches tante en comprarse una máquina de última eléctricos que avanzan lentamente. Las mágeneración de lo que sea, cafetera, robot, te- quinas son como los zombis: quieren que todo levisión o GPS. Los libros electrónicos no son el mundo sea como ellas. Algo en Occidente, el futuro del libro, sino un juguete. Nos can- desde Pitágoras y Arquitas de Tarento, desea sarán pronto. convertir el alma en máquina: nuestra lucha Siempre creemos que lo que vemos a nues- contra la máquina no es nueva. Pero sabretro alrededor es el principio de algo, pero casi mos vencer. ¿Recuerdan aquel personaje de siempre lo que vemos a nuestro alrededor es Navegando a Bizancio de Yeats, que quería el final de algo, porque lo que vemos no es el salir de la naturaleza y convertirse en un presente, como solemos dar por sentado, sino juguete mecánico, en un pájaro de oro? Pero el pasado. Todo lo que es de rabiosa actuali- salir de la naturaleza no es posible. La máquidad lleva entre cincuenta y veinticinco años na no nos salvará: sólo el árbol puede salvarcreándose. No el último modelo, no la última nos. No florecen los árboles de oro. El avance versión, no esa marca comercial que inunda de la civilización va en dirección contraria al el mercado y de la que todo el mundo habla. del metal. Más civilización no quiere decir más Lo más moderno es siempre, en realidad, muy metal, sino menos. El signo de la nuestra pueantiguo. El primer libro de Haruki Murakami de ser el grafeno, de reciente descubrimiense publicó en 1979. La revolución digital, la to, un metal doscientas veces más duro que el idea de inteligencia artificial y de realidad vir- acero y que genera electricidad al recibir luz tual, tiene su origen en los años cincuenta. El solar. Sus aplicaciones posibles en salud y ecoflorido presente que nos fascina es en reali- logía abren un futuro que sí merece la pena dad el último esplendor de un largo proceso soñar y desear que permanecía invisible a nuestros ojos. Por eso, después de los veloces bergantines del siANDRÉS IBÁÑEZ ES ESCRITOR I