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ABC VIERNES, 5 DE JULIO DE 2013 abc. es internacional INTERNACIONAL 35 CELEBRACIÓN Y PROTESTAS Entre el júbilo y el llanto, un país dividido P. ROSAS EL CAIRO La capital egipcia se despertó ayer con una extraña sensación de resaca. Como tras la final de un derbi, con ganadores y vencidos, un peligroso cóctel de sentimientos extremos de euforia e indignación. Durante toda la noche, miles de personas celebraron en las calles de El Cairo el golpe militar. Con fuegos artificiales y banderas de Egipto, las bocinas de los coches pusieron la banda sonora a una noche histórica. Pero en otras partes de la ciudad se impuso el silencio y el duelo. Los alrededores de la mezquita de Rabaa el en el barrio de Medinat Naser, donde durante días habían estado concentrados los seguidores de Mursi, y donde ayer seguían apostados, eran la viva imagen de la desolación. Pero no se dan por vencidos. Hoy volverán a salir a las calles a manifestarse para denunciar el derrocamiento del ya exmandatario. La Coalición Nacional para Apoyar la Legitimidad, una alianza formada por unos 40 partidos islamistas, han convocado protestas pacíficas para la jornada de hoy y los Hermanos Musulmanes han instado en su página web a sus seguidores a mostrar moderación y compromiso con la paz le quedaban, porque la democracia es así se lamentaba Arsal. Como este joven, muchos egipcios desconfían sobre quién está realmente detrás del golpe del Ejército, y sospechan que las fuerzas del antiguo régimen, los conocidos en Egipto como fulul son las que realmente han movido los hilos y manipulado a los jóvenes que pedían la caída de Mursi. Egipto es un campo abonado para la rumorología, que estos días cabalga a rienda suelta en el país. Rumorología Tan difícil es convencer a los defensores del expresidente de que no todos los que pedían la salida de Mursi eran fieles a Mubarak, como asegurar a los que han celebrado el golpe de que no todos los islamistas tienen armas y están apoyados por Hamás. Han llegado armas desde Gaza y Libia para armar a los Hermanos Musulmanes, armas más sofisticadas incluso que las de la policía aseguraba, sin margen para la duda y sin pruebas la doctora Nevin Ahmed, que llevaba desde el pasado domingo acudiendo todos los días a Tahrir con su marido y sus hijas. En su barrio, el acomodado distrito de Zamalek, donde al anochecer los cafés se llenan de jóvenes liberales que beben cerveza y fuman shisha, la tradicional pipa de agua, no había espacio para la tristeza. En cuanto Al Sisi inició su discurso, el barrio estalló en vítores y la fiesta se prolongó durante toda la noche. Desde hacía días, banderas de Egipto, carteles con la palabra erhal (vete) y fotografías del presidente tachadas con una cruz roja, adornaban balcones, portales y vehículos. La polarización que vive el país desde hace más de un año se ha visto acentuada, sin duda, tras los últimos acontecimientos. La sensación de vencedores y vencidos se ha impuesto en la sociedad, con el peligro de que sea el ansia de revancha el principal obstáculo que haya que salvar en esta nueva transición. ¿Para qué voy a votar? ¿Quién protege mi voto? ¿Para qué voy a votar la próxima vez? se preguntaba ayr Ibrahim el Arsal, doctor en arte islámico. El joven, padre de dos niños, se mostraba triste y decepcionado. En su barrio, el distrito de Haram, junto a las pirámides de Guiza, el anuncio de los militares despertó sentimientos encontrados. Mientras que algunos salieron a celebrar la caída de Mohamed Mursi, grupos de vecinos se manifestaron por las calles contra el general Al Sisi, jefe de las Fuerzas Armadas. A mí no me gustaba Mursi ni como estaba gestionando las cosas, pero yo quería que continuasen los tres años que Helicópteros del Ejército saludan la celebración del golpe en Tahrir REUTERS