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ABC LUNES, 24 DE JUNIO DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN REBELIÓN EN LAS TAIFAS Cuantos más pesebres más facilidad para acumular voto cautivo y perpetuarse en el poder L AS primeras medidas valientes que toma el Gobierno en cumplimiento de su programa electoral, referidas a la poda de organismos públicos, han desatado la ira de varias comunidades autónomas, incluidas algunas propiedad política del PP. Una prueba irrefutable de que el proyecto de ley alumbrado por la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, aunque tardío e insuficiente, va en la dirección correcta. Si los señores de esos feudos ponen la proa a la reforma de las administraciones públicas, si presumen de declararse insumisos, como ha hecho el de Cataluña, es porque ésta trata de poner coto a un derroche incontrolado que desde la Transición ha duplicado el número de empleados a sueldo del contribuyente (cerca de tres millones) sin que los servicios que el pagano recibe hayan experimentado una mejora equivalente. Falta averiguar ahora si Rajoy tendrá el cuajo suficiente para aguantar el pulso a estos barones levantiscos, recurriendo a la Ley de Estabilidad Presupuestara para ahogar cualquier rebelión cerrando el grifo del dinero. Treinta y siete mil millones de euros pretende ahorrar un plan de racionalización tan impregnado de sentido común que una se pregunta cómo es posible que no se haya aprobado hace años. La respuesta es evidente: Porque a mayor cantidad de en- tidades inútiles, como las agencias autonómicas de meteorología o los defensores del pueblo, las embajadas los observatorios y las empresas de titularidad pública ajenas al control de la Intervención General, mayor posibilidad de pagar favores y colocar a parientes, amigos y militantes sin otro oficio ni beneficio que la sumisión servil al partido. Cuantos más pesebres más facilidad para acumular voto cautivo y perpetuarse en el poder: el anhelo que mueve el quehacer de la mayoría de nuestros gobernantes. Y es que la cuestión no es si el Estado español gasta menos porcentaje del PIB que la media de la UE, como aduce Montoro en un discurso destinado a crujirnos a impuestos sin que protestemos. La cuestión es en qué se gasta lo que nos saca del bolsillo. Y aquí no se invierten esos recursos, la mitad de la riqueza que generamos los trabajadores, en políticas de ayuda a la familia, I+ D o fomento de la industria, sino, en una cuantía muy elevada, en financiar asesores (casi 20.000 sólo en las CCAA) obras faraónicas y entidades de nombres rimbombantes destinadas a colocar adeptos alumbrando a la vez la gloria de los virreyes de taifas. Por citar un ejemplo, en 1995 las autonomías destinaban a personal 19.000 millones de euros y la administración central, 17.600. En 2012, las primeras habían elevado ese capítulo hasta los 70.000 millones y la segunda, lejos de reducirlo, lo había incrementado hasta alcanzar los 23.000. ¡Más madera! A mayor gasto, mayor control del poder y mejores oportunidades para los depredadores de lo público, porque es clara la vinculación entre el auge de la corrupción política y el incremento desmedido de los presupuestos territoriales unido a la multiplicación de organismos autorizados a gastar a manos llenas. Un poquito de aquí, otro de allá, y sumando obras, festejos electorales, ERES y fundaciones sin ánimo de lucro llegamos al saqueo de esta España que agoniza ayuna de metálico o de crédito. Es hora de cumplir lo prometido. Se impone la Austeridad, con mayúscula. Y a quien se niegue a podar su parcela... ni un euro del fondo común. ¡Que cada palo aguante su vela! IGNACIO CAMACHO CARBONO 14 Nervioso al ver que nadie le echa un cable, Bárcenas lleva semanas enviando mensajes de presión sotto voce ARA amasar 47 millones de euros en Suiza, sin ser empresario ni bróker ni dueño de fondos de inversión, Luis Bárcenas tendría que haber robado varias veces el tren de Glasgow, la joyería Winston de París y los diamantes del marajá de Kapurtala. Esa fortuna no la pudo lograr sólo con sisas al PP ni con comisiones de Correa y sus amigotes. Así que, descartados los atracos, sólo quedan dos posibilidades: que tuviese a su nombre un chiringuito financiero, una gestora de dineros evadidos por gente diversa... o que sus cuentas fuesen en realidad un fondo de saco del PP, una caja opaca de mordidas a salvo del fisco español puesta a su nombre para evitar sorpresas. Sobra decir lo inquietante que resulta esta hipótesis para los actuales gestores del partido. Bárcenas tiene que declarar este jueves ante el juez Ruz, y lleva semanas enviando mensajes de presión sotto voce. Muestra en privado papeles con notas de pagos supuestamente comprometedoras para la nomenclatura popular, en especial la del aznarismo, cuya autenticidad certifica a prueba del carbono 14 Está empezando a dar muestras de nerviosismo al ver que nadie le echa los cables que esperaba. Tiene fijación con Gallardón y Cospedal, a los que acusa de tratar de provocar, por mediación suya, una catarsis en el Gobierno y en el partido. Y se desespera ante el quietismo de un Rajoy decidido a aguantar el pulso. Sus amenazas de dar el cante tienen un problema y lo sabe: que por poco carcelero que sea Ruz, un magistrado sin ningún entusiasmo por la prisión preventiva, una declaración explosiva le forzaría a meter al imputado entre rejas. Que es justo lo que el ex tesorero pretende evitar a cualquier precio y lo que ha motivado su hasta ahora gélida estrategia negacionista. Lo que la investigación judicial está dejando cada vez más claro es que el volumen de negocio de Bárcenas lo dibuja como una figura mucho más relevante que una simple pieza de la trama Gürtel. Más bien empieza a parecer lo contrario: que Gürtel podría ser una parte de la trama Bárcenas. Pero ni aun así se explica que el antiguo funcionario de Génova tuviese el poder de adjudicar contratas a cambio de donaciones. No a gran escala. No en la dimensión suficiente para acumular todo el dinero que está aflorando en las comisiones rogatorias. Bárcenas intenta hacer ver que, con verdades o con mentiras, o con medias verdades y medias mentiras, tiene el poder de desatar una gigantesca tormenta política. Pero sus mensajes rebotan contra la piel de rinoceronte de un Rajoy convencido de que, en el peor de los casos, ningún escándalo afectará al actual núcleo dirigente del poder en España. Se aseguró de eso al formar el Gobierno: aunque se declarase un incendio en Génova, las llamas no alcanzarían a Moncloa. Y una vez arrancada la maquinaria judicial, Bárcenas no puede construirse con sus propios papeles un cortafuegos. P JM NIETO Fe de ratas