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DOMINGO 23.6.2013 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 35.607 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Atención al cliente 902 334 555. JESÚS POSADA, presidente del Congreso Españoles Retratos de ÁLVARO YBARRA ZAVALA El hombre sin enemigos Por IGNACIO CAMACHO E N la época de peor reputación de la política preside la Cámara de Diputados un hombre alérgico al conflicto. Afable, conciliador, caballeroso, refractario al ruido y a la furia, Jesús Posada pasó por una presidencia autonómica y dos ministerios como rayo por el cristal, cuando tantos colegas de oficio acostumbran a hacerlo como elefantes en cacharrería. Tiene un sentido del humor reposado y amable, una prudencia estatuaria de hombre del páramo, un sosiego moral y una flema de hidalgo que lo convierten en trasunto castellano del presidente Rajoy, como si éste hubiera querido sentarse por persona interpuesta en el sillón más alto del Congreso. Por estilo, por talante, por personalidad y por vo- cación, es un pacificador nato, un conservador plácido y discreto, un apaciguador parsimonioso, templado y bonancible situado en el vértice de una institución donde rompe como en un acantilado el oleaje borrascoso de la tensión española. En su osamenta de hombre grande y en sus aladares canosos guarda Posada un aire como de prócer antiguo, de esos cuyos retratos cuelgan en los pasillos y antesalas de su despacho de las Cortes. Hijo de alcalde y gobernador civil, lleva una impronta dinástica de servicio de Estado. Su perfil sonriente, benigno, claro, es el de un político de ambiciones tranquilas al que no sólo resulta difícil encontrarle enemigos, sino incluso identificarle adversarios.