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ABC DOMINGO, 23 DE JUNIO DE 2013 abc. es estilo GENTESTILO 117 Las mujeres Le Pen afilan las uñas La irrupción de la nieta del fundador del Frente Nacional irrita a su tía, la actual presidenta JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL EN PARÍS Guerra de mujeres y símbolos sexuales en la cúspide de la extrema derecha francesa, donde Marine Le Pen (44 años) presidenta del Frente Nacional (FN) ha comenzado a sentir celos políticos de su sobrina, Marion Maréchal Le Pen (24 años) apoyada por el patriarca, Jean- Marie Le Pen (85 años) que soporta mal el liderazgo político y audiovisual de su hija. Se trata de un duelo y guerra de posiciones políticas, con muchos flecos de glamour e imagen femenina, temibles armas de ocupación del campo de batalla audiovisual, decisivo, cuando el FN se ha convertido en el partido más votado por los electores franceses y está derrotando al PS y la UMP (derecha moderada) en algunas elecciones locales. Marine Le Pen es la artífice y prime- ra beneficiaria del centrado relativo del partido creado y animado por su padre. La hija de Jean- Marie Le Pen está recogiendo los frutos de su ruptura con los grupúsculos neonazis, en otro tiempo cortejados por su padre, que soporta mal el alejamiento forzoso de las primeras líneas de la guerra política sin cuartel. Desde su ruptura con la madre de Marine, Jean- Marie Le Pen se ha visto forzado a dejar el proscenio de la escena mediática a su hija, divorciada, compañera sentimental de un dirigente de un partido que ambos aspiran a rejuvenecer La irrupción en política de Marion Maréchal Le Pen (hija de una de las hermanas de Marine) comenzó un incipiente cambio generacional. La nieta del presidente fundador del FN es mucho más joven y guapa que su tía. Marion es diputada y se ha convertido en la figura emergente de la extrema derecha francesa. Marine tiene en su mano la sartén del liderazgo y la experiencia. Pero Marion tiene la pegada visual de su cabellera rubia, una silueta JUAN PEDRO QUIÑONERO Símbolos. A Jean Marie Le Pen le encanta fotografiarse con su nieta e irritar así a su hija físicamente mucho más atractiva y un look de chica joven y ambiciosa, cuando su tía sigue vistiendo con la escasa gracia de una señora divorciada que no llega a encontrar el modista ideal para vestir a una presidenta de partido de extrema derecha. Astuto como un zorro plateado, JeanMarie Le Pen juega una partida muy ambigua, concediendo a su nieta los pequeños favores audiovisuales que no engañan a nadie. Al patriarca le encanta fotografiarse y transmitir su bastón de mariscal a una nieta con la que se siente mucho más cómodo, públicamente, que con una hija que lo ha relegado a la condición de florero simbólico Marine no se engaña. El coqueteo político de su padre con Marion se ha convertido en una plataforma ideal para su sobrina, que se deja querer políticamente por su abuelo, paseando su silueta con temible eficacia por los estudio de TV. Detalle glamour que no escapa a su irritada tía Marine.