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78 CULTURA DOMINGO, 23 DE JUNIO DE 2013 abc. es cultura ABC Adiós a Javier Tomeo, el autor imaginario El escritor, que falleció ayer a los 80 años en Barcelona, deja inédita El amante bicolor JUAN ÁNGEL JURISTO MADRID Estaba el mundillo de la farándula de luto con la muerte de James Gandolfini y de Miguel Narros, y se nos viene ahora la de Javier Tomeo, tres personajes entrañables, cada uno a su manera, de una inmensa personalidad y talento. De Javier Tomeo podría decir muchas cosas y como tengo tantas que decir me las dejaré casi todas en el tintero, pero lo que debería destacar en primer lugar es algo que tiene que ver con una premonición: no sabemos en realidad lo que hemos perdido, pues creo que la importancia de Javier Tomeo en la literatura española de los últimos treinta años está todavía por conformarse. Se hará con el tiempo y saldrá de todo este batiburrillo de obras y nombres cierto canon entre ellas El amante bicolor su novela póstuma, que se publicará el próximo año y tengo la seguridad de que entonces caeremos en la cuenta de su enorme talento. Le traté y le traté con cierta asiduidad en avatares un tanto caóticos, pero siempre supe que este hombre irradiaba bondad, diversión, talento y cierto carácter raro que muchos suponen extravagancia, como la que se achaca en cierto modo a Álvaro Pombo, pero que detrás de todo esto se hallaba un conjunto de obras narrativas y dramáticas de enorme importancia. Tomeo es Ramón, es Buñuel, es Goya, es Kafka, es Thomas Bernhard... y espero que no se me olvide ningún nombre de enormes monstruos con los que se le ha comparado en su parecido. Todos ellos son monstruos, es cierto, pero sólo Tomeo es nuestro amado monstruo, por poseer esa cálida humanidad que pocos como la suya he logrado conocer, quizá Julio Cortázar, y poco más. La última vez que me volví a enfrentar con la obra de Tomeo, que sigo desde aquella El castillo de la carta cifrada de 1979, fue con la edición de sus Cuentos Completos que publicó Páginas de Espuma. Esta edición es fundamental, pues se nos da la oportunidad de poseer todos los relatos de Javier Tomeo en un solo volumen, enorme, y con la adición de algunos inéditos o muy difíciles de hallar. Tomeo brilló en el teatro, se le representó con gran éxito en París, Grenoble y Colonia, con Amado monstruo El cazador de leones e Historías mínimas También hizo incursiones brillantes en la novela, pero donde creo que su talento brillaba con especial luminosidad era en el relato, y ello hasta el punto de que bien se puede decir que pocos escritores han pergeñado la esencialidad de lo que debe ser un cuento como Tomeo. Se nace novelista, poeta, dramaturgo o hacedor de relatos, o todo ello a la vez, pero la voz de Tomeo estaba hecha para el aliento justo, intenso, de prolijidades cercanas, como se trata en el relato. Además que sus personajes, que suelen ser casi autistas, se llevan mal con los mundos llenos de palabras de las grandes novelas. Como el topo o muchos de los personajes de su particular bestiario, Tomeo escarbaba en un mundo dado, no quería inventárselo. De ahí que recurriera al imaginario entreverado donde podía existir un gallitigre o un escarabajo en forma de tanque pero con alma de mariquita. Aragonés como Buñuel, con quien se le emparenta, Tomeo estudió Criminología en Barcelona y, de esas pesquisas, le debió entrar la manía de ver al hombre como un insecto, tal Kafka. Al contrario que éste, donde cada letra era una aguja, en Tomeo cada palabra era un don lleno de humor, sarcasmo y melancolía. Sus personajes son animales, tremendos en sus instintos y perfectos en su monstruosidad: entrañables, livianos, verdaderos. Como lo fue este hombre que siempre viajó en trenes. ¿Les parece raro? Javier Tomeo en una imagen reciente EFE Nuestro amado monstruo ANÁLISIS POR MANUEL VILAS Enorme talento En Tomeo cada palabra era un don lleno de humor, sarcasmo y melancolía Bibliografía selecta Narrativa El unicornio (1971) El castillo de la carta cifrada (1979) Amado monstruo (1985) Preparativos de viaje (1991) La mirada de la muñeca hinchable (2003) Los nuevos inquisidores (2004) El cantante de boleros (2005) Teatro Amado monstruo (1989) El cazador de leones (1990) Historias mínimas (1993) El castillo de la carta cifrada (1993) Diálogo en Re menor (1996) Los misterios de la ópera (1999) La agonía de Proserpina (2003) se acaba de morir el escritor español Javier Tomeo. La última vez que lo vi fue en el Festival Eñe de Madrid, en noviembre del año pasado. ¿Qué tal, Vilas, qué haces? Muy bien, Javier. Por aquí, pasando el rato. Haciendo de escritor y eso. Pues como yo. Hay chicas bonitas por aquí. Sí, las hay. Pero parecen lejanas. Muy lejanas, Vilas, sí. Pero da igual. Se estaba comiendo unas croquetas con patatas fritas, la verdad es que con muy poco interés. Me quedé mirando sus croquetas, y él las miró también; las miramos a la vez, como si en ellas hubiera una forma de verdad, que no nos interesaba a ninguno de los dos; una especie de destino final retumbando en la redondez grosera de esas croquetas. Había nacido en Quicena, un pueblo a tres kilómteros de Huesca. Si nunca has estado en Quicena, probablemente nunca acabes de entender la literatura del autor de Amado monstruo, mi novela favorita de Tomeo junto a El cazador de leones. Tomeo era oscense, como yo. No es lo mismo ser oscense que ser de Zaragoza. En la literatura de Tomeo había fantasía lisérgica e imaginación y delirio y se rompía el realis- S mo español. No era mesetario. Tomeo, en su infancia, vio árboles y vio la nieve y vio montañas y vio el Pirineo. Esa es la gran aportación literaria de Javier Tomeo a la literatura española: haber crecido en la posguerra sin haberse convertido en un escritor realista o social, eso es un milagro literario. Yo creo que ese no al realismo ha sido poco estudiado por la crítica, enriquece el discurso de nuestra literatura y la acerca a Latinoamérica, a un César Aira o un Bolaño por ejemplo. Ahora bien, quienes atribuyen a la literatura de Tomeo la influencia de Franz Kafka se equivocan. Y demuestran o que no han leído a Kafka o que no han leído a Tomeo, no sé qué es peor. Primero, Tomeo nunca leyó a Kafka, cosa que el propio Tomeo confesaba en privado, porque Tomeo leía muy poco. Segundo, Tomeo jamás buscó en su literatura una dimensión alegórica emparentada con una exaltación de lo sagrado y lo divino, como hizo el praguense. Tomeo pertenecía a otra tradición. Cuando un escritor muere, la literatura se tambalea, la literatura muestra entonces sus odiosas limitaciones. Cuando un escritor muere, la literatura se convierte en un melancólico reflejo de la grandeza de la vida. La estima de la obra de Tomeo crecerá enormemente con el tiempo. No era un outsider, era un escritor más allá de España, como Goya, como Cervantes, como Buñuel. El futuro es suyo. MANUEL VILAS ES ESCRITOR