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48 INTERNACIONAL La protesta social en Iberoamérica DOMINGO, 23 DE JUNIO DE 2013 abc. es internacional ABC Rousseff no aplaca el descontento y el 75 de los brasileños apoyan las protestas Sus propuestas se ven vagas e inviables, y las marchas se mantienen por todo el país VERÓNICA GOYZUETA CORRESPONSAL EN SAO PAULO Un discurso calculado, superficial, demagógico, que aborda algunas, pero no todas las reivindicaciones de los manifestantes, y cuyas propuestas tienen pocas oportunidades de ir más allá del papel. Así es como han recibido las promesas y planes de la presidenta de Brasil, Dilma Roussef, muchos manifestantes en sus foros en redes sociales, analistas y la oposición. El Movimiento Pase Libre (MPL) organización líder de las protestas, había anunciado el viernes el fin de las protestas, pero volvió a convocarlas después del discurso de Rousseff, que ha tenido un efecto bastante desalentador. Tanto que, veinticuatro horas después de su mensaje, las encuestas reflejaban que el 75 de los ciudadanos apoyan las protestas. Para ayer se habían convocado manifestaciones en las inmediaciones de los partidos disputados en la Copa de Confederaciones, en ambos casos se cerraron con graves disturbios, y en todas las principales capitales del país. En las redes sociales, donde se dirime el debate de la revuelta, los manifestantes llamaron la atención sobre la vaguedad y frialdad con que la presidenta se ha referido a los movimientos sociales con los que quiere dialogar. A Rousseff asímismo se le ha reprochado la falta de énfasis al abordar la represión policial, que contribuyó a inflamar la violencia. Un policía detiene a un manifestante por vandalismo en las protestas celebradas en la ciudad de Recife REUTERS Una reforma imposible Para el politólogo Humberto Dantas, la presidenta se mostró insegura, repetitiva y poco abierta a la calle. Dantas explicó que la promesa de Rousseff de acometer una profunda reforma política es prácticamente imposible de cumplir para las elecciones del próximo año. Todo tendría que estar listo para octubre recuerda, pero tal calendario no parece factible a la vista de las fuertes disensiones existentes entre los congresistas. El cálculo político es evidente escribió en un editorial, Igor Gielow, director del diario O Estado de São Paulo. Dilma buscó una declaración inocua, que cuenta con el enfriamiento de los ánimos para funcionar. Gielow citó una referencia importante, que puede haber pesado en la decisión del equipo de Rousseff a la hora de medir sus palabras. En 1992, cuando Brasil vivió una gran movilización contra el Gobierno, el entonces presidente Fernando Collor de Mello, optó por el en- Sin el deporte rey no habría un planeta preguntando qué le pasa al gigante suramericano, que en los últimos años daba más noticias buenas que malas El fútbol cataliza la cólera social SEBASTIÁN FEST RÍO DE JANEIRO El Maracaná seguía brillando en medio de la noche, pero la noche era cualquier cosa menos brillante. Río de Janeiro se había convertido en un lugar anárquico, con multitudes enardecidas y también atemorizadas, una urbe de vidrios rotos, calles cortadas, oscuras y peligrosas, gases lacrimógenos, heridos y policía por todas partes. La ciudad maravillosa era una trampa, tanto para esa inmensa mayoría de manifestantes que el jueves había salido a gritar pacíficamente sus consignas, como para decenas de miles de automovilistas bloqueados a esas horas. Las 300.000 personas que salieron a la calle en Río en la tarde y noche del jueves no tenían como objetivo ese Maracaná protegido desde la mañana por un ingente despliegue policial para asegurar que el choque entre España y Tahití discurriera sin problemas. Los objetivos eran otros. Pero lo cierto es que el templo del fútbol brasileño encarna a la perfección la paradoja brasileña: si las críticas a los 13.000 millones de dólares de gasto del Gobierno para sacar adelante las infraestructuras necesarias para la Copa Confederaciones y el Mundial de Fútbol tienen hoy una enorme repercusión es gracias a estos torneos. Lo que días atrás se había iniciado como una inorgánica serie de manifestaciones reclamando por el coste del transporte público creció exponencialmente hasta movilizar a más de un millón de personas en todo el país que impugnan cada vez más realidades: el estado de la salud y la educación, así como la corrupción de la clase política, son los principales. Así, el fútbol sigue siendo un hilo invisible que amalgama los diferentes estratos sociales. Porque los brasileños podrán estar enojados con los gastos multimillonarios para el Mundial y los Juegos Olímpicos, podrán gritar su furia contra el Gobierno y los poderosos, pero sin el fútbol no serían quiénes son: sin él no habría todo un planeta preguntándose qué le está pasando a ese gigante suramericano que se había acostumbrando en los últimos años a dar muchas más buenas que malas noticias.