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ABC DOMINGO, 23 DE JUNIO DE 2013 abc. es españa ESPAÑA 43 EL DOLOR DE RUTH el viernes. Ha sido el único día en que la máscara de Bretón ha caído durante unos instantes, al ver aparecer en la Sala a sus ancianos padres. Él, Bartolomé, aún desafiante no voy a costestar a ná Ella, Antonia, con un beso cariñoso a su hijo juzgado, pero encastillada en el mismo silencio de toda la familia. La voz de Bretón, chillona, rozando un punto adolescente de cambio de tono, no ayuda a la cercanía. Raspa como si desafinara al ponerles sonido a palabras que casi nadie cree. José corría a mis brazos cuando salía de la guardería. Le tenía la comida preparada a Ruth y la casa limpia. Teníamos una relación plana, sin altibajos. Yo me considero cariñoso. Me despisté unos segundos y los perdí entre la gente Y esas palabras se caen párrafo a párrafo cuando un testigo tras otro (muchos de ellos amigos del acusado) cuentan lo que veían y oían y describen a un tipo frío, controlador, que gritaba y despreciaba a su mujer sin importarle que otros estuvieran delante. Ya no quería que quedarámos con él porque bordeaba el maltrato a su mujer explicó una testigo. Un hombre que el mismo día que va a presentar a su novia a su pandilla, en una caseta de la feria de Córdoba, la levanta de la silla, se acomoda él y deja a Ruth de pie. Un caballero un padre intachable que no dejaba a su pequeño de dos años acercarse al sofá o que como la vecina ociosa devaneaba con las madres de otros niños a la puerta del colegio y contaba Me vais a joder el frigorífico En las duras jornadas de búsqueda en la finca de Las Quemadillas el acusado no dejó de sorprender a quienes trataban con él. La asepsia policial se veía sacudida una y otra vez ante sus salidas. Cada día todos traían botellas de agua y las metían en el frigorífico. Había que beber de continuo en el sofocante calor del junio cordobés. Me vais a joder el frigorífico de tanto abrirlo estalló un día Bretón. Y sin pensárselo, mientras decenas de personas rastreaban entró en la casa y desenchufó la nevera. Caballero desde el inicio El día que presentó a su pandilla a Ruth, la levantó de una silla, se sentó él y dejó de pie a su novia De acusado a abogado Clavó su mirada en el Jurado al hablar de emociones e impartió lecciones como un abogado sus cuitas con Ruth, que ya lo había abandonado. El Jurado miraba a Bretón, sin pestañear, cuando él apelaba a su lado emocional taladrándolos con sus ojos inquietantes al dibujar a ese padre maravilloso y entregado al que su propia mujer definió como un asesino en potencia Ninguno de los miembros (nueve titulares, dos de reserva) ha perdido detalle durante las sesiones. Se han afanado en tomar notas y observar a quienes declaraban. Solo una de las siete mujeres, la más joven, se quebró momentáneamente cuando Ruth Ortiz, la madre, se echó a llorar al recordar que dos psicólogos y su propia abogada le recomendaron que dejara ir a sus niños con el padre. Acababa de relatar que había empezado a sentir un miedo difuso esos días, no ante una amenaza expuesta, sino ante la amenaza que solo se olfatea y no se comparte por miedo a no ser entendido. La vieja cantinela del maltrato y las cuatro paredes que lo aíslan. La Sala se emocionó con la voz desgarrada de la abuela de Ruth y José, con su evocación de la despedida de los niños y la supuesta amenaza del yerno de que no los vería más. De nuevo, sentada a la espalda de Ruth Ortiz, esa mujer rotunda a la que no le gusta expresar sentimientos en público, según su abogada- confidente, uno recuerda por qué decidió ser periodista. Pocas veces un Tribunal, unos asistentes a juicio, pueden oír y presenciar un ejercicio de contención tan acusado como marco de un relato tan des- garrador, plagado de humillaciones no percibidas y de culpas soterradas. Ruth, obligada a declarar porque ya es la exmujer de Bretón, contó su verdad, traspasada de expresiones interiorizadas en la consulta de los psicólogos, que la han ayudado a que no claudique. Ruth se controló para no llorar; puso coto a la fiscal, a su abogada y al letrado del acusado cuando las preguntas iban más allá de sus palabras ya enunciadas, y el presidente de la Sala la mimó en la medida en que la toga puede calmar a quien lo ha perdido todo. El juicio de las pruebas Al otro lado del estrado no pudimos ver el rostro de Bretón, si su máscara se doblegaba o no. Asegura su abogado que está afectado tras oír a la madre de sus hijos, pero es el único que lo percibió. Ni la letrada de Ruth, empeñada en que el acusado pretendía quemar a su cliente en la hoguera, ni la fiscal ni el secretario judicial percibieron ese quebranto bretoniano. El letrado parece aún a medio gas, en la reserva, a la espera de las testificales de los policías (algunas de las cuales niega) y de las periciales clave que señalan a su cliente como el asesino de sus hijos. El magistrado ya le ha avisado de que no permitirá cuestionar que los huesos son de unos niños y no hay más niños desaparecidos. Los próximos días dibujarán un juicio mucho más profesionalizado, con periciales y expertos. La hora de la verdad; la que cede el paso al laboratorio emocional de esta semana. Ni un solo testigo cree que perdiera a Ruth y José Ninguno de los testigos, amigos de él, de ambos, o del entorno escolar de los niños, cree que Bretón perdiera a sus hijos. Ni su cuñado, José Ortega, que desconfió de él desde la tarde de los hechos en el parque y propuso ir a la finca. Un policía asegura: Si le hubiéramos dado tiempo, quizá se habría desprendido de los huesos de los niños Ruth, una declaración coherente y firme Lleva meses aferrada a poder dar sepultura a los restos de sus hijos. Aún no es posible. Ante el trance de su declaración, muy preparada, dijo a su abogada que soportaría tener cerca al asesino el acusado, como lo llamó en todo momento porque tenía que prevalecer la verdad y ella iba a contar verdad. ABC VALERIO MERINO