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ABC DOMINGO, 23 DE JUNIO DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 19 EL RECUADRO UNA RAYA EL AGUA ANTONIO BURGOS VENGA OBSERVATORIOS Suprimir el Senado y las diputaciones es lo que quiere la gente, harta de pagar impuestos cada vez más altos M UY buenas intenciones, mucha propaganda, muchas ruedas de prensa con los 37.000 millones que (creen ellos) ahorraremos con la reforma de la Administración, pero Rajoy no tiene poder ni para reformar la Administración de Loterías de mi calle, porque esto es Territorio PSOE de la Junta. En La Moncloa pueden decir misa; mientras exista la maraña autonómica de España, no habrá Administración que se reforme a fondo. Las autonomías que no son del PP ya están levantadas de manos. Prontito les van a quitar sus defensores del pueblo, sus cámaras de cuentas, sus observatorios, sus fundaciones, sus consejos consultivos, sus televisiones. Y no sólo porque hay autonomías, como la andaluza, que son de hecho la más dura oposición al Gobierno, ni Rubalcaba ni nada: la Junta. Es que se trata de los privilegios de La Casta, la Casta Política. Al pulpo, ni reñirle. ¿Saben quién ha salido en Andalucía en defensa de la perpetuación de mamelas que cuestan tela como el Defensor del Pueblo o la Cámara de Cuentas? Pues Ana María Corredera. ¿Y saben quién es? Pues la vicesecretaria de Organización del PP andaluz. Que ha dicho que su partido ni se plantea suprimir en Andalucía esos pozos de tirar el dinero porque están en el Estatuto de Autonomía y los ha defendido y los defiende ¡Toma ya, Rajoy! Todo esto me recuerda una vieja copla de bandoleros, puesta por el pueblo en boca del Tempranillo, que citaba José Antonio Gómez Marín en su libro Bandolerismo, santidad y otros temas españoles El Rey mandará en el llano, que en la sierra mando yo. Rajoy manda en el llano del BOE. Pero en la sierra de la silva de las autonomías manda menos que el cabo de los municipales de Santiponce. Y todo, quizá, por no dar un ejemplo que, claro, para la Casta Política es pegarse un tiro en el pie: suprimir el Senado y las diputaciones que es lo que quiere la gente, harta de pagar impuestos cada vez más altos. ¿Qué han suprimido? Cuatro chorradas: el Consorcio Solar Decathlon, el Canal de Experiencias Hidrodinámicas del Pardo, la Fundación Iberoamericana para el Fomento de la Cultura y Ciencias del Mar, o el Consejo de la Juventud de España, que tenía un tufillo a Falanges Juveniles de Franco que tiraba de espaldas. ¡Si no son capaces ni de suprimir sus propios observatorios! ¿Saben qué hacen para suprimir el Observatorio de la Mujer, el Observatorio de Salud y Cambio Climático y el Observatorio para la Prevención del Tabaquismo? Aguanten la risa: crean otro observatorio, un supermegaobservatorio, el Observatorio Común del Sistema Nacional de Salud, que ni ZP mejora el nombrecito en plan movilidad de la sostenibilidad. ¿Tanto hay que observar, maestro? Así, claro, la Junta de Andalucía dice que los observatorios los va a suprimir su padre, que tienen ahí a muchas criaturas colocadas con el carné en la boca, y que hay 36 observatorios imprescindibles ¡Naturalmente! ¿Qué va a ser de nosotros los andaluces sin esos observatorios? Menos mal que estos señores velan por nosotros para que Rajoy no nos deje sin el imprescindible Observatorio del Flamenco, sin el imprescindible Observatorio de la Movilidad, sin el imprescindible Observatorio de Relaciones Humanas en el Sector Turístico de Andalucía o sin el imprescindible Observatorio para la Convivencia Escolar. Y otros, no menos imprescindibles, como el Observatorio Turístico del Interior de Andalucía. ¿Quién va a observar turísticamente el interior de Andalucía, si le hacemos caso al insensato de Rajoy, que quiere que lo abandonemos a su suerte, sin nadie que esté al liquindoi ni le eche una miraíta? ¡Aquí no se suprime nada! Ah, y de paso, hombre, a ver si crean otro Observatorio imprescindible: el Observatorio de la burrada que tenemos que pagar antes el día 30 de IRPF y de IBI, para que estos señores puedan seguir tirando el dinero. Cifras tan astronómicas que requieren un Observatorio. Astronómico, claro. IGNACIO CAMACHO LAS BUENAS IDEAS El Gobierno ha acertado al fin en la comunicación de un proyecto. Quizá porque es más fácil comunicar la buena política OR una vez, y ojalá sirva de precedente, el Gobierno ha hecho un ejercicio impecable de comunicación política. Tan bueno que corre el riesgo de que la opinión pública crea que la reforma de la Administración es un proyecto al alcance inmediato y no un complejo proceso que implica el improbable consenso de partidos y autonomías. Pero el informe que audita la inaceptable redundancia del aparato burocrático ha sido presentado, por fin, con una estrategia medida y acertada. La aparición inicial de Rajoy ante un auditorio selectivo, la filtración parcial de contenidos y detalles y la posterior comparecencia de la vicepresidenta para presentar un tocho adecuadamente extractado en internet constituyen una secuencia razonable y eficaz que realza, en vez de oscurecer como de costumbre, una buena idea. Quizá sea éste el secreto: que es más fácil comunicar la buena política que la mala. Y este plan lo es. Conecta con un sentimiento generalizado entre los ciudadanos acerca de la ineficiencia y el despilfarro de una burocracia sobredimensionada. Propone soluciones viables y razonadas con memorias económicas de ahorro. Apuesta por las tecnologías de la comunicación apara simplificar procedimientos. Elude tocar la médula de los servicios públicos esenciales y esquiva propuestas maximalistas- -como la supresión de municipios o diputaciones- -difíciles de llevar a efecto. Se mueve en una ambición sensata de adelgazar estructuras superpuestas y, esto es muy importante, se trata de un estudio elaborado por competentes funcionarios públicos previa consulta a numerosas instituciones y empresas. Si acaso ofrece un reparo genérico, conceptual: no cuestiona a fondo el magma improductivo de los aparatos territoriales y parte de una cierta defensa conservadora del stau quo que parece propia de una socialdemocracia de derechas. Aun así será difícil que obtenga la anuencia de la socialdemocracia propiamente dicha. El esfuerzo del presidente y sus colaboradores por defender el peso del Estado frente al mito de su hipercefalia es un guiño que la izquierda no va a aceptar porque su escala de sector público es radicalmente mayor. Y el proyecto topará también con resistencias clientelares del nacionalismo y del propio Partido Popular. Aquí es donde Rajoy se juega la credibilidad del esfuerzo: como mínimo tiene que ser capaz de lograr que sus dirigentes autonómicos apliquen a fondo la voluntad reduccionista y ganen la batalla de la ejemplaridad. El éxito de este desafío reformista reside en la creación de un clima de opinión pública que arrastre a los partidos e instituciones a emprender el harakiri de sus privilegios. Pero el primer paso, al menos, está bien dado. Con coherencia, precisión y acierto. Falta continuarlo con tenacidad, imponerlo en la agenda pública y no dejarlo languidecer con otras prioridades, bandazos, ocurrencias y cambios de criterio. P JM NIETO Fe de ratas