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56 CULTURA JUEVES, 20 DE JUNIO DE 2013 abc. es cultura ABC Hannah Arendt La mujer que no quiso ser filósofa La película que se estrena mañana pone de actualidad a la gran intelectual judía Fue la mujer que reveló la banalidad del mal y que diseccionó el totalitarismo GABRIEL ALBIAC MADRID E n enero de 1924, una joven estudiante judía llega a la Universidad de Marburgo. Viene de una familia acomodada de Königsberg. Tiene dieciocho años. Sus compañeros de curso hablan de su belleza y de su fulgurante talento. Lee con toda corrección en latín y en griego. La pequeña buhardilla en la cual se instala la recién llegada Hannah Arendt pasa muy pronto a ser el lugar que concita todas las tertulias. Apenas desembarcada, pide entrevista con el profesor Rudolf Bultmann, que se dedica al comentario de los clásicos griegos en su seminario. Lejos de pedir la venia para integrarse en él, la joven recién llegada pone condiciones: sólo se unirá al grupo de trabajo de Bultmann, si éste le garantiza que no se hará en él ningún tipo de comentario antisemita A Bultmann debió hacerle gracia la insolencia de la jovencita y le aseguró que ambos saldrían bien de aquella situación Por lo que sabemos de aquellas primeras semanas, la joven Arendt deslumbró casi instantáneamente al Marburgo universitario. La buhardilla que compartía con su doméstico ratón iba muy pronto a ver las furtivas visitas de un personaje muy distinto. Martin Heidegger impera ya en Marburgo. No es todavía el filósofo oficial del nazismo en que se convertirá antes de un decenio. Pero suscita en sus estudiantes algo que va mucho más allá del solo discipulado: un fervor. La joven Arendt ha oído hablar ya en Berlín de aquel fenómeno que auguraba un renacer fontal de la filosofía en torno a aquel profesor brillante y enrevesado. El rumor escribirá años más tarde era muy sencillo: el pensamiento ha cobrado vida otra vez, los tesoros de la formación acerca del pasado, creídos en forma muerta, se convierten de nuevo en palabra viva, poniéndose de manifiesto que dicen cosas totalmente distintas de Una imagen de madurez de Hannah Arendt ABC lo que con desconfianza se había supuesto. Hay un maestro; quizás es posible aprender a pensar... Y, a partir de febrero de 1924, el maestro hace de la buhardilla de la joven judía su segundo hogar. Estrictamente clandestino: es la blindada condición que impone a su amante. Porque la debilidad del maestro es la de ser respetable. El maestro tiene dos hijos y está casado con una tal Elfriede, que siempre irá mucho más lejos que él en entusiasmo hitleriano y en militancia nazi. Y que, a diferencia de él, profesará un antisemitismo fóbico, rayano en el delirio, hasta el final de sus días. El Martin Heidegger treintañero se sabe ya llamado a ser ese maestro de Alemania que resonará en los versos tenebrosos del Paul Celan de Todesfuge la muerte es un maestro de Alemania Ser y tiempo viene de camino. Un día habrá de ser él no duda de su providencial destino rector y espíritu de las universidades de una Alemania abocada al imperio y al crimen. Cualquier publicidad de sus debilidades con una joven judía por talentosa que fuera sería catastrófica para sus aspiraciones. En un vertiginoso bucle de ironía histórica, Elfriede, en el curso de una fiesta univer- sitaria, propone a uno de los estudiantes de Martin Heidegger que acepte el carnet de las juventudes nacionalsocialistas. El joven provocando su consternación le explica que él es judío. Se llama Günther Stern (años más tarde, cambiará su apellido por el de Anders) Y será el primer marido de Hannah Arendt. Arendt dejará caer sobre el matrimonio Heidegger una observación desdeñosa y asesina: Alianza entre Hitos de su pensamiento Sobre la Revolución Sin la Revolución americana, quizá nunca nos hubiéramos dado cuenta de que el problema de un absoluto se presenta inevitablemente en toda revolución