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ABC JUEVES, 20 DE JUNIO DE 2013 abc. es españa ESPAÑA 31 Los testigos de la familia Juicio a José Bretón LA ABUELA, ROTA DE DOLOR 7 de octubre, cuando aún la separación no estaba formalizada. Consulté con mi psicólogo (al que acudió por consejo de su hermano días antes) con una psicóloga del centro de la mujer y con mi abogada. Me recomendaron que los dejara y me dijeron que no me tenía que crear ansiedad separarme de mis hijos. El padre y la madre tienen el mismo derecho explicó Ruth otra vez al borde de las lágrimas. Bretón dijo a su suegra: Es la última vez que los ves C. M. CÓRDOBA Un bofetón al niño Más tarde su abogada admitió que nunca se perdonará haberle dado ese consejo, y explicó a los periodistas que ya no actúa igual cuando una mujer maltratada, con riesgo, acude a ella. Ruth describió a un individuo que no es cariñoso con nadie, al que su familia no se atrevía a llevarle la contraria, que siempre se sentía cargado de razón, déspota y frío, que incluso le ocultó su intento de suicidio y le dijo que le tenía que hacer un monumento en Las Quemadillas para el que ya había comprado el mármol. Un padre que apartó con desprecio a su hija al querer la niña jugar en sus rodillas, días antes de los hechos, o que dio un bofetón al pequeño José porque no quería la papilla. Con ese conocimiento profundo del padre de sus hijos, cuando la Policía la llamó para contarle que los niños habían desaparecido, primero pensó que era una broma y después supo que no los volvería a ver. A las cinco de la madrugada del 8 de noviembre, habló con Bretón y él le dijo: Me ha tocado a mí, qué le vamos a hacer Los siguientes días él incluso le propuso que dieran una rueda de prensa conjunta, y cuando la desesperación caló al no aparecer los pequeños Ruth decidió visitarlo en la cárcel. De allí salió hundida para siempre y con la certeza de que jamás aparecerían Ruth y José. Casi 50 minutos sin parar de llorar con solo leves respiros. Es el dolor de una abuela en toda su crudeza el que ayer palpó la Sala. Obdulia Ramos, madre de Ruth Ortiz, advirtió a su hija de que la separación no iba a ser fácil. El 7 de octubre de 2011 entregó a Bretón tres mochilas con la ropa de sus nietos y se despidió de ellos en la puerta de su casa de Huelva. Ruth y José estaban sentados en sus sillitas y su yerno le dijo: Es la última vez que los ves, es la última vez que vie- cariñosos que eran los pequeños, cómo Ruth quería ser pintora y cómo su hija se había convertido en un zombi que actuaba de manera mecánica, con su personalidad nen Obdulia, que crió a Ruth anulada. desde que la niña tenía tres Obdulia estrujaba duranmeses, se descompuso. te su declaración un peque Buen viaje, tesoros les ño librito en cuya portada dijo a los críos mientras los se podían ver las caras de besaba. La abuela, arrasada, los pequeños, mientras gesexplicó a la Sala episodios ticulaba sin parar. Obdulia Ramos del trato a los niños por Su hijo Estanislao relaparte del padre, que ella sutó a continuación cómo frió y que incluso provocó que deja- Bretón le dijo durante el cumpleaños ra de ver a los pequeños durante tres de Ruth, una semana antes, que él no meses para evitarse ese sufrimiento. se merecía lo que estaba ocurriendo. Lo creo capaz de cualquier cosa, Esto va a acabar muy mal me solsalvo de perder a los niños enfatizó tó tras un encuentro que para mí fue mientras repetía una y otra vez mis un tanto violento En ese momento, niños mis tesoritos y evocaba lo ninguno imaginó lo que tramaba. Fotogalería del juicio contra José Bretón en Córdoba mayarse al oír a Ruth. Mari Mar y su marido, los padres de Sandra Palo, sentados en la Sala en calidad de asociación de víctimas, asentían al conocer mejor que nadie lo que pasaría por la cabeza de Ruth. El magistrado preguntó a Ruth si podía continuar, y ella lo hizo y su vuelta a la serenidad, rota después de forma menos evidente en otros momentos duros de la sesión, también se transmitió a los asistentes. La sala de prensa, habilitada en la planta de abajo y abarrotada de periodistas, contenía el aliento. Todos, salvo José Bretón, impertérrito como el primer día, ajeno salvo para hablar a la oreja de su abogado cuando tuvo ocasión, volvimos a conmovernos cuando Obdulia Ramos, la abuela de los niños, lloró y lloró al desgranar detalles conmovedores sobre los pequeños Ruth y José.