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30 ESPAÑA Juicio a José Bretón Testimonio de la madre de los niños JUEVES, 20 DE JUNIO DE 2013 abc. es españa ABC Ruth Ortiz: Ahora sé que he estado viviendo con un asesino en potencia La madre de los niños relata cómo Bretón la anuló y el miedo que sintió el último mes CRUZ MORCILLO CÓRDOBA ¿Tiene usted alguna duda de que sus hijos están en una caja de cartón en los alrededores de este Juzgado? No, ninguna Este fue uno de los momentos más sobrecogedores de la declaración de Ruth Ortiz, en respuesta a la pregunta formulada por su abogada. Durante casi dos horas, la Sala de Córdoba que juzga a José Bretón por el asesinato de sus hijos, Ruth y José, vio y oyó en silencio respetuoso, casi como en un duelo, a una madre desesperada que sabe que jamás volverá a abrazar a sus pequeños; a una mujer que ha sido humillada y maltratada por el padre de sus hijos, sin ser consciente hasta el final, y que aun así demostró una entereza y una compostura impropias y ejemplares. Su voz se quebró en al menos tres ocasiones y entre lágrimas recordó cómo sus hijos no tuvieron niñez porque Bretón les impedía comportarse como niños cómo el último mes de su relación, cuando ella había dado el paso de separarse porque estaba anulada, triste e infeliz empezó a tener miedo no porque la amenazara, sino porque es muy vengativo cómo nunca tuvo dudas de que el acusado (así se refirió a él en todo momento) no había perdido a los niños. Nunca jamás he contemplado que se le perdieran. Yo no. Quizá otra persona que no supiera nada de él... no discutir. Le gritaba a ella, y también a los niños; no quería ser padre- cuando nos dijo el ginecólogo que íbamos a tener a José, salió cabreado porque era niño y solo se ocupaba de llevarlos y traerlos al colegio. La pareja se deterioró totalmente cuando fueron a vivir a El Portil (en Huelva, cinco meses antes de los hechos) aislados de todos. Con Bretón en paro, al cuidado de los niños y de la casa a ratos, la situación se volvió insostenible. Ruth estaba tan agobiada que pensó en dejar el trabajo. Él estaba empeñado en regresar a Córdoba. No aceptaba que su mujer fuera la que llevara el sueldo a casa. Me despedía en el coche y me decía: Ahí va la mujer trabajadora El acusado llevaba fatal que yo trabajara. La mujer tiene que cuidar a los hijos, ese es su pensamiento Estaban sentenciados Necesitaba separarme físicamente de él. Lo que yo llevaba no se puede calificar de vida aseguró la testigo. El 15 de septiembre le dijo que quería separarse y a partir de ahí se desencadenó el terremoto que acabó costando la vida a los pequeños. La abogada de Ruth, Reposo Carrero, puso al término del juicio palabras a ese fin: Los niños estaban sentenciados desde ese día dijo. Los detalles que Ruth contó ayer (algunos de los cuales corroboraron varios testigos a lo largo de la sesión y constan en la instrucción) revelan que José Bretón no aceptó la separación. Ni bebo ni me drogo, soy un buen marido y un buen padre, ¿por qué me deja? la hija de puta llegó él a preguntar a amigos comunes, tal y como declararon varios de ellos. La fiscal preguntó a Ruth por qué dejó que se marcharan con su padre los niños el maldito fin de semana del Ruth Ortiz llora durante su declaración en el juicio VALERIO MERINO Sin contacto visual Ruth Ortiz, coherente y serena, no eludió ni una sola pregunta ni se perdió en detalles adyacentes. A unos metros de Bretón, que permaneció esposado y oculto tras un biombo por orden del juez, y que tampoco ayer movió un músculo, desgranó el tipo de vida de pareja que tenían y desmontó mes a mes y episodio tras episodio la imagen que el día anterior pretendió vender el acusado de padre y marido ejemplar. Ahora sé que he estado viviendo con un asesino en potencia llegó a decir la madre de los niños al evocar conversaciones en las que él le decía frases como yo no me voy de este mundo sin matar a alguien o no te preocupes, que si yo hago algo no me pillan Ortiz admitió que los comportamientos y las manías de Bretón no eran normales (no podía oír masticar a otros, si alguien tocaba a los niños debía lavarse antes las manos, no se sentaba en autobuses por si había polvo) pero ella llegó a normalizarlos para La peor decisión Dejé que se llevara a los niños porque me lo recomendaron dos psicólogos y mi abogada Están en una caja No tengo dudas de que mis hijos están en una caja de cartón; nunca creí que se le perdieran La Sala quedó enmudecida de duelo al escuchar el desgarrador testimonio de Ruth y de su madre, que no dejó de llorar al hablar de sus tesoritos Las lágrimas del Jurado y la abogada C. MORCILLO CÓRDOBA No es un juicio más. La Audiencia de Córdoba está estos días con los sentimientos desbocados. El propio presidente de la Sección Tercera, Pedro Vela, iniciaba ayer la sesión con el siguiente argumento: Pido máximo respeto. Hoy es un día trascendental, el más trascendental, desde el punto de vista humano A continuación se dirigió a Ruth Ortiz y le dijo: Intentaré hacerle pasar este trance de la mejor forma posible Pero el trance fue inevitable. La madre rota demostró coherencia y serenidad y mantuvo una compostura insólita, pero hubo momentos en que los recuerdos y el dolor la ahoga- ron y la abocaron a la voz entrecortada y las lágrimas. No podía negarme a que se los llevara (en referencia a la última vez que vio a los niños) respondía Ruth a la fiscal entre sollozos. No tardó en recomponerse (probablemente ayudada por un tranquilizante antes de entrar en la Sala) pero sus lágrimas y su voz quebrada se extendieron como un reguero. Una de las siete mujeres miembros del Jurado se echó a llorar en silencio, mientras el resto de esa bancada a duras penas contenía el gesto emocionado; enfrente, la abogada de la acusación, Reposo Carrero, se daba la vuelta en su asiento y se secaba los ojos con un pañuelo de papel durante unos instantes. Un silencio de hielo se apoderó del resto del público, incluidos los periodistas, mientras que otra mujer, amiga de la familia, estuvo a punto de des-