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12 OPINIÓN POSTALES PUEBLA MIÉRCOLES, 5 DE JUNIO DE 2013 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL LOS SERENOS Y LA ONCE Los 75 años de vida de la ONCE son siete décadas y media de éxitos ininterrumpidos y un orgullo para España NA de las personas que más me ayudaron a sentirme cómodo en el Berlín semidestruido de la posguerra fue Karl Neumann, periodista judío, que quiso pagar así que españoles de ambos bandos le salvaran dos veces la vida. Primero, los exilados en el sur de Francia, que le ayudaron a escapar del campo de concentración alemán en que se hallaban. Luego, los policías de frontera en los Pirineos, que en vez de entregarle a los SS que le perseguían, le concedieron asilo. Un hombre pequeño, nervioso, con una mata de pelo blanco y faz sonrosada casi de niño, pasó el resto de la segunda gran guerra en el Madrid del racionamiento, de los sabañones y de las tertulias, llegando a tener un buen conocimiento del mismo. Cuando al finalizar la contienda regresó a Berlín, se encontró con que era el único superviviente de su familia, lo que agrió su carácter y trataba a todos, especialmente a sus compatriotas, con displicencia rayana en lo ofensivo. Para mí, en cambio, reservaba la más exquisita amabilidad, lo que me producía cierto embarazo en los cafés de Ku Damm, lo único alegre en aquel Berlín cercado de tanques soviéticos y tan lleno de espías que se decía sólo les faltaba figurar como tales en el listín de teléfonos. Pero me encantaba escucharle historias del Berlín que tenía 120 periódicos, más de mil revistas, tres óperas y tantas orquestas que ni siquiera la burocracia prusiana había sido capaz de catalogarlas. A él le gustaba rememorar sus años en Madrid, aunque no entendía el empeño en seguir con esos infernales braseros y no instalar estufas como las nuestras, que calientan toda la habitación, pues allí hace tanto frío como aquí En una ocasión le pregunté qué se traería de España. Tras meditarlo, me respondió: Ya que no podría traerme a la gente, me traería a los serenos y el cupón de ciegos Y al ver mi cara de asombro, siguió: Los serenos son la institución más perfecta que se ha creado para las noche. Igual sirven para abrirte la puerta cuando vienes con dos copas de más que para una emergencia sanitaria o de cualquier tipo. ¡Y hay que ver lo que tranquiliza oír en la cama los golpes que dan en la acera con su chuzo! En cuanto al cupón de ciegos, ni a Bismarck, con su seguridad social, ni a ningún socialista, con sus programas, se le ocurrió algo así para un sector ciudadano tan desfavorecido. No sólo les ofrece trabajo, sino también un sueldo, al que contribuye toda la población de buen grado, pues ¿quién no se gasta diez céntimos (lo que costaba entonces un número) en ayudar a una causa justa y, encima, con la oportunidad de ganarse un dinerillo? Algo realmente fantástico Cuando la ONCE cumple 75 años, con una sólida base dentro y fuera de España, he recordado las palabras de Herr Neumann. Seguro que le alegraría ver que no sólo sigue, sino que ha ampliado su actividad. Y que lamentaría, con la pasión que ponía en todo, no poder decir lo mismo de los serenos. U CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC UNA JUEZA Un Estado dentro de otro Estado. Es lo que la instrucción de Alaya nos revela. Los clásicos dicen que eso es el camino de una nación al suicidio MSTERDAM era, por aquel entonces, el lugar más libre de Europa. Quizá del mundo. Pero algo desasosiega a Philipp van Limborch, cuando, en marzo de 1662, escribe a Theodor Grasswinkel acerca del riesgo de ver la facultad de juzgar controlada por comunidades que funcionaran como un Estado dentro del Estado, es más, como un Estado dotado de la capacidad coactiva Una sociedad política que permitiera eso, habría dado el primer paso hacia su suicidio, concluye. ¿Por qué nos admira tanto la investigación del robo de los ERE que instruye la jueza Alaya? En puro formalismo jurídico, nada ha hecho ella que no fuera preservar el frío automatismo del procedimiento. Instruir es ajustarse al eje inconmovible de coordenadas que definen: a) el escrupuloso respeto a las garantías de los investigados y b) el rigor de una investigación, cuyos criterios no pueden jamás ser alterados ni en un átomo por los nombres y apellidos de los posibles infractores. La ley codifica eso milimétricamente, para que ninguna arbitrariedad pueda proyectar el propio magistrado sobre su tarea, que es la tarea esencial de la cual depende la seguridad, no de los específicos perjudicados e infractores; la de todos los ciudadanos. También, de aque- Á llos que jamás se hayan visto ante la sala de un juzgado. Pero Andalucía es, desde hace tres decenios, un Régimen. Populista. Estado con reglas propias, que se alimenta de los presupuestos de otro Estado, España, cuyas leyes deja en suspenso. Un régimen que, de hecho, ha funcionado con la contundencia de apisonadora propia a los sistemas de partido único. Treinta y tres años de monopartido son demasiados como para que el delicado complejo que es la autonomía de poderes funcione plenamente. La prueba es que esos treinta años de poder omnímodo y de corrupción que todos y cada uno conocen no hayan generado respuesta penal apenas. Que el enriquecimiento de los pequeños caudillos que allí mandan haya sido, no sólo enorme, sino además ostentoso: como si robar en masa allí fuera motivo de orgullo. Y que nadie importante en la pirámide del Régimen haya, de verdad, pagado nada por lo hecho. La jueza Alaya ha ejercido ese oficio suyo, sin cuya pureza hablar de democracia es una fea broma, sobre una situación extrema. Sobre un caso que es epítome de la corrupción convertida en normalidad administrativa. En el caso de los ERE se cruzan dos aspectos que cualquier sociedad moderna sabría intolerables. La dimensión del robo, en primer lugar: no será fácil fijar sus cifras, pero da mareos contabilizar lo que hasta hoy sabemos, en medio de un país que vive la mayor súbita ruina de su historia. Y, junto a ese escupitajo en el rostro del ciudadano que dificultosamente llega a final de mes o que ya no llega, la constancia de que tal saqueo ha sido consumado desde las instituciones y por los individuos cuya misión formal era la de representar y proteger a todos. Los políticos, en España, son una vergüenza mayor para el ciudadano honrado. En Andalucía... No hay nombre que no pase por el Código Penal para llamar a esa gente. Un Estado dentro de otro Estado. Es lo que la instrucción de Alaya nos revela. Los clásicos dicen que eso es el camino de una nación al suicidio.