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ABC MARTES, 4 DE JUNIO DE 2013 abc. es cultura CULTURA 47 ¿Quién era Townley? Perfil Michael Townley es estadounidense y, aunque trabajó estrechamente con los organismos represivos de la dictadura de Pinochet, los mismos lo sindican como exagente de la CIA. Antes del derrocamiento de Salvador Allende estuvo involucrado en el grupo de ultraderecha Patria y Libertad que realizó una intensa campaña de sabotajes y terrorismo contra el Gobierno socialista. Ya entonces Townley destacó como un experimentado explosivista. Apenas instalada la dictadura, se integró en los aparatos represivos, aunque no se conoce con exactitud cómo llegó a enrolarse en la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) que dependía directamente de Pinochet, y dirigía con mano de hierro el entonces coronel Manuel Contreras. Townley que siempre se mantuvo como civil participó en los equipos más secretos y exclusivos de la DINA. En su casa en el acomodado barrio de Lo Curro, donde vivía con su esposa, la escritora Mariana Callejas, investigaba y experimentaba con gas sarín, que fue usado en crímenes de prisioneros y otras personas. También fabricó e instaló la bomba que asesinó al general Carlos Prats y su esposa, Sofía Cuthbert, en septiembre de 1974 en Buenos Aires. Lo mismo hizo en Washington dos años después, cuando asesinó al socialista y excanciller Orlando Letelier. Fracasó, sin embargo, en un atentado contra el exvicepresidente de Chile, Bernardo Leigthon, así también como en planificados crímenes contra otros líderes opositores a Pinochet. Las investigaciones en EE. UU. del crimen de Letelier apuntaron rápidamente a la DINA y a Pinochet, al tiempo que identificaron a Townley como el autor directo. A través de un rápido procedimiento de extradición, Townley fue entregado por Pinochet a la justicia de EE. UU. en 1978. Desde entonces vive como testigo protegido, tras reconocer su participación en el crimen de Letelier y su asistente estadounidense Ronnie Muffit y negociar sus condenas. Esta versión de Wozzeck se desarrolla en una nave industrial en la que se ha habilitado una cantina popular EFE El Teatro Real recupera la ópera Wozzeck seis años después de la polémica puesta en escena dirigida por Calixto Bieito La verdad de los hechos WOZZECK Dirección: Alban Berg. Intérpretes: XS. Keenlyside (Wozzeck) J. Villars (Tambor mayor) G. Siegel (Capitán) F. Hawlata (Doctor) N. Michael (Marie) Pequeños Cantores de la Jorcam, Coro y Orq. Tirulares del Teatro Real. Dir. escena: Ch. Marthaler. Dir. musical: S. Cambreling. Lugar: Teatro Real. Fecha: 3- VI. ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE MADRID P obre Wozzeck. ¡Buena persona, sin moral! Alguien que sólo tiene un problema: que huele a sangre, inyectada por muchos otros con consciente regocijo, perversión, alevosía y premeditación. Aberratio mentalis partialis Como si fuera el evangelio las retahílas atraviesan la ópera de Alban Berg de arriba a abajo. Cualquier personaje deja una sentencia en el aire: todo es silencio... como si el mundo hubiera muerto los pobres sudamos hasta cuando dormimos este lugar está maldito Y es verdad. El Teatro Real recupera Wozzeck seis años después de la polémica puesta en escena dirigida por Calixto Bieto y lo hace sobre el espacio algo desgastado de una nave industrial en la que se ha habilitado una cantina po- pular con recreo incluido. Entonces fue mostrar sobre el escenario lo más execrable, las tripas de la tragedia, lo explícito; ahora todo es construir hacia dentro, dibujar personajes abocados a un destino inevitable: por qué no apagará Dios el sol En el estreno de ayer, la puesta en escena de Christoph Marthaler, producción de la Opéra National de Paris estrenada allí en 2008, se recibió con timidez. La razón puede que esté en ese espacio en donde al asesino inocente le falta un punto de evidencia, de intensidad, aun siendo el trabajo teatral de una depuración notable y el apoyo orquestal de calidad evidente. Particularmente, es muy interesante el esfuerzo de fondo en la versión de la Orquesta Titular a partir de la dirección de Sylvain Cambreling, bien ensamblada, solvente, con escenas de gran presencia como pueda ser la invención instrumental que precede al final o el encuentro entre Marie y el Tambor mayor, pero ya es curioso que ni el coro de niños de cierre, ni el silen- Propuesta escénica El movimiento de todos alcanza momentos de virtuosismo, pero el total sabe a poco cio que precede al segundo acto provoquen en cada caso una inquietud suficiente. Así le sucede a esta propuesta escénica en la que el movimiento de todos alcanza momentos de virtuosismo, donde la iluminación marca el tiempo y las vicisitudes con una intención formidable, pero donde el total sabe a poco, frenando la caída al abismo. ¡Pobre Wozzeck! Con todo, se le coge cariño a Simon Keenlyside porque, vía Marthaler, dibuja un personaje verosímil que se iguala con un reparto cuya adecuación vocal parece impropia del Real. En el caso de Keenlyside desde la nobleza, la calidad y un punto de ingenuidad. Su contraria, Nadja Michael, porque plantea una interesante ambivalencia de fondo y consigue hacer del grito algo verdaderamente expresivo a partir de una línea vocal muy cuidada en sus inflexiones. Ambos poseen un color certero que es la virtud que también acompaña a Gerhard Siegel y Franz Hawlata: capitán incisivo, claro, potente y buffo en un caso; doctor con empaque y alcurnia, en el otro. Ellos y los demás, por tanto, en el sitio correcto, con la disposición adecuada... y a solo un paso de revelar lo repugnante de unos hechos abominables. Según se dice aquí eso es tener carácter, la naturaleza es otra cosa