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ABC MARTES, 4 DE JUNIO DE 2013 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA EUROPA, EL EURO, EL MUNDO POR JOSÉ MARÍA CARRASCAL Empiezo a pensar que lo que se hizo mal poco o nada tiene que ver con recortes y estímulos, sino con el euro. El euro hizo creer a los países pobres que eran ricos, y se pusieron a gastar y a endeudarse como si lo fueran. La euforia se mantuvo mientras las cosas fueron bien. Pero cuando la deuda se hizo tan grande que amenazaba hundir el edificio, empezaron las dificultades cisión de sus propios asuntos y con un Londres sin ser el centro financiero de esta parte del mundo. Les seguirán otros, sobre todo los que están sufriendo los mayores efectos de la crisis, sin recibir los beneficios comunitarios que recibían. En el mejor de los casos, tendremos, como ya empieza a dibujarse, una Europa que da órdenes y zaron las dificultades, porque los países endeu- otra que las recibe. En el peor, una Unión Eurodados no podían hacer lo que se había hecho pea mucho más pequeña en torno a Alemania, siempre en estas circunstancias: devaluar la mo- con el resto buscándose la vida por su cuenta, neda nacional, abaratando sus productos y em- tras la tormenta de la crisis y la salida a trompipobreciendo a su población. Pero no tenían ya cones del euro. Islandia lo ha hecho, pero a base su propia moneda, sino la común, quedando a de una cura de caballo, que no sé si aceptaremos merced de los que la controlaban. los mediterráneos, que a pesar de haber invenEs la situación en que nos encontramos, con tado la democracia hemos olvidado ¡fue hace un euro que en vez de consolidar la Unión Euro- tanto tiempo! que incluye tantos deberes como pea se ha convertido en camisa de fuerza que la derechos. asfixia. Nada de extraño que el euroescepticisLo que sí puede decirse es que, cualquiera que sea la salida, Europa perderá peso, volumen, capacidad de decisión en los asuntos internacionales. Esta península occidental de Asia que ha venido rigiendo el mundo durante los últimos cinco siglos dejará de hacerlo, si no ha dejado de hacerlo ya. Puede quedarse como un parque temático al que vengan los turistas de los grandes países que asuman el protagonismo o puede hundirse en las ruinas y en la nostalgia. No sería la primera vez que ocurre, es más, la historia está llena de episodios de este tipo. ¿Qué se hizo del Egipto de los faraones y de la Babilonia de Nabucodonosor, que se creían dueños del mundo? y tampoco se equivocaban mucho, pues el resto era terra ignota Y miren ustedes dónde están hoy. Y sin ir tan lejos, ¿qué fue de la Roma de Augusto, de la España de Felipe II, en la que JM NIETO no se ponía el sol o de la Inglaterra de la Reina Victoria, en la que no se ponía ni mo crezca incluso en los países que más benefi- la luna? Puede incluso que este declinar eurocios han obtenido de la unión, como los medite- peo empezara con las dos grandes guerras civirráneos, mientras los que vienen financiándola les del siglo XX, la del 14 y la del 39, y no nos deno disimulan su hartazgo. mos cuenta, gozando de nuestro Estado del bie ¿Qué podemos hacer? Pues apuntalar la casa nestar, que va camino de la bancarrota, o ya en antes de que se nos venga encima, acelerando lo ella en varios países, el nuestro entre ellos. que hubiera tenido que hacerse antes de empezar: la unión bancaria, la paridad fiscal y la máspero sólo que nuestro desplome no sea xima aproximación posible de las políticas de tan completo como el de los primeros empleo, condiciones de trabajo y prestaciones ejemplos citados, pero tampoco lo dessociales. ¿Estamos todavía a tiempo? Nadie lo carto. Sobre todo si seguimos discutiensabe, pero tampoco podemos rendirnos sin ha- do sobre ajustes y estímulos, en vez de producber luchado, aunque hay quien piensa que este tividad y eficacia, que es lo que cuenta, no si el es un trabajo de Sísifo, que cuando creemos ha- gato es negro o rojo, sino si caza ratones, como ber llevado la piedra a la cúspide se nos escapa reconvenía amablemente Deng Xiao- Pin a Felimontaña abajo. pe González. Pues el que nos cazará entonces Puede que el mayor obstáculo que tengamos será el gatazo rojinegro chino, indio o parecido. delante no sean unas cifras negativas, sino el es- ¿Acabará así la crisis? ¿Será esa la transformacepticismo creciente hacia el proyecto original. ción que nos trae el siglo XXI, el nuevo orden Los ingleses nunca partidarios de una Europa mundial, la próxima normativa a regir? Yo no lo unida sólo se incorporaron a ella cuando no les veré, y tampoco lo lamento, pero me gustaría oír quedaba otro remedio, y ahora que se acumulan a nuestra izquierda, la divina y la asilvestrada, las dificultades anuncian un referéndum para pronunciarse al respecto, si es que esto que digo abandonarla. De continuar las cosas como van, no le suena a mandarín. será aprobado, pues ya no les vale la pena seguir, sobre todo a costa de perder la capacidad de deJOSÉ MARÍA CARRASCAL ES PERIODISTA H UBO un tiempo en el que Rusia era el enfermo de Europa Hoy, Europa empieza a ser el enfermo del mundo ¿Cómo es posible, si aún ayer era el modelo de democracia, bienestar y estabilidad social? Nadie se lo explica, pero ahí están las cifras implacables: mientras el resto del mundo crece, avanza, progresa, Europa se ralentiza. Asia continúa su marcha arrolladora, con una China que sólo creció un 7 por ciento el año pasado y un Japón que ha conseguido salir de su letargo, y crece un 2,6. También Iberoamérica lo hace, con sus vaivenes habituales, y Estados Unidos. ¿Saben ustedes cuál empieza a ser su preocupación? Pues que su astronómico déficit está bajando ¡demasiado deprisa! un 4 por ciento anual, lo que podría traer, nos dicen, inflación. ¿Ustedes lo entienden? Yo, no. Pero lo leo en publicaciones serias. Mientras, sobre Europa sólo leo malas noticias. La zona euro se halla en recesión, con sólo Alemania salvándose con un miserable 0,1 por ciento de crecimiento. El resto suspendemos todos, sin perspectivas de que el panorama vaya a cambiar, al menos a corto plazo. ¿Qué está pasando, qué hemos hecho mal? oigo por todas partes. Con los partidarios de los recortes y de los estímulos discutiendo acaloradamente, como los teólogos medievales discutían sobre el sexo de los ángeles. Empiezo a pensar que lo que se hizo mal poco o nada tiene que ver con recortes y estímulos, sino con el euro. Sí, el euro. Lo apunté hace ya años en otra Tercera de ABC, en la que contaba el fracaso de dos intentos de moneda común, allá por el siglo XIX, uno en Escandinavia, otro en Centroeuropa, que apenas duraron. Y eso que tenían más posibilidades de sobrevivir, por ser más homogéneos los países integrantes que los 17 que han adoptado el euro. Crear una moneda común sin haber homogeneizado antes la banca, la economía y los impuestos de los implicados es como empezar una casa por el tejado. Puede mantenerse algún tiempo, gracias a las paredes, pero, cuando llega un temporal de verdad se viene abajo. Y los 17 euro- países no tuvieron esa precaución porque se trataba de un plan más político que económico, creyendo, equivocadamente, que consolidaban la Unión Europea, cuando en realidad estaban creando las condiciones para su resquebrajamiento. El euro hizo creer a los países pobres que lo adoptaron que eran ricos, y se pusieron a gastar y a endeudarse como si lo fueran. La euforia se mantuvo mientras las cosas fueron bien. Pero cuando la deuda se hizo tan grande que amenazaba hundir el edificio, empe- E