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68 CULTURA DOMINGO, 12 DE MAYO DE 2013 abc. es cultura ABC Carmen Iglesias Cualquier tiempo pasado fue mejor solo para los muertos Académica e historiadora Mientras prepara la muestra sobre los 300 años de la RAE, huye de narcisismos y fatalismos a la hora de hablar de España y pide valentía ALFONSO ARMADA MADRID Académica de la Lengua y de la Historia, Carmen Iglesias (Madrid, 1942) atesora más de una virtud: la elegancia personal se trasluce en su elegancia a la hora de exponer sus ideas, de escribir, de pensar, de escuchar. Entre sus muchos afanes prepara con José Manuel Sánchez Ron la exposición La lengua y la palabra un recorrido a través de los 300 años de historia de la Real Academia Española, que acogerá a finales de año la Biblioteca Nacional. ¿Le duele España? -No, no me duele. Como historiadora pienso que la historia de nuestro país, con sus luces y sombras, es como la historia en general, dolorosa. Como la historia de la condición humana. La he estudiado en comparación con otros países y algunos nos parecen más felices que otros, quizá porque los vemos desde fuera. Que España tiene problemas concretos, desde luego, pero no hay que dolerse por ellos, tenemos que encararlos con valentía. ¿Somos un país ciclotímico, empeñado en repetir los errores que tantas veces nos llevaron al barranco de la historia, o implica eso un cierto nar- cisismo exacerbado por el desconocimiento de lo que en realidad somos? -A mí me preocupa siempre lo que Maravall, John Elliot y otros llamaban el pecado del narcisismo, de pensar que somos diferentes, y también el sustancialismo, el pensar que siempre se es igual, la falacia de los caracteres nacionales. Dicho esto, sí hay a veces ciertas constantes, tanto en los individuos como en la historia de los pueblos, que yo atribuiría más bien a la pereza y a la inercia, a eso que los psicólogos llaman compulsión repetitiva: cuando nos encontramos con un problema, en vez de intentar abordarlo de una manera racional y lo más global posible, en sus detalles, tendemos a repetir lo que hemos hecho antes aunque sea negativo. ¿Es posible fabricar una conciencia nacional moderna, basada en la razón y en el conocimiento ponderado de nuestro pasado, cuando hemos cedido a 17 comunidades autónomas la escritura de su propia historia? -Ese ha sido el problema, y yo creo que el gran fallo de la democracia española es la educación, desde el primer momento. Ha habido una pusilanimidad, ha habido lo que yo llamaría una exageración del péndulo antifranquista. Si Franco adoptó la bandera, el himno y el escudo español que vienen de mucho antes, hacer todo lo contrario y además descalificar tranquilamente a los que querían sacar la bandera fue un gran error. No se ha sabido cultivar el patriotismo constitucional que nos venía de los ilustrados: ¿qué es la patria? Aquella que me permite vivir bajo las leyes en libertad. -Siguiendo en esa línea, ¿cómo se escribe, cómo se cuenta y cómo se debería enseñar la historia de España? -Yo creo que tenemos muy buenos historiadores, buenos enseñantes, pero ha faltado una política general de que al menos de un tronco común se cuenten los hechos y no las opiniones. Aquí se ha dado lo que decía Hannah Arendt, que cuando en un país las opiniones sustituyen a los hechos hay que salir corriendo. Y aquí, con la fragmentación de las 17 autonomías, es lo que ha ocurrido. Cuando visité el Museo de Cataluña, hace ya mucho tiempo, me quedé impresionada de la cantidad de mentiras y falacias que había... -Consagradas además en un museo... -En un museo, y además están los libros de enseñanza. En la Academia de la Historia hicimos un informe sobre lo que se enseñaba a los niños y era un disparate, aparte de la pequeñez: volver al aldeanismo, a lo peor del antiguo régimen, y a echar las culpas siempre a alguien de fuera. ¿Cuál es el estado predominante de su alma en estos momentos? -De cierta incertidumbre, de cierto escepticismo. Pero como historiadora y menos mal, ocurren siempre cosas que no puedes planificar ni prever soy una persona vital, dispuesta siempre a luchar. Soy muy griega en eso: la vida es más fuerte que el destino. El destino es la fugacidad y la muerte. Pero mientras estamos aquí hay que hacer como si... Dicho esto, no caer en el optimismo de la bondad de la naturaleza humana ha sido uno de los leitmotivs de mis escritos. Me parece fundamental. -La mala herencia de Rousseau. -Yo ajusté mis cuentas con Rousseau. -Ha provocado muchos estragos... -Muchos, muchos, porque es echar siempre la culpa al otro, y además partir de la bondad de la naturaleza humana supone pensar que el que se equivoca es solo por maldad, y luego es necesario pensar siempre en las instituciones de tal modo que si se introduce algún diablo no pueda modificarlas. -En eso los americanos son hábiles... -Sí, sí. Son los que mejor lo han entendido. Porque en momentos de caos, de falta de reglas, siempre es el más fuerte, el más malvado y el más osado el que se pone al frente. El señor de las moscas de William Golding, debería ser lectura obligatoria al menos en la época adolescente. ¿De qué hablamos cuando hablamos de crisis? -Hablamos de cambios, en este momento yo creo que incluso de mutaciones, aunque es muy difícil, porque cada época, para sus contemporáneos porque la vida es un zigzag, nunca es lineal es la peor de todas. Épocas en las que los jóvenes no obedecen a los mayores, todo el mundo se mueve por el dinero... Aquí recordamos a Quevedo, pero hasta en las tablas hititas ya se menciona esta cues-