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58 SOCIEDAD DOMINGO, 12 DE MAYO DE 2013 abc. es sociedad ABC Miles de peregrinos acudieron al Santuario de Fátima en mayo del 2000, durante la visita del Papa Juan Pablo II REUTERS Francisco consagra a Fátima la revolución de su pontificado La ceremonia en el Santuario será presidida el lunes por el cardenal de Lisboa JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL EN EL VATICANO Los papas y la Virgen de Fátima Pío XII recibió la ordenación episcopal en la Capilla Sixtina el 13 de mayo de 1917 y vio cuatro veces el milagro del sol en los Jardines Vaticanos. Sucedió, a primeras horas de la tarde, la antevíspera, la víspera y en el día que proclamó el dogma de la Asunción de la Virgen, el 1 de noviembre de 1950. El 8 de noviembre vio de nuevo y por última vez el asombroso baile del sol en el cielo sin experimentar molestia en los ojos, exactamente como los miles de personas que asistieron al extraño fenómeno en Fátima el 13 de octubre de 1917. Juan XXIII custodió el tercer secreto de Fátima, pero, por cautela respecto a la Unión Soviética, decidió no hacerlo público cuando expiró, en 1960, el plazo de reserva marcado por sor Lucía. Pablo VI peregrinó a Fátima el 13 de mayo de 1967, en el cincuentenario de la primera aparición. Juan Pablo II atribuyó a la Virgen de Fátima haberle salvado la vida en el atentado del 13 de mayo de 1981, y ofreció como exvoto una de las balas, engastada en su corona. Acudió al santuario en 1982 en 1991 y en el 2000. El 13 de mayo del 2000, al despedirse, reveló que el tercer secreto era la extensa persecución violenta de la Iglesia y el atentado contra el Papa. Al día siguiente de ser elegido Papa, Francisco se fue muy temprano a rezar ante la imagen de María Salvación del Pueblo Romano en la basílica de Santa María Mayor. En aquellos días pidió al cardenal de Lisboa, José Policarpo, que consagrase su pontificado a la Virgen de Fátima. El veterano cardenal portugués lo hará de modo solemne mañana 13 de mayo, precisamente en el lugar y en el aniversario de la primera aparición. Francisco se sumará desde Roma, poniendo en manos de la Virgen un pontificado de plena continuidad doctrinal con Benedicto XVI y Juan Pablo II. La tarea es gigantesca, y el Papa desea aclarar que la reforma de la Curia vaticana es sólo la segunda de las tareas en que le ayudarán los ocho cardenales consejeros nombrados el pasado 13 de abril. Los consejeros de Francisco El número tres del Vaticano, Ángelo Becciu, confirmó de parte de Francisco que la creación de este grupo de consejeros es un gesto de gran relieve que quiere enviar una señal sobre el modo en que el Santo Padre desea ejercitar su ministerio Al mismo tiempo, el sustituto de la secretaría de Estado precisó que la primera tarea asignada al grupo de ocho cardenales es ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia universal La reorganización de la Curia viene en segundo lugar. La primera tarea, la de aconsejar en el gobierno, hay que entenderla, según Becciu, en clave teológica. Aconsejar es una función de gran relieve. Es ayudar a un superior en la obra de discernimiento. O sea, en comprender lo que el Espíritu Santo pide a la Iglesia en un momento histórico determinado Esa lógica, superior al mero management incluye consagrar a la Virgen de Fátima un pontificado del ejemplo que será revolucionario si logra extender a los pastores del mundo entero la conversión pastoral que el cardenal Bergoglio impulsa desde hace años en su propia diócesis y en toda América. Muchos cardenales electores cayeron en la cuenta de la verdadera prioridad de nuestro tiempo cuando, durante el pre- Cónclave, el cardenal Bergoglio urgió a evitar una Iglesia autorreferencial que mira a su propio ombligo y se enferma por no salir a la calle al encuentro de las personas, incluidas las alejadas de la religión y las marginadas. Según un cardenal latinoamericano, el comportamiento del Papa nos obliga a cada uno a examinar nuestra actuación como pastores y nuestro modo de acercarnos a la gente Es la señal que Francisco desea enviar vistiendo de modo sencillo y viviendo en la Casa Santa Marta, con cincuenta monseñores de la Curia vaticana, y recibiendo cada mañana, para su misa de las siete, a empleados laicos del Vaticano. Reorganizar la Curia El peso de hacer la revolución recae ahora sobre Francisco, que batalla en dos frentes: renovar la Iglesia universal y reorganizar la Curia romana. Sus instrumentos más poderosos son el lenguaje del ejemplo y la fuerza de la coherencia entre lo que dice y lo que hace. El pasado 24 de abril, Francisco advertía que la Iglesia no es una organización burocrática, sino una historia de amor y que la organización es necesaria sólo hasta un cierto punto Si la Iglesia da prioridad a sus estructuras y se embriaga con sus cargos se transforma en una ONG mundana El arzobispo Ángelo Becciu, número tres del Vaticano, ha sido muy claro: Que la reforma se hará es seguro. Cuándo se hará, no lo sabemos. El Papa desea que la Curia continúe trabajando en silencio. Quien quiera ofrecer sugerencias debe hacerlo con la máxima discreción. Francisco no quiere un debate público sobre los departamentos que se reagrupan o los organismos que se suprimen. Quiere una reforma silenciosa, quizá la única posible.