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ABC DOMINGO, 12 DE MAYO DE 2013 abc. es PRIMER PLANO 21 la reválida Elena Valenciano Vicesecretaria general del PSOE Soraya Rodríguez Portavoz del PSOE en el Congreso La lealtad, por encima del discurso Una estridente escudera E s difícil encontrar algún as en la trayectoria política de la vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, pese a que se afilió a este partido hace ya 35 años. Su labor como coordinadora de la última campaña electoral de los socialistas para las elecciones generales de 2011 se saldó con un sonoro fracaso en las urnas para Rubalcaba, que, aun así, mantuvo su confianza en ella. Su principal aval es la lealtad, una cualidad valiosísima en la época de intrigas, escándalos y traiciones internas por la que atraviesa el Partido Socialista. Entre sus carencias, la falta de título universitario, un déficit que caracterizó a los miembros más denostados del anterior Gobierno socialista. Su discurso, feminista y radical. La comparación con sus predecesores, sobre todo Alfonso Guerra, es inevitable, con un saldo nada favorable para Valenciano: extraños, pero también propios, critican que el cargo le va grande E l mayor logro de su currículum es haber sido secretaria de Estado de Cooperación Internacional en sustitución de Leire Pajín. Y su aval para convertirse en portavoz parlamentaria del PSOE fue ser amiga de la número dos del PSOE, Elena Valenciano, que se la recomendó a Rubalcaba. Al igual que les sucede a sus jefes, su labor está muy cuestionada dentro de la formación y, de hecho, el propio Rubalcaba le ha quitado poder en la última remodelación del grupo. Sus discursos resultan estridentes y sus argumentos pecan de demagogia. No se complica. Puede repetir las mismas razones utilizando las mismas palabras durante semanas. Y lo que no le interesa- -los líos internos del partido- -no lo contesta, remitiendo a otros o argumentando que no tiene información. Sus duelos con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, son su mejor baza: despiertan más entusiasmo en sus filas que los debates entre Rubalcaba y Mariano Rajoy. Sin medallas Extraños, pero también propios, sostienen que el cargo de número dos le va grande No se complica Lo que no le interesa no lo contesta, remitiendo a otros o asegurando que no tiene información JOSÉ MARÍA CARRASCAL Como sólo vale para la maledicencia y, además, lo hace bien, es un valor en el PSOE de nuestros días, aunque más que amortizado MANUEL MARTÍN FERRAND JOSÉ MARÍA CARRASCAL Tiene la mala suerte de haber coincidido con otra, Soraya del PP que cada vez que abre la boca le da un meneo que no veas MANUEL MARTÍN FERRAND Después de 35 años de militancia, ¿tiene capacidad para una visión global de la realidad? Su radicalidad feminista apunta una respuesta negativa Tampoco sabe lo que es ganarse la vida fuera del Presupuesto y del partido. Se parece, no en lo físico, a la Soraya del Gobierno. ¿La impronta vallisoletana? Yo estaba aquí antes que él Los miércoles, calvario EDURNE URIARTE ÁLVARO MARTÍNEZ lena Valenciano posee algunos de los peores defectos de su número uno, el sectarismo y la falta de escrúpulos para segar cabezas ajenas y propias, pero ninguna de sus cualidades, la capacidad intelectual, la astucia y la habilidad negociadora. Quizá la eligió precisamente por eso Rubalcaba. Porque ese perfil le aseguraba que no tuviera talento para cortar su propia cabeza en algún momento, intención nada desechable a tenor de lo que Valenciano contestaba a una periodista a la pregunta de si acompañaría a su jefe en caso de que éste abandonara la primera línea de la política. Pero si yo estaba aquí antes que él... fue su réplica. Hija del doctor Valenciano, subsecretario de Sanidad con la UCD, es una niña bien con alma de mujer de barrio. Y eso inspira su estilo político, el del bulldozer. Lo suyo es la fuerza bruta, el puñetazo al adversario, quizá por la ausencia de un fondo intelectual que le permita otra cosa. Es la fuerza de choque de Rubalcaba en tiempos en que éste necesitaría ideas, estrategias y alianzas. Para su propia supervivencia, sobre todo. Pero tiene a Valenciano y a su política del bulldozer. Agresividad y trazo grueso contra el Gobierno, tosquedad y mano dura contra los enemigos internos. E N ació a orillas del Pisuerga, estudió en un colegio de monjas, hizo el bachillerato en el instituto Zorrilla, se licenció en Derecho por la Universidad de Valladolid, se afilió joven al partido, es diputada y su nombre es Soraya... Pero no, no es la vicepresidenta del Gobierno, sino la persona a la que el PSOE, vapuleado en las urnas, le encomendó ser el otro lado del espejo de Soraya Sáenz de Santamaría, con quien solo comparte el currículum de las primeras líneas. No era fácil la misión y Soraya Rodríguez ha cumplido las expectativas: cada miércoles, calvario en la sesión de control al Gobierno. No ha salido victoriosa en ninguno de los duelos con la vicepresidenta, bien por su atropellado y hasta caótico discurso (algo mejorado en los últimos meses) bien porque no hay quien arrastre con soltura la mochila de la catastrófica herencia que dejó en su espalda el Ejecutivo socialista. Es, con Valenciano en Ferraz, una de las dos caras del rubalcabismo, y su gran capacidad de trabajo no puede suplir la falta de solvencia y fuelle políticos que presenta. La vaciedad de los dogmas del zapaterismo anega su perfil y su obra parlamentaria resulta muy disminuida por llegar de la mano de un líder en caída libre y por el vía crucis que emprende los miércoles.