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ABC DOMINGO, 12 DE MAYO DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 17 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS QUILOMBO DE ESPAÑA Los tertulianos han impuesto ahora el quilombo como palabra multiusos, con más utilidades que una navaja suiza S IN que me lo pague la Unión Europea con fondos de cohesión, ni me lo subvencione la Junta de Andalucía, ni me lo patrocine el BBVA, tengo montado en casa un Observatorio del Tertulianés, la jerga oficial de las tertulias de radio y TV. En ese Observatorio hice con pleno aprovechamiento mi curso Aprenda Tertulianés en 10 días y a decir con la vaciedad de los bobos solemnes lo de hasta donde yo sé visto lo visto dicho lo cual largo recorrido y hondo calado ¿cómo se les queda el cuerpo? Como el mentado Observatorio funciona las 24 horas los 365 días del año, que no paramos ni para almorzar, como los aviones nacionales que bombardeaban el Madrid rojo de Caracol el del Bulto, las luces de alerta de sus aparatos de escucha se han encendido ante la proliferación de una nueva palabra, que está de moda y no hay tertuliano que no la tenga siempre en su cada vez peor retribuida boca: Quilombo -Es que hacen muchos crucigramas. ¿Cómo dice usted? -Que quilombo es una palabra que suena completamente a crucigrama... Y tercia el otro, absolutamente confundido. -No, el quilombo es una unidad de medida de Física. A mí me catearon porque dije que el quilombo mide los baudios por segundo, cuando me parece que mide los hercios por hora, una cosa así, no estoy seguro, porque soy de la Generación Logse. La cuestión es que los tertulianos han impuesto ahora el quilombo como palabra multiusos, con más utilidades que una navaja suiza. Yo creo que ni saben lo que significa, que la usan de oídas, porque según el DRAE, en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay es prostíbulo en Venezuela, lugar apartado y de difícil acceso, andurrial también en Argentina, Bolivia, Honduras, Paraguay y Uruguay, como vulgarismo, lío, barullo, gresca, desorden Así que le oigo a un tertuliano decir que lo de Arturo Más con el separatismo y la consulta es un quilombo y no sé si quiere decir que aquello es un lío o una mancebía, o ambas cosas a la vez. ¿Será por quilombos? En las tertulias, España se ha llenado de quilombos. ¿Que Di Stéfano se quiere casar con una chavala y sus hijos lo quieren declarar como las Cortes a Fernando VII? Quilombo a la vista. ¿Qué Mouriño parece un enemigo pagado por los madridistas? Quilombo. ¿Que no paran de sacar facturas de mariscadas, a babor del PSOE y a estribor del PP? Quilombo. ¿Qué nadie se aclara con Rubalcaba y las primarias? Quilombo. ¿Que Rajoy pega el dedazo en el PP de las Vascongadas? Quilombo. Cuando lo que tenían que hacer estos señores tertulianos es pagar derechos de autor a mi dilecto compañero y poeta Santiago Castelo. El fue quien trajo a España la sabrosura del quilombo, que también suena a fruta tropical del supermercado de exquisiteces del Cortinglés. Así, Quilombo tituló en 2008 un precioso libro de poemas, hermosamente editado en Sevilla por Point de Lunettes. En una nota previa, Castelo explicaba mejor que nadie esta voz con la que los tertulianos se tienen hecha la dicha un lío: Quilombo es una palabra muy extendida en toda la América del Sur. Según el país que la utiliza significa una cosa: desde prostíbulo hasta andurrial, pasando por barullo, hacienda de cimarrones, gresca, desorden, alegría, embrollo. Sirve, en su anarquía, para todo. Y para todo la utilizan los argentinos, a los que no se les cae de la boca. Con razón. Es palabra sonora, polivalente y gachona. A mí me gusta. Y como este es un libro variopinto... ¿qué mejor que llamarlo así, Quilombo Como España, Castelo, como España, entre barullo y casa de putas. Pero que te paguen derechos de autor los tertulianos, hombre, que te los paguen, porque el kilo de quilombo, argentino como el Papa de Roma, la reina de Holanda y Messi, está carísimo con tanta demanda. IGNACIO CAMACHO UNA LEY PROVISIONAL El principal problema de la Ley Wert es que su vigencia real estará limitada al tiempo que dure el PP en el poder L principal problema del proyecto de la octava ley educativa de la democracia no está en su articulado. La ley Wert contiene, como todas, principios aceptables y otros discutibles, y su virtualidad para afrontar los problemas de la enseñanza española parece susceptible de clara mejora. Pero su punto débil esencial consiste en que su vigencia queda limitada con toda certeza al tiempo que dure el PP en el poder. Está condenada a la derogación; cuando la izquierda vuelva a gobernar tendremos una novena norma- marco. Desde la etapa felipista, los fundamentos del sistema jurídico español se han construido según una arquitectura de inspiración socialdemócrata que la izquierda ha acabado asumiendo como un monopolio natural. Cualquier intento de alteración de ese statu quo ideológico- -en el derecho laboral, en la regulación del aborto, en la educación y hasta en la propia organización del poder judicial- -ha sido presentado por el pensamiento hegemónico como una involución o una contrarreforma, y sistemáticamente liquidado en cuanto se ha producido un cambio de mayoría política. Así le ocurrió a la anterior ley docente elaborada por Pilar del Castillo bajo el mandato aznarista; fue abolida por Zapatero sin que llegase de facto a entrar en vigor. Con carácter previo a esa demolición, el sedicente progresismo elabora un clima propagandístico de falta de consenso que en realidad se produce por su renuencia a cualquier tipo de acuerdo que contradiga sus principios doctrinales. Simplemente, se trata de un concepto patrimonial y dominante del orden social que no admite alternativas. A esa radical resistencia ideológica hay que sumar la oposición de unos nacionalismos reacios a ceder un solo palmo de la primacía que les ha permitido convertir la escuela en una herramienta de adoctrinamiento soberanista mediante la imposición sistemática de un designio excluyente, y aún queda la habitual resistencia del propio sector, mediatizado de intereses y sociológicamente inclinado hacia posiciones izquierdistas. El resultado es un rocoso magma de impenetrabilidad que imposibilita el pacto más necesario de todos, que es el que afecta a la formación de las nuevas generaciones. La sucesión de normas y contranormas educativas es el gran fracaso nacional contemporáneo, disimulado en el mantra autocomplaciente de la juventud mejor preparada de la Historia Un estereotipo artificial desmontado con implacable contumacia por las sucesivas evaluaciones de los informes PISA. Por supuesto que la ley Wert debería nacer con mayor respaldo. La cuestión es que se trata de un consenso imposible porque la izquierda y los nacionalismos no renuncian a su autoconcedida prerrogativa de ingeniería social. Cualquier otro pacto de Estado puede ser urgente o aconsejable porque afecta al crítico presente. El de la educación es imprescindible porque representa el futuro. E 110 AÑOS DE HUMOR GRÁFICO EN ABC Francisco Martinmorales (09 02 2009)