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16 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA DOMINGO, 12 DE MAYO DE 2013 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND ¿Y LA PROPAGANDA? En una sociedad desarrollada, la propaganda es imprescindible. Si se sustenta en la verdad es una provocación de sentimiento común UINIENTOS días después de su llegada a La Moncloa, Mariano Rajoy ha resumido la acción de su Gobierno: Hemos evitado el crack de España Prescindiendo del uso de la palabra crack, inadecuada para el caso y más propia de narcotraficantes y héroes deportivos- -gran contradicción del término- debe reconocérsele al presidente que tiene razón. La situación, que sigue siendo muy grave, es menos mala que hace dieciséis meses. Sin embargo, la ciudadanía se ha instalado en una depresión colectiva y flota en el aire un sentimiento de frustración. Seis millones de parados y otros tantos jubilados con pensiones por debajo del salario mínimo no son el caldo de cultivo propicio para la alegría, pero hay algo más que el incremento opresivo y confiscatorio de la carga fiscal. Los quinientos días de Rajoy han demostrado la insensatez imperante en las dos legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero y, con ella, la de su lugarteniente Alfredo Pérez Rubalcaba y la de sus santones económicos, el pusilánime Pedro Solbes y la mínima Elena Salgado. En este tiempo se han predicado, más que abordado, reformas estructurales necesarias y convenientes y, entre ellas, la laboral. Está pendiente la transformación, con poda, de las Administraciones públicas, algo que complica y dificulta el hecho de que la mayoría de quienes componen el Ejecutivo sean funcionarios públicos. Pero, si las cosas van mejor, ¿dónde germina el desesperado pesimismo que se observa en la calle? Como en las quinientas noches de la canción de Joaquín Sabina, lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks La confianza que suscitó en la sociedad española la mera sustitución de Zapatero le sirvió de pedestal a un Rajoy que, entre el hieratismo y la astucia obsesiva, ha dilapidado el capital de confianza que en él habían depositado los ciudadanos. Incluso entre la militancia del PP y su entorno de votantes exclusivos de la gaviota se observa ese distanciamiento del líder que, lleno de prejuicios frente a la información libre, independiente y diáfana ha propiciado una comunicación de grupos mendicantes y lejanos de lo que puede entenderse como periodismo democrático. La propaganda, arte fundamental para la política propia de nuestro tiempo y ámbito, es el gran fracaso de estos primeros quinientos días de Rajoy. En una sociedad desarrollada, la propaganda- -palabra que se ajusta mejor a lo que digo que comunicación- es imprescindible. Si se sustenta en la verdad es un motor social, una provocación de sentimiento común. Algo que, no al modo de Joseph Goebels y más próximo al estilo de Pierre Salinger, es un factor integrador sin el que se garantiza el distanciamiento y despego que hoy se observa entre la sociedad y el Gobierno. Q PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI RETORNOS La reincorporación a sus puestos de los profesores de la universidad vasca amenazados por ETA es una medida razonable E preguntan desde varios medios de prensa si estoy incluido en el grupo de profesores amenazados por ETA a los que la Universidad del País Vasco obliga a reincorporarse a las aulas y requieren mi opinión sobre dicha medida. No les contesto No se me incluye en el lote por la sencilla razón de que dejé de pertenecer a la Universidad del País Vasco hace tiempo. Desde 2005 soy catedrático de una universidad pública madrileña. No tengo relación administrativa alguna con la Universidad del País Vasco, donde enseñé durante veinte años desde su fundación. Confieso, no obstante, que me habría gustado que se me invitase a regresar a mi antigua Facultad, una vez que ha cambiado la situación que hizo aconsejable mi marcha y la de otros docentes a latitudes más saludables para nuestros cuerpos y espíritus. Aunque las autoridades de la universidad vasca no se estén muriendo de ganas de verme de nuevo por allí, habrían quedado estupendamente ofreciéndome la posibilidad de volver con la frente marchita. Por supuesto, tienen los datos suficientes para saber que yo habría declinado la invitación, pero comprendo que hayan preferido no arriesgarse. En 1979, la recién fundada Universidad del País Vasco creó la figura del Catedrático Extraordinario para recuperar a vascos que impartían docencia en otras universidades, a vascos que no enseñaban en universidad alguna y a pro- M fesores no vascos que tenían discípulos fieles entre los docentes con influencia en la nueva universidad. Pero los tiempos son muy otros. Hoy, ninguna universidad pública pretende atraer profesores ajenos cuando los recortes les obligan a prescindir de los propios. Sin embargo me dicen algunos de los profesores obligados a volver han manifestado su disgusto, aduciendo que se les condena así a una situación de hostigamiento y acoso en sus departamentos de origen. En mi caso, no escapé de mis compañeros de departamento. En la Facultad donde enseñaba había estudiantes y profesores de la izquierda abertzale. Probablemente algunos de ellos ejercían como chivatos de ETA y eso implicaba un riesgo que, por cierto, yo no pedí evaluar. Lo hizo la Policía (fui el primer profesor al que se puso escolta) Pero todo mi departamento era de fiar. Gente estupenda de la que guardo un buen recuerdo. En general, todos eran objeto de la hostilidad abertzale por el simple hecho de enseñar filología española en un país donde, como es bien sabido, nadie habla la lengua del Estado opresor. No sé qué peligro pueden correr los profesores que regresen. Que algunos les nieguen el saludo no me parece un motivo razonable para resistirse al retorno. Por supuesto, las autoridades universitarias tienen el deber de castigar con la mayor severidad cualquier conato de acoso contra los que vuelvan a sus puestos como poco, con la expulsión inmediata de los responsables, sean estudiantes, docentes o personal de servicios pero creo que es injusto considerar que la cancelación de las comisiones de servicio de los profesores amenazados en su día por ETA supone un acto hostil contra ellos por parte de la Universidad del País Vasco. Todas las universidades públicas están retirando sus comisiones de servicio y recuperando a los profesores que las disfrutaban, lo que es lógico en tiempos de penuria. Si tienen dificultades para sufragar la docencia y la investigación propias, no van a pagar alegremente las del vecino. Además, ¿qué es eso de estar obligado a volver? Quien no desee ganarse la vida donde le corresponde que se la busque en otra parte, como hemos hecho otros a los que nadie ha subvencionado improbables exilios.