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SÁBADO 11.5.2013 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 35.564 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Atención al cliente 902 334 555. 13196 8 424499 000013 EL PULSO DEL PLANETA VISTO Y NO VISTO Esperando la novena gota Una universidad australiana realiza desde hace 86 años el experimento más largo de la historia, que demuestra las propiedades de la brea JUDITH DE JORGE MADRID IGNACIO RUIZ- QUINTANO LUIS MIGUEL Ese Luis Miguel de la estatua no puede ser el del dedo índice enhiesto y las más bellas mujeres en los brazos L a escuela de Matemáticas y Física de la Universidad de Queenslad en Brisbane (Australia) alberga en su vestíbulo una urna de cristal con una sustancia viscosa en su interior. Estos días, esa masa oscura al primer vistazo tan poco atractiva recibe a cada momento la visita de profesores y alumnos expectantes ante alguna novedad. Incluso curiosos de todo el mundo siguen su estado en internet gracias a unas cámaras que retransmiten en directo lo que ocurre. ¿Lo que ocurre? Parece que no sucede nada, pero nada más lejos de la realidad. Se está formando una gota, la novena, cuya caída es inminente, algo extraordinario que solo sucede cada diez o doce años. Se trata del experimento más largo de la historia, mención incluida en el libro Guinnes de los récords. 86 años de empirismo puro. El experimento de la gota de brea fue iniciado en 1927 por Thomas Parnell, profesor de Física en la universidad australiana, para demostrar a sus alumnos que los materiales más ordinarios pueden exhibir algunas propiedades sorprendentes. No se le ocurrió otra cosa que tomar una muestra de brea, la sustancia que se utiliza tradicionalmente para calafatear barcos, y calentarla para que se licuara. Después, la metió en un embudo con el cuello sellado. Así la dejó durante tres años, hasta que cortó el sello para que la brea fluyera hacia abajo. A temperatura ambiente, la brea es un líquido muy viscoso, 100.000 millones de veces más que el agua, tanto que parece sólido. Fluye muy despacio y le lleva varios años formar una sola gota. La primera lágrima negra del ensayo cayó en diciembre de 1938. La última hasta ahora, la octava, se precipitó el 28 de noviembre del año 2000. La velocidad de este goteo depende de las variaciones en la temperatura. De he- cho, la octava gota se demoró bastante más de lo esperado porque en el edificio donde se encuentra el experimento se instaló un equipo de aire acondicionado. Ahora, los catedráticos creen que la novena es inminente, aunque se está haciendo de rogar. En todo este tiempo, nadie ha sido testigo de la caída de una gota, que sucede en una décima de segundo. En la última ocasión, el sistema de grabación ya estaba preparado, pero sufrió un fallo técnico. E Brea para otros cien años Parnell solo vivió para contar dos gotas. Fue condecorado póstumamente en 1990 con el dudoso honor del premio Ig Nobel, que un grupo de entusiastas otorga cada año a las investigaciones científicas más absurdas e imaginativas. El experimento es custodiado en la actualidad por el profesor John Mainstone, entusiasmado con la idea de poder ver el desprendimiento. No se lo quiere perder, porque tiene 78 años y a su edad esperar otra década no es muy alentador. De todas formas, el experimento tiene brea suficiente para durar cien años más, así que si uno tiene la fatalidad de estar mirando hacia otro lado cuando cae la famosa gota siempre puede aguardar a la siguiente oportunidad... en 2023. El profesor Mainstone, encargado de custodiar la urna en la Universidad de Queensland 1 gota DICIEMBRE DE 1938 2 gota FEBRERO DE 1947 3 gota ABRIL DE 1954 4 gota MAYO DE 1962 5 gota AGOSTO DE 1970 6 gota ABRIL DE 1979 7 gota JULIO DE 1988 8 gota NOVIEMBRE 2000 UNIVERSIDAD DE QUEENSLAND n Madrid, para los toros, la costumbre es quedar en el monumento de Fleming en la explanada de Las Ventas. La sorpresa, este año, ha sido un estafermo de bronce que arrastra una talega vacía, como si viniera de tirar unos gatos al río, y en ademán, que más bien es aletazo, de parar un taxi. Es Luis Miguel. ¿Qué trae mejor cuenta, la estatua de un gran hombre hecha por un escultor pequeño o la estatua de un hombre pequeño hecha por un escultor grande? Ésa fue la pregunta que se hizo Camba en plena ola belenista sobre la capital, hoy reducida a la explanada venteña. La escultura es un arte tan delicado que roza el mundo de la confitería. Para que ese Luis Miguel no nos recordara al muñeco de una enorme tarta tendría que haber venido Fidias a cincelarle el capote. Y Bernini, el gesto. Y Miguel Ángel, la vena. ¿Cómo moldear la gracia torera- quemaduras de Fe, toques de Gracia plantada y quieta en la majestad detenida del movimiento? Ese Luis Miguel con el capote a rastras no es Luis Miguel, sino el hombre del saco. Dicen que la estatua estuvo en el Museo Taurino, para asombro de los paisanos de Etsuro Sotoo, el japonés que lleva treinta años haciendo trencadís gaudinianos en la Sagrada Familia de Barcelona. Del museo pasó a una de las mazmorras en los bajos de la Plaza, como fetiche para el meo, hasta ser rescatada para la vía pública sobre jaspes de tanatorio fabril y manufacturero. ¿Cómo la tarde del 18 de mayo del 49 pudo el hombre de esa estatua, cuando todos estábamos boquiabiertos llevarse la mano diestra al pecho y luego erguir el brazo con el índice enhiesto ¿Y, más catastrófico todavía, cómo pudo acomodar en sus brazos a Ava Gardner, Lauren Bacall, Romy Schneider, la China Machado, Annabella (esposa de Tyrone Power) Yvonne de Carlo o María Félix, la Doña una mujer de jade del Indio? El sexo dice el pobre Mosterín sólo es una forma cara y barroca de reproducirse.