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82 GENTESTILO SÁBADO, 11 DE MAYO DE 2013 abc. es estilo ABC La herencia maldita La genial tonadillera quiso dejarlo todo bien atado. Pero hoy, siete años después de su muerte, estalla la guerra familiar con su patrimonio como epicentro BEATRIZ CORTÁZAR S iete años han pasado ya desde que Rocío Jurado falleciera, víctima de un cáncer de páncreas. Tiempo suficiente como para que sus herederos se hayan repartido un legado valorado en cerca de 7 millones de euros y que la artista distribuyó entre todos los suyos. Todos, a excepción de su marido, José Ortega Cano, que se quedó con lo suyo: la finca La Yerbabuena y la ganadería que ambos compraron, pero con nada más que no fueran sus propias inversiones. Rocío era grande en la voz y generosa de bolsillo. Por eso, su herencia no fue a parar únicamente a manos de sus tres hijos, como habría sido lo normal, sino que tuvo en cuenta a sus hermanos e incluso a sus sobrinos, sabiendo como sabía que en esa casa se comía de sus frutos y no era plan de dejar a sus seres queridos en la calle. Gracias a su arte, la chipionera había reunido todo un patrimonio, que repartió meses antes de morir en el despacho de una abogada y con la cabeza perfectamente amueblada. Por aquel entonces, ya sabía que tenía un cáncer. En esas últimas voluntades dejaba a su hija Rocío Carrasco como heredera universal de su patrimonio musical, así como de todas sus pertenencias personales y profesionales (ropa, joyas, derechos musicales, muebles... También la beneficiaba con el apartamento que tenía en Miami, ade- más de la mitad del otro que compró cuando ya estaba casada con Ortega. Pero hubo más para la hija que tuvo con Pedro Carrasco. Rociíto heredaba la finca El Administrador en Chipiona, donde la cantante vivió sus días de vino y rosas durante su matrimonio con Carrasco. Se trata de una tierra muy rica, ya que en ella hay vino y aceite. Es, sin duda, una de las mejores propiedades que le dejó, así como la casa de La Moraleja donde había fijado su residencia y sobre la que dio orden de que se vendiera en un plazo de dos años tras su muerte. Esa casa se dividió en tres partes, a repartir entre sus tres hijos: Rocío, José Fernando y Gloria Camila. Los hermanos colocados Para sus hermanos Amador y Gloria Mohedano dejó la finca Los Naranjos a repartir entre ambos. Gloria también se quedaba con la casa de Chipiona Mi abuela mientras, Amador recibía una nave industrial en San Sebastián de los Reyes y otra parecida quedaba para su hijo Fernando, ahijado de la cantante. Hasta su secretario personal, Juan de la Rosa, recibía en herencia un dúplex en Chipiona. Está visto que Rocío quiso dejar a toda la familia colocada y evitar así que se lanzaran al escándalo. En eso se equivocó. El espectáculo que desde su muerte están dando algunos de sus familiares es lo que ella nunca habría querido. Rocío, mejor que nadie, sabía cómo eran los suyos y los problemas de esa casa, pero siempre intentó tapar bocas, pagar deudas y mentir, si era necesario, con tal de salvar a la familia. Con su ausencia se ha visto que Las grandes fincas de la más grande Los Naranjos Esta finca de 50.000 metros cuadrados en Chipiona, que Rocío Jurado compró de soltera, está valorada en 1,7 millones de euros. Provocó un enconado conflicto familiar, pues el deseo de la cantante fue el de repartirla entre sus dos hermanos, Gloria y Amador, pero el albacea consideró que no se respetaba la legítima y que también debía repartirse entre los hijos de la cantante. Finalmente, se llegó a un acuerdo y todo quedó como había dejado establecido Rocío (en la foto, tomada en la finca, rodeada por sus hermanos, su marido y su secretario)