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14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA SÁBADO, 11 DE MAYO DE 2013 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND EMBROLLOS Un territorio triprovincial en el que viven 1,3 millones de personas con un bajo nivel de renta no está para tafetanes UNQUE tengo en gran consideración a Luisa Fernanda Rudí, presidenta de la Diputación General de Aragón y notable del PP, no puedo por menos de sujetarme la barriga en precaución de la hernia que pudiera producirme la carcajada continua que me provoca el nacimiento, a estas alturas, de un nuevo idioma que, además, no es nuevo. Según la voluntad y el capricho del PP y el PAR, el poder establecido, sin mayor rigor histórico o lingüístico, el dialecto catalán que hablan en la región se llamará LAPAO: Lengua Aragonesa Propia del Área Oriental. A mayor abundamiento y sobre la misma base científica las Cortes regionales han determinado el nacimiento del LAPAPYP, Lengua Aragonesa Propia de las Áreas Pirenaica y Prepirenaica. Las escuelas que con tanto tesón y sabiduría reclamaba Joaquín Costa no han dado el fruto esperado y, en contra del PSOE, el CHA e IU, el PP ha preferido el embrollo (empandullo como dicen en La Litera, en Huesca) y, supongo que con intención diferencial- -el síndrome dominante en la política regional- se andan en juegos de palabras que interesan a unos pocos millares de personas; pero que, como hacen los perros para marcar su territorio, son una pura evacuación del poder. Prefieren embolicarlo todo- -como le dicen en Sarrión, Teruel, a lo que está embrollado- -que atender a los difíciles asuntos que marca la demanda social. Un territorio triprovincial en el que viven 1,3 millones de personas con un bajo nivel de renta no está para tafetanes, como las Vírgenes de Antonio Gala. Requiere una mínima priorización de los asuntos de su competencia. Me gustaría conocer el lapao para decir, ¡en idioma creado por un Parlamento! lo que en las Cortes dijo la diputada socialista María José Fernando: Estamos haciendo el ridículo El más absoluto ridículo. El afán de singularidad y diferenciación regional que ha aportado el Título VIII de la Constitución conduce a estos disparates que solo sirven para que una mayoría ciudadana se ponga de espaldas y menosprecie a sus representantes. Este país necesita hombres cabales. (Hombres, nombre colectivo para los machos y las hembras del género humano) La instalación de mequetrefes con carné, cualquier carné, en los órganos del poder local, regional y nacional conduce a, como decíamos ayer, la fabricación de submarinos de un solo uso y la implantación de nuevos nombres para idiomas, o dialectos, viejos. Es una tabla objetiva, ¿se puede considerar el lapao o el lapapyp, entre los cien primeros asuntos de la inquietud cívica en Aragón? Distanciarse de la demanda social, el primer síntoma totalitario, solo produce efectos contrarios a los pretendidos torticeramente por el poder establecido. Me gustaría decírselo, en lapao, a la presidenta Rudí, pero creo que ha metido la pata. A VIDAS EJEMPLARES LUIS VENTOSO POR QUÉ PASA LO QUE PASA Ninguna institución puede salir ilesa de la cacería constante y mendaz de ciertos programas de televisión L OS seres humanos somos falibles por naturaleza. O como diría mi abuelo de manera más elocuente: Todos tenemos un pelo en la nariz Imagínese que usted y su familia fuesen sometidos cada día a un escrutinio implacable, que una corte de tertulianos lenguaraces hurgase en su vida, sin atenerse siquiera a si lo dicho es verdad o un rumor descabellado. Siempre habría algo a lo que sacar punta. ¿Quién no pronuncia alguna vez una frase inconveniente o incurre en un mal gesto? ¿Quién no tiene un pariente tarambana? ¿Cuántos matrimonios pasan por altibajos o se rompen? No somos serafines bienaventurados. Todos cometemos errores, hasta los santos más píos o los personajes de leyenda. Pero Buda, Aristóteles, Gandhi, la Reina Gloriana, De Gaulle o Kennedy gozaron de una ventaja: sus figuras no eran despellejadas de sol a sol por cadenas de televisión abonadas a la carnaza. Hasta finales de los ochenta imperó un código no escrito, heredado de la Transición, que de facto vetaba las informaciones controvertidas sobre la Corona. Como somos un país de extremos, de aquella autocensura excesiva y tardofranquista se ha pasado a lo contrario: una cacería sin límites en nombre del espectáculo y las ventas, donde el principio de realidad ya importa poco, donde la demagogia gritona desplaza a los hechos. La puerta del todo vale contribuyó a abrirla un divo de la prensa, que envuelto engañosamente en la bandería monárquica, se dedica en realidad a intentar demolerla para pasar a la historia por ello, graficando así un ego hipertrofiado. Ese periodista importó las prácticas de la prensa tabloide, pero cuidándose de camuflarlas tras una fachada de aparente prensa seria (que no lo es) Al observar que un diario serio cargaba con saña contra la monarquía, aventando cieno sin problema, la televisión más sensacionalista y comercial vio el cielo abierto (por cierto, una televisión que en nuestro desdichado país es mayormente de capital extranjero) Consecuencia: barra libre. Tertulias de sal gruesa. Infundios sobre el jefe del Estado y o su familia. La bazofia amarilla vende, porque apela a nuestros instintos más básicos y porque es llamativa, pues al emitir sin autocontrol resulta abracadabrante. Parte de la ciudadanía española está alimentando su ocio con una información de alto colesterol, que consumimos de manera acrítica, como mero pasatiempo, pero que va horadando el prestigio de la Corona en el subconsciente colectivo. La monarquía tiene su razón de ser en la historia y sobre todo, en la ejemplaridad. A un pueblo le gusta verse reflejado en una familia y firma con ella un pacto constitucional para que lo represente. La familia, con algunos errores, como sucede en todo lo humano, en general está cumpliendo bien su papel. Pero su entorno ha cambiado. La familia ha sido sitiada por las televisiones. La han colocado en la pista central del circo, como protagonista involuntaria de un espectáculo de pim- pam- pum. ¿Qué institución saldría indemne de un acoso así? Ninguna. Es un sarcasmo lacerante que el principal medio desestabilizador de nuestro marco institucional sea una televisión que es propiedad de Silvio Berlusconi, condenado en su país por fraude fiscal y con un juicio en curso por prostitución de menores. ¿Es ese magnate de la comunicación el juez moral a quien debemos entregar los españoles la baremación de nuestro Gobierno y nuestra Casa Real? ¿No estamos haciendo el pánfilo al dejarnos narcotizar por un circo mediático foráneo, que no tiene más objeto que llenar bolsillos lejanos aun a costa de desestabilizar España? Manejar bien el mando de la tele puede constituir un revolucionario acto de civismo.