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ABC SÁBADO, 11 DE MAYO DE 2013 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA LAS HUMANIDADES DEL SIGLO XXI POR JAVIER MOSCOSO Lejos de encerrarse en sus despachos hasta que el temporal amaine, los humanistas deben tomar la iniciativa de su propia reforma institucional, lo que implica reflexionar sobre cuál es el papel que quieren desempeñar en el contexto de la sociedad civil y de la función pública A crisis económica, los recortes en las partidas de investigación o en la financiación de las universidades, están afectando a todas las ramas del saber, cualquiera que sea su metodología o su objeto de estudio. Los investigadores se quejan, con razón, de que en España no ha habido nunca un pacto de Estado de investigación y que los vaivenes políticos y presupuestarios comprometen las inversiones realizadas tanto en equipos como en recursos humanos. Una vez más en nuestra historia, se pierde lo invertido por falta de previsión, convirtiendo el presupuesto del pasado en el despilfarro del presente. Aun cuando la reducción de las partidas concierne por igual a las ciencias llamadas duras y a las humanidades, son estas últimas las que observan cómo a la reducción de sus ingresos se suma también un cierto descrédito social, promovido a veces desde la clase política y otras muchas, por cierto, desde las filas de los propios humanistas, que con más frecuencia de la que sería deseable suelen aborrecer de su universidad, de sus alumnos o de sus condiciones de trabajo. La recuperación del pulso político requiere, en el caso de las Humanidades, de tres condiciones inexcusables. En primer lugar, sus facultades y centros de investigación deben aceptar el principio elemental de rendición de cuentas. Aquellos tiempos en que los profesores de Universidad o los investigadores del CSIC podían comportarse como pequeños rentistas que, viviendo del erario público, se solazaban en un hermoso retiro espiritual (y material) sin que nadie ni nada pudiera perturbar sus dignos pensamientos, no solo representan una conducta caduca y trasnochada, sino una afrenta a los mismos ciudadanos, que exigen transparencia y seriedad a todas las instituciones del Estado. La rendición de cuentas supone abandonar la mentalidad propia de una nobleza de sandalia y reivindicar formas de actuación democráticas, donde los resultados de la investigación, así como el uso de los fondos gestionados, estén sometidos a procesos internacionales y públicos de evaluación. En segundo lugar, las Humanidades deben aceptar todas las consecuencias de los principios de jurisdicción universal que rigen en un Estado de Derecho. La endogamia, el acoso, los grupos de presión, los lobbies mafiosos, la falta de criterios escalables, las decisiones arbitrarias y la circunstancia de que las instituciones académicas hayan sido siempre reaccionarias en sus ideas y poco dadas al cambio, más por alimentar intereses corporativos que por defender políticas públicas, deberían sustituirse por una cultura de responsabila filosofía, como el nacimiento de la filología o de las misiones arqueológicas, por no hablar de la historia política o de la historia del arte, siempre estuvo ligada a los intereses de una alta cultura que servía a las demandas de legitimación política, ya fuera en los tiempos de Napoleón I, y su reforma del sistema de enseñanza, o en el modelo prusiano de estructuras académicas enormemente jerarquizadas. Como el resto de las Humanidades, la filosofía participaba del concierto de las naciones, hasta el punto de que las aspiraciones políticas de los gobiernos europeos pasaban, no pocas veces, por el ombligo de los filósofos. La resistencia de muchos colegas a las políticas de modernización no solo depende, entonces, de la coyuntura económica, sino de un apego a un pasado idealizado y a una visión romántica de su oficio, que nunca consistió tan solo en pensar y en escribir, sino en pensar y en escribir los sueños nacionales. La sustitución de una forma de subvención basada en el mecenazgo de los príncipes por otra sostenida por el aparato del Estado tenía contrapartidas políticas que, en cierta medida, los representantes públicos, pero también los propios ciudadanos, consideran ya cumplidas. L a crisis económica y política que nos azota está poniendo sobre la mesa la necesidad de que las Humanidades sirED. CAROSÍA van para esclarecer el presente no de sus propias corporaciones, como hacen, sino de la democracia europea del siglo XXI, como lidades colectivas, consciente de la posición que deberían. Víctimas de su propia excelencia, aula educación superior y la investigación tienen en sentes de los grandes debates que afectan al conla articulación democrática del Estado. junto de los ciudadanos europeos, sus facultades Por último, pero no menos importante, las Hu- y centros de investigación están siendo arrumbamanidades deben hacer valer los resultados de su das por dos grandes peligros. En primer lugar, por investigación antes que esperar un reconocimien- la progresiva amenaza de una ideología de los to espontáneo de sus saberes, muchas veces irre- grandes números que solo defiende y acepta mélevantes y caducos. La defensa corporativa de los todos cuantitativos de investigación. En segundo filósofos, con un lema de pésimo gusto ¿quién lugar, por políticas suicidas promovidas desde los teme a la filosofía? no parece el medio más ade- propios departamentos e institutos de investigacuado para encontrar aliados. Antes al contrario, ción. Lejos de encerrarse en sus despachos hasta estas expresiones ensoberbecidas reflejan poco que el temporal amaine, los humanistas deben más que el punto de vista de quien se considera tomar la iniciativa de su propia reforma institusuperior en sus razones e infalible en sus princi- cional, lo que implica reflexionar sobre cuál es el pios. Como el resto de los humanistas, los filóso- papel que quieren desempeñar, si alguno, en el fos no cobran del erario público por el miedo que contexto de la sociedad civil y de la función púpuedan producir sus ideas, sino por haber parti- blica; cuál es el lugar que ocuparán las nuevas gecipado, en mayor o menor medida, en la construc- neraciones (y no solo las viejas voces) en ese nueción de las identidades nacionales. La Arqueolo- vo escenario; qué nuevas formas de financiación gía, pero también la Historia, la Filología, y la Fi- proponen; cuál será el impacto social de estas nuelosofía, nunca fueron ni tan básicas ni tan vas Humanidades; en qué medida los resultados desinteresadas Por el contrario, han contribui- de la investigación tendrán interés local y reconodo durante los últimos 250 años a presentar las cimiento internacional; o de qué forma se potenaspiraciones políticas de los Estados como resul- ciarán, en el contexto de la nueva sociedad global, tado de una herencia cultural que se remontaba, formas cooperativas, presenciales y dinámicas de por ejemplo en el caso de Alemania, al pensamien- investigación. to de los antiguos griegos. En nuestros tiempos, vendría bien recordar que la figura administratiJAVIER MOSCOSO ES va bajo la que se subsumían los programas de inPROFESOR DE INVESTIGACIÓN DE HISTORIA Y vestigación en Humanidades no fue otra que paFILOSOFÍA DE LAS CIENCIAS trimonio La creación de un historia canónica de INSTITUTO DE FILOSOFÍA. CSIC L