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14 OPINIÓN LUNES, 6 DE MAYO DE 2013 abc. es opinion ABC A LOS CUATRO VIENTOS Dinero, dinero y dinero Rubalcaba desvela su estrategia para sacar a España de la crisis. Que no es otra que pedirle a Europa del fondo MEDE 40.000 millones de euros para financir al sector privado con créditos a corto plazo. Sobre lo que opinará Bruselas de prestar a España esa cantidad de dinero aún no se sabe nada. Pero nada indica que a Alemania y a los países del norte, que ya batallaron lo suyo contra la ayuda a las cajas quebradas españolas, estén por la labor de semejante medida de estímulo. Al menos no antes de haber terminado las reformas estructurales exigidas, e iniciadas por Rajoy. Se acabó blindar las amistades Es una gota en un océano. Pero es refrescante. El juzgado de lo social 19 de Madrid ha echado por tierra la reclamación de Juan Díez López, ex director general de FEVE, de una indemnización de 400.000 euros por su despido en febrero de 2012, con la llegada del nuevo Gobierno del Partido Popular. Díez López, amigo íntimo del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, había firmado su contrato justo un año antes y el juzgado entiende que el blindaje tenía como objetivo instrumentar una situación de privilegio. Suzanne Daley vuelve a la carga Después de su polémico artículo sobre el hambre en España, publicado el año pasado, la periodista de The New York Times vuelve a la carga, de nuevo con imágenes de Samuel Aranda. Ahora se trata de un reportaje sobre la corrupción en el que, partiendo del ejemplo concreto de la alcaldesa del pueblo zaragozano de La Muela, aborda esta lacra que tanta indignación está causando en la castigada sociedad española. Al menos, en esta ocasión reconoce que la corrupción no es un modo de vida en España y que no somos el país del sur de Europa más corrupto. EFE Soraya Rodríguez y Alfredo Pérez Rubalcaba POSTALES JOSÉ MARÍA CARRASCAL UN PAÍS BIPOLAR La última encuesta del CIS está llena de paradojas, pero se ajusta a la realidad española mejor que todas las anteriores H AY algo que no encaja en la última encuesta del CIS: si los españoles estamos a punto de estallar contra las medidas de ajuste del Gobierno, ¿cómo es que las instituciones mejor valoradas sean la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Ejército? ¿Cómo se compagina con la forma como los manifestantes arremeten contra las fuerzas de orden público en sus algaradas callejeras? Una de dos, o la última encuesta del CIS se equivoca o nos equivocamos los comentaristas al evaluar el grado y la tendencia de la indignación reinante. Pues admirar y embestir no casan. Al menos no casaban hasta hace poco y la crisis las haya hecho perder el sentido, como a tantas otras cosas y personas. Más bien pienso, sin embargo, que se debe a la sospecha que abrigo desde que comencé a contemplar España desde fuera, es decir, desde hace seis décadas. La sospecha, hoy ya casi certidumbre, es que los españoles nos creemos mayoritariamente de izquierdas, pero somos en el fondo de derechas. Dicho de otra forma: que presumimos de progresistas, pero somos conservadores. Me refiero, naturalmente, a la mayoría, no importa que vote PP o PSOE, continuistas ambos, hoy, incluso más el PSOE. Habiendo un pequeño gru- po no afiliado a ningún partido, que intenta salir adelante con lo más sano de ambas formaciones. Es la tercera España a la que Antonio Machado auguró que una de las otras dos iba a helarle el corazón. Es la única forma de explicar el paradójico fotomatón que nos ofrece la encuesta del CIS de abril. Los españoles consideramos la situación económica peor que mala, echamos pestes de los políticos, de los banqueros, de la Justicia, suspendemos incluso a la Monarquía, estamos, en fin, al fin de nuestra paciencia e indignación. Pero, luego, guardamos nuestra máxima confianza para los garantes del orden establecido. Es más, este aplauso a las fuerzas de seguridad tiene lugar cuando la inseguridad ciudadana aparece en la citada encuesta al final de nuestras preocupaciones: sólo con un 0,2 por ciento. O sea, no es la seguridad física lo que realmente nos preocupa, sino otra más profunda, que me atrevo a llamar miedo a lo nuevo. Se trata de la vieja esquizofrenia, de la sempiterna bipolaridad de este país. Protesta de todo lo existente, pero se opone con todas sus fuerzas vivas e incluso muertas a cambiarlo y, naturalmente, no se cambia. Lo malo es que ahora los cambios nos vienen impuestos desde fuera, surgiendo ahí otra de sus paradojas: tanto los españoles de izquierda como los de derecha se proclaman europeístas. Pero rechazan las directrices que Europa nos marca. ¿O es que somos proeuropeos de labios para afuera y antieuropeos de corazón y mente? En cualquier caso, creo que esta encuesta del CIS marca un importante giro respecto a las anteriores: los españoles empezamos a darnos cuenta de que nuestro lampedusiano hábito de cambiar para continuar lo mismo no nos lleva a ningún sitio y que muy pronto no nos quedará más remedio que cambiar, pero de verdad. Lo triste es que, para ello, no veamos mejores garantes que la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Ejército, teniendo ya constitución, parlamento, partidos y elecciones libres. ¿Tanto miedo nos tenemos a nosotros mismos? ¿O tanta desconfianza? CARTAS AL DIRECTOR Cooperación catalana Es lamentable que el director de la Agencia Catalana de Cooperación haya cargado contra Extremadura para justificar la deuda catalana con las ONG. La realidad es que el organismo encargado de la solidaridad en Cataluña es desde hace años demasiado conocido por su pésima gestión: anticipos a directivos que no son devueltos; tarjetas bancarias a nombre de personas que no trabajan; incoherencias en las subvenciones concedidas y fiestas que cuestan cientos de miles de euros para supuestamente ayudar a los más pobres. Y encima su director cobra un 30 por ciento más que en otras autonomías. Los políticos catalanes deberían hacer alguna vez un poco de autocrítica en vez de acudir al discurso fácil del victimismo y echar la culpa a los demás. JUAN SÁNCHEZ MANRUBIA BARCELONA La espiral del silencio Los presos etarras lo están por haber extorsionado, torturado y asesinado. Están condenados respetando todas las normas de Derecho; pueden acceder a beneficios penitenciarios y reinsertarse. Pero ni lo reconocen ni quieren. Antes, los etarras pretendieron imponer su proyecto político totalitario mediante el engaño, el terror, las bombas y las pistolas; ahora continúan haciéndolo con demagogia y populismo, foros y ponencias mediatizadas, con dialéctico chulesco, manipulando el lenguaje y la buena fe de los ciuda-