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ABC VIERNES, 26 DE ABRIL DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL BURLADERO UNA RAYA EN EL AGUA CARLOS HERRERA EL EJEMPLO DE AENA Aena, en pocas palabras, puede ser otra Telefónica, y para eso debe huir de políticas regionales y menores E L ejemplo de gestión de la empresa pública Aena ofrece una idea de por dónde puede el Estado liberarse de rémoras y optimizar alguno de sus patrimonios. Hasta hace no demasiadas fechas, Aena presentaba un balance de generación de caja negativo, en torno a los 600 millones de euros cada año. Esos 600 ahora se han tornado positivos. ¿Cómo? No es sencillo, pero tampoco imposible de comprender: un ERE de 1.300 personas pactado con los sindicatos, una reducción del 20 en gastos de proveedores, una optimización de recursos propios y un aumento en curso de las tasas aeroportuarias (los que tienen que pagar las tasas son las compañías aéreas y los pasajeros que las utilizan, no todos los españoles) Las tiendas Duty Free de los aeropuertos españoles no se licitaban desde hace más de treinta y dos años por un sencillo mecanismo de dejadez. Ahora sigue siendo Aldeasa quien las gestiona, pero pagando a precio de mercado, que es más del doble. Y sigue siendo negocio; tanto es así que Benetton, su propietario, experimentó fuerte aumento en bolsa el día que se firmó el nuevo acuerdo. Se ha llegado a nuevos tratos con las empresas de limpieza o con el personal que presta sus servicios en lugares como Barajas y se ha evitado un gasto cercano a los 8 millones de euros mediante el sencillo procedimiento de cobrar por el uso de carritos de transporte de equipajes en los aeropuertos españoles. Vayan sumando. En Barajas, donde se come mal, donde hay menos oferta que en El Prat, por ejemplo, se ha abierto concurso para la entrada de nueva oferta con nombres como Kabuki o Starbucks a precios superiores a los precedentes por la concesión. Por demás, Aena ha disminuido sensiblemente su red de inversiones innecesarias y ha hecho oídos sordos a la creación de caprichos locales del tipo nuevas pistas o nuevas terminales. Aena padece una deuda financiera de 12.000 millones de euros que hay que ir renegociando poco a poco y amortiguando a medida que la generación de caja permita no sólo pagar los intereses. Con ello se convertirá en una empresa digna de ser privatizada. Pero privatizada en bloque, no parte a parte ya que es la primera operadora en volumen de pasajeros y su fraccionamiento significaría que acabara cayendo en manos de otros aeropuertos de esa gran empresa global que son los servicios aeroportuarios. Barajas, sin ir más lejos, representa infraestructuras no sobreexplotadas con una capacidad sobrante del 30 por ciento aproximadamente, además de ser una puerta de entrada a un estilo de vida y un lazo de poderosa interacción con Hispanoamérica. Aena, en pocas palabras, puede ser otra Telefónica, y para eso debe huir de políticas regionales y menores. La ministra Ana Pastor ha inspirado este criterio de gestión privada y José Manuel Vargas la ha llevado a cabo. Vender aeropuerto a aeropuerto puede significar algo más de dinero en total, pero matas la gallina. Te llevas el pescado, pero has vendido la caña. En España hay 46 aeropuertos, de los cuales 28 generan caja positiva. 18, por lo tanto, generan caja negativa y, al parecer, nunca serán rentables. Pero políticamente parecen inevitables. Poner todo eso en orden ha supuesto algún trabajo, aunque se ha llevado a cabo y no sería de extrañar que pudiera extrapolarse a otros ejemplos públicos. Gestionar como si la empresa fuera tuya, y no de ese ente a veces vaporoso que es el Estado. Gestionar sin hacer caso a esa frase que se ha venido repitiendo durante tantos años cuando se negociaban diferentes aspectos de la compañía que engloba a los aeropuertos españoles: ¿Y a ti que más te da? Eso decían siempre los que vivían de la pereza escénica de los gestores. Ahora van descubriendo que sí que da y el beneficio repercute en todos. IGNACIO CAMACHO SÍNDROME DE ANGUSTIA Con seis millones de parados es imposible vender expectativas. El tiempo de la gente es distinto al de la política A bajará contestó un imperturbable Rajoy cuando le fueron a comunicar, hace un año, que la prima de riesgo había alcanzado la zona roja que marcaba la expectativa del rescate. Y la prima bajó, en efecto; pero con el paro, el verdadero indicador de la temperatura social del país, no caben actitudes contemplativas porque no está sujeto a los factores volátiles de la especulación financiera. El desempleo es una catástrofe estructural que no admite el manejo de los tiempos propio de la política, sobre todo cuando cada jornada que pasa suma 3.581 nuevas víctimas. Las cifras son sólo la señal de alarma que conmueve periódicamente a la opinión pública; la sociedad ya lleva varios años sintiendo día a día en silencio la punzada de una tragedia insondable que aniquila esperanzas a la misma velocidad que destruye futuros. Con seis millones de parados es imposible vender expectativas. El tiempo de la gente es distinto al de la política. Aunque la recuperación puede resultar una hipótesis verosímil en el análisis del comportamiento de la macroeconomía, nadie va a aceptarla en el marco de una destrucción masiva del empleo que abrasa la realidad de las empresas y de las familias. La ansiedad que genera el paro desborda la paciencia social y constituye un factor de desgaste al que el Gobierno no puede oponer sólo una súplica de aguante. Por necesaria que resulte. Hay un problema de angustia que distorsiona la agenda pública introduciéndole una urgencia elemental, perentoria. La acción del Gobierno, basada en la necesidad de purgar una economía gravemente enferma, necesita unos plazos que el país ya no concede. El asunto concierne a la credibilidad general del hecho político. El presidente, acostumbrado al hermetismo estoico, resiste en solitario el chaparrón confiado en las virtudes de la espera; su calendario descuenta estos meses lúgubres como parte de una catarsis necesaria. Encontró una situación desesperada y pretende tocar fondo en ella antes de iniciar un lento despegue. La sociedad, sin embargo, tiene una emergencia prioritaria porque la crisis está destrozando su entereza; las clases medias se deshacen y la pobreza se abre paso con grave riesgo de cronificarse en amplias capas sociales. En sus primeros quince meses el Gobierno no ha podido apuntarse un solo éxito visible más allá de impedir el rescate; lo que pide es un acto de fe de unos ciudadanos a los que el drama sólo ofrece motivos para ser escépticos. Sin otro relato que el de la resistencia, y aun éste mal construido y peor comunicado, no sólo pierde crédito el poder sino la política misma. Hay un riesgo de que la quiebra sociolaboral provoque una fractura de los sentimientos que sostienen el vínculo democrático. La fe sin resultados no funciona en el marco político. Y la descreencia abona el terreno para los predicadores oportunistas de religiones sucedáneas. Y 110 AÑOS DE HUMOR GRÁFICO EN ABC Joaquín Xaudaro (20 10 1927) ¡Ay, nenito! Cuando pienso que puedo caer muerta en tus brazos... -No digas locuras... ¡Sería una catástrofe!