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ABC MIÉRCOLES, 17 DE ABRIL DE 2013 abc. es AGENDA 69 LILLY PULITZER (1931- 2013) NECROLÓGICAS DAMA DE LA MODA MUY AMERICANA ARA escribir el obituario de Lilly Pulitzer resulta complicado no utilizar anglicismos culturales como waspy preppy o el oficioso título de true american original que Estados Unidos suele otorgar a sus creadores más genuinos. Y es que la clave en la saga de esta accidental diseñadora de moda se encuentra en su metafórico vestuario de eternos y sofisticados veranos- -que plasmado a través de una favorecedora sobredosis de estilo, comodidad, luminosos colores y motivos tropicales- -logró cautivar a toda una generación de mujeres americanas. Al igual que muchas de sus clientas, Lilly Pulitzer era una mujer de cierto nivel. Su madre era heredera de una parte de Standard Oil, el fabuloso pero cuestionado imperio petrolero acumulado por John D. Rockefeller. Sin embargo, ese ambiente de privilegio asegurado no hizo exactamente previsible a la niña educada en un internado de Connecticut. A los 21 años, Lilly se fugó con Herbert Peter Pulitzer Jr. también multimillonario heredero del santo patrón del buen periodismo en Estados Unidos. La pareja se afincó en Palm Beach, Florida, uno de esos reductos costeros que funcionan como exclusivos refugios estacionales para las grandes fortunas americanas. Tres hijos después, Lilly sufrió lo que en aquellos tiempos se conocía como una crisis de nervios Para salir de su profunda depresión, un médico le aconsejó en 1957 que se entretuviera con algún tipo de hobby En sintonía con sus peculiares gustos, Lilly optó por utilizar como terapia ocupacional los cítricos cultivados en los campos propiedad de su marido. Hasta el punto de montar un puesto de zumos en Palm Beach, una actividad que le distraía pero que le dejaba la ropa surtida de visibles manchas. Puesta a buscar soluciones, se compró una tela con un estampa- P Lilly Pulitzer nació el 10 de noviembre de 1931 en Palm Beach (Florida) y falleció el 7 de abril de 2013 en Long Island (Nueva York) Fue diseñadora y empresaria textil. Su madre era heredera de una parte de Standard Oil, el fabuloso pero cuestionado imperio petrolero acumulado por John D. Rockefeller. do especialmente intenso para disimular las condecoraciones de su trabajo. Y le pidió a su costurera que le hiciera un simple vestido, con un corte sin mangas que facilitase el trabajo manual. Lilly, según su propia leyenda, comprobó que su colorista improvisación gustaba mucho. Hasta el punto de ampliar la oferta de su pequeña tienda con un surtido de vestidos como el suyo. Y en poco tiempo, al vender bastante más ropa que frutas, la entonces señora de Pulitzer decidió asociarse con una amiga, Laura Robbins Clark, y transformar su chiringuito en una empresa de moda que terminaría por facturar millones de dólares. El lilly debutó en 1959 como un alarde de conspicua comodidad. Y a lo largo de los años sesenta, ese estilo basado en estampados rompedores en algodón no hizo más que ganar popularidad hasta que llegó a apoteosis fashionista cuando Jacqueline Kennedy antigua compañera de colegio de la diseñadora lució uno de estos vestidos en un reportaje veraniego de la revista Life Pero el éxito de su negocio no se contagió a su matrimonio con Peter Pulitzer. Tras divorciarse, se casó rápidamente con Enrique Rousseau, un abogado y hotelero cubano fallecido hace una década. Lilly Pulitzer pareció agotar su rentabilidad en la década de los ochenta. Pero en 1993, la marca fue resucitada por la empresa Sugartown Worldwide, para ser adquirida después por al compañía Oxford Industries. Famosa por las fiestas que le gustaba organizar, Lilly siguió trabajando hasta el final de sus días en colecciones que según la revista Vanity Fair hacían desaparecer las fronteras entre mujer y niña, madre e hija, experiencia y inocencia Y según ella reiteraba: El ser feliz es algo que nunca se pasa de moda PEDRO RODRÍGUEZ RAYMOND BOUDON (1934- 2013) ELOGIO DE LA SENSATEZ CRÍTICA B Raymond Boudon nació en París el 27 de enero de 1934 y allí ha muerto el 10 de abril de 2013. Fue uno de los grandes sociólogos de su tiempo, partidario de Tocqueville y alérgico a las corrientes marxistas. oudon fue víctima, en España, del ostracismo de los intelectuales alérgicos a las corrientes marxistas y socialistas, cuando su obra recibía el reconocimiento universal debido a los grandes maestros capaces de repensar los fundamentos de su disciplina, la sociología. Antiguo alumno de la legendaria Escuela Normal Superior, de la calle de Ulm, Boudon estudió filosofía y emigró muy pronto a los EE. UU, donde sus primeros estudios de sociología se enriquecieron con el trato de otras disciplinas científicas. Su primer libro, La desigualdad de oportunidades (1973) relativamente tardío, se convirtió en un ensayo canónico, muy pronto. Raymond Aron dirigió algunos de sus estudios posteriores, enriqueciendo las disciplinas sociológicas con puntos de vista muy personales: crítica muy aguda de la ideología (en la estela de Hanna Arendt) rescate de Alexis de Tocqueville (el gran patriarca francés del pensamiento liberal) crítica racional del inmoralismo y relativismo que comenzaron a crecer con los años 80 del siglo XX, restauración de los valores morales, considerados como motores de la acción ética, individual. Muy al contrario que muchos de sus colegas sociólogos, Boudon consideraba que el individuo era la matriz primera (el átomo de la vida social. Y proponía estudiar la dinámica social a través de los motores que animan la vida de los individuos, libres y soberanos, rescatados del colectivismo que los convierte en sujetos pasivos de fuerzas más o menos sonámbulas. Tras repensar los fundamentos del pensamiento sociológico, Boudon consagró tres grandes libros a refundar la democracia y el liberalismo. ¿Porqué los intelectuales no aman el liberalismo? (2004) resumía de manera crítica y divertida un divorcio que Raymond Aron ya había tratado en El opio de los intelectuales Tocqueville, hoy (2005) contribuyó a reinstalar al gran patriarca liberal entre los grandes clásicos del pensamiento moderno. Desaparecido un poco prematuramente, había conseguido un reconocimiento universal que no siempre tienen sus colegas más traducidos y ensalzados en España. Nos deja un legado de indispensable recuperación. Amén. JUAN PEDRO QUIÑONERO