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ABC SÁBADO, 30 DE MARZO DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL BURLADERO CARLOS HERRERA MENOS MAL QUE NOS QUEDA LA UCO La chusca imagen del sindicalista Lanzas repartiendo sobres en una cafetería es la caricatura final del proceso L A UCO es una de las fortunas de España, como siempre que se topa uno con algo relativo a la Guardia Civil. Es la Unidad Central Operativa, una suerte de policía judicial que investiga todo tipo de delitos, con especial incidencia en los económicos, telemáticos, medioambientales y los relacionados con drogas, capitales y diversa gente de mal vivir. La UCO es una síntesis de lo que siempre se puede esperar de la Guardia Civil: lealtad, profesionalidad, patriotismo, esfuerzo y decencia. Y eficacia, como se ha demostrado en el caso de los ERE falsos en Andalucía. En la investigación de un caso como el que acucia las estructuras de la Junta de Andalucía se han dado dos factores determinantes: una juez persistente y unos investigadores insobornables. Todas las novedades procesales que hemos conocido esta semana se han producido gracias al trabajo discreto y pertinaz de los hombres y mujeres de la UCO, los cuales han dedicado capazos de horas a desvelar la estructura de una pirámide inaudita de estafa y mangoneo. Ha sido el trabajo de una mujer obstinada en la búsqueda de la verdad, poco dada a la renuncia merced a las presiones o a los palos metidos en las ruedas, Mercedes Alaya, y a los tipos del Grupo de Delitos Económicos gracias a quienes hemos sabido que desde 2005 o antes se estableció un lucrativo negocio para algunos mediante el sencillo sistema de utilizar los fondos públicos en beneficio propio. Cuando algunos señalan que el caso de los ERE falsos se limita a unos cien individuos colados en regulaciones de empleo concretas, están refiriéndose a la espuma de un proceso mucho más profundo. Los falsos trabajadores metidos a calzador en ERE de determinadas empresas no son más que folclore. Folclore de pícaros mangantes, pero folclore. El negocio consistía en disponer de cientos de millones de euros durante muchos años para buscar empresas necesitadas de ayuda y encontrar los intermediarios aseguradores a los que pagar cantidades infladas con la correspondiente orden de repartir parte del sobreprecio. Todo ello gracias a un sistema que eludía controles gracias a la disposición paralela mediante la que se procedía. Dos consejerías, Empleo e Innovación, servían de canalización y una serie de intermediarios hacían el trabajo sucio. Así se buscaba a quién se le prometía pagarle el qué y se le recordaba que debía repartirlo La chusca imagen del sindicalista Juan Lanzas repartiendo sobres en una cafetería cercana al Parlamento andaluz es la caricatura final del proceso. La investigación que llevan a cabo Alaya y la UCO precisa de indudables medidas de prudencia y contención. En el momento en el que impute a un aforado cosa que antes o después habrá de ocurrir le será arrebatada la instrucción. De llegar al Tribunal Supremo antes de tiempo podríamos encontrarnos con que todo acabe diluido en el inmenso océano de indolencias que asola a todo proceso con más de dos mil folios. Normalmente, en el Supremo, eso equivale a absolución. Puede que el TS devuelva el caso a la instructora y le pida que continúe, pero también puede que eso no ocurra y que el par de toneladas de folios de este proceso se quede, una vez más, en nada. Alaya lo sabe y lo sabe también la gente de la UCO, con lo que no vale la pena acelerar un asunto al que le queda, en el mejor de los casos, medio año de pesquisas e interrogatorios. De lo que acabe declarando, por ejemplo, Antonio Fernández, exconsejero de Empleo, depende buena parte del devenir del mismo. Y de lo poco o mucho que se reblandezca la obstinada omertá a la que está autosometido el tal Guerrero, director general de los ERE, pende el resto. Y de la aclaración de alguna de las contradicciones del interventor también. En resumen, nos vamos a divertir. Buen trabajo de la juez y, una vez más, de la Guardia Civil. UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO LA LLAMADA DE LA SANGRE Por su arraigo comunitario, popular, la Semana Santa es también una celebración ecuménica, una fiesta del respeto AY un entrenador español de fútbol que incluye una curiosa cláusula en sus contratos. Esté donde esté, trabaje donde trabaje, en España o en el extranjero, se juegue un descenso o la final de un campeonato, obliga a sus equipos a autorizarles por escrito que la Madrugada del Viernes Santo podrá estar en su pueblo- -de Sevilla- -para sacar a su Virgen de costalero. Se lo prometió a su padre, que lo inició en esa devoción, y no firma si no se le garantiza la posibilidad de acudir a esa ancestral llamada de la sangre. Porque de eso se trata, al fin: de una voz que desde el fondo de los siglos apela a la tradición, a la fe, a los sentimientos y a las pasiones. La Semana Santa no se puede separar de la religión, sin cuyos misterios del sacrificio y de la redención apenas resultaría un trivial teatro callejero, pero su fuerza social reside en su carácter abierto. Abierto a la belleza, a la sensualidad, al arte y a la memoria. Y también a una especie de comunión de fraternidad humana; conozco a muchos agnósticos que salen de nazarenos porque así se sienten vinculados al resto de su comunidad en un rito anual de encuentro con su cultura. Unidos en la liturgia penitencial con las raíces de su pueblo. Hace pocos años, en la localidad gaditana de Trebujena, un feudo tradicional del sindicalismo agrario, los comunistas que iban a salir para una manifestación en Sevilla fueron los primeros en acudir a salvar las imágenes de un incendio en la iglesia. En un impulso espontáneo trituraron de un solo golpe la rancia reminiscencia de esa izquierda quemaconventos que aún suscita cierta nostalgia en desnortados sectores del laicismo posmoderno. No fue una estampa del Don Camilo de Guareschi sino una demostración del arraigo que los santos -como ellos decían- -poseen en la identidad popular, en la forma de vida comunitaria. Esa llamada interior vertebra una parte sustancial de nuestra convivencia colectiva. Bajo los pasos sudan como costaleros ciudadanos de todas las ideologías agrupados en el mismo sacrificio, en la sublimación física y simbólica del trabajo. La Semana Santa, como fiesta del regreso que también es, los reúne en torno a un sentimiento de pertenencia, igual que marca el tiempo del retorno de muchas familias emigrantes a la geografía de sus recuerdos. Ocurre incluso dentro de las mismas ciudades, donde las cofradías representan la recuperación anual de la memoria de los barrios y les devuelven a los núcleos históricos el protagonismo esencial arrebatado por la moderna configuración urbana. Eso sí, nada de ello sería posible sin la centralidad de la fe, eje de la conmemoración y médula, como en la Navidad, de su sentido metafísico. Sin embargo, la importancia de esta celebración cenital es su capacidad unificadora, su potencia ecuménica: ese lazo espiritual que la convierte en una insólita, imprescindible fiesta del respeto. H 110 AÑOS DE HUMOR GRÁFICO EN ABC Martínmorales (2 IV 2010)