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46 CULTURA MIÉRCOLES, 27 DE MARZO DE 2013 abc. es cultura ABC Vida, sexo y muerte bajo las cenizas de Pompeya y Herculano El British Museum resucita el lado más doméstico y cotidiano de las dos ciudades BORJA BERGARECHE CORRESPONSAL EN LONDRES Su mundo desapareció en 24 horas. Vivían sin saber que bajo las laderas fértiles del Vesubio latía el germen de su propia destrucción, que llegó por sorpresa en el año 79 antes de Cristo. Los habitantes de Pompeya, entre 12.000 y 15.000 personas, y los de la vecina localidad costera de Herculano, con unos 4.000 habitantes, murieron sepultados por sus propios techos, asfixiados por los gases tóxicos de la erupción, o carbonizados por un flujo abrasador de roca y aire ardiendo que se abalanzó sobre Herculano a 30 metros por segundo y 400 grados de temperatura. Una nube volcánica de 35 kilómetros llevó la oscuridad a la bahía de Nápoles. La falta de visibilidad impedía la huida a los pompeyanos, que tuvieron unas pocas horas más de vida. Pero su mundo había sido el del aire fresco que disfrutan los actuales visitantes cuando recorren sus calles ordenadas, con el volcán al fondo. Un universo urbano de placeres cotidianos que desvela con sorprendente ternura la exposición que inaugura mañana el British Museum: Vida y muerte en Pompeya y Herculano La muestra actúa como una varita mágica que insufla vida a las piedras muertas, reconstruyendo con sorprendente eficacia a través de 450 objetos (algunos no habían salido nunca de Italia) aquellas escenas que solo la imaginación del turista podía hasta ahora recrear. Y la vida romana que enseña está muy lejos del rugido de los gladiadores. Pompeya y la pequeña Herculano eran localidades cosmopolitas con una fuerte proporción de esclavos libres entre sus ciudadanos. Se estima que Pompeya debió tener entre 9 y 30 burdeles, la misma ciudad en cuyas paredes se han encontrado más de 50 graffitis con citas del poeta Virgilio. Un mundo de escenas tabernarias y conversaciones de alcoba que lleva a The Times a proclamar que Sexo en Nueva York ya lo descubrieron los romanos. Pompeya y Herculano eran dos ciudades ordinarias que tuvieron un final extraordinario, y es esa ordinariedad la que nos dice tantas cosas de la vida de los romanos explica Paul Roberts, comisario de una exposición estructurada siguiendo la vida en las calles y en las diferentes estancias de las casas después. En ellas, las familias de Pompeya se retrataban con sorprendente afán ilustrado e igualitario. Una de las pinturas muestra a Terentius Neo y su mujer codo con codo. Él sujeta un pergamino enrollado, símbolo de poder aso- Moldes de escayola para los muertos La erupción del Vesubio en el año 79 a. C. creó el infierno en la tierra para Pompeya y la vecina localidad costera de Herculano. De los habitantes de ésta solo quedaron algunos huesos. Un flujo volcánico a 400 grados arrasó con todo. Pero en Pompe- ya el menor calor generó costras de ceniza volcánica en torno a los retorcidos cuerpos de sus habitantes. En el siglo XIX, los arqueólogos inyectaron escayola en el vacío que dejó la muerte para crear moldes humanos. La exposición muestra varias copias de los originales napolitanos, como el niño de la imagen. ciado a cargos públicos, y ella abraza a una tabla de escribir en alusión a su estatus intelectual. El papel de la mujer era muy diferente al de otras sociedades, como la griega dice Roberts. Burdeles Se estima que Pompeya debió tener entre 9 y 30 Exposición Se han reunido 450 objetos (algunos no habían salido nunca de Italia) Equilibrio entre sexos Un buen ejemplo es la estatua de la sacerdotisa Eumachia, que guarda todavía el color rojizo de su cabello. Sufragó de su bolsillo el edificio más grande del foro pompeyano, y el reconocimiento que concitaba es evidente. No quiere decir que fueran iguales, no lo eran, porque no podían votar o asumir cargos públicos, pero mujeres como Eumachia constituyen un nuevo estrato de la sociedad romana cree. También las desinhibidas escenas de sexualidad conyugal que muestran algunos de los frescos más llamativos de la muestra apuntan a ese equilibrio (relativo) en las relaciones entre sexos. En un fresco encontrado en la Casa de Lucius Caecilus, la pareja parece entretenida con las posturas sexuales, ella de espaldas, desnuda y reclinada sobre él, mientras un esclavo difuminado al fondo espera sus instrucciones. La pintura colgaba en el patio de la casa, a la vista de todos. Como explican los responsables de la exposición, los romanos estaban muy habituados a las imágenes de erotismo y sexualidad, que a menudo veían como símbolos de fertilidad, superstición o, simplemente, de humor Es ese sentido del humor el que explica algunas imágenes más subidas de ANTES DEL DILUVIO EN CAIXAFORUM MADRID Mesopotamia: cuando los hombres inventaron el futuro MANUEL DE LA FUENTE MADRID La historia del hombre ha caminado lentamente, y a menudo sin que faltasen los trompicones. Pero, a veces, nuestra especie ha dado gigantescas zancadas lanzándose osadamente hacia el futuro. Hace mucho muchísimo tiempo, antes incluso de la venganza divina del diluvio, hace más de tres mil años, un grupo de nuestros congéneres decidió ser protagonista principal de esta historia. Descubrieron una tierra inhóspi- ta pero fértil, en las prósperas marismas de los ríos Tigris y Éufrates, y allí que decidieron asentarse, con un sueño que estaban dispuestos a hacer realidad: la construcción de las ciudades. Y empezaron a poner los cimientos de lugares como Uruk, como la Ur donde legendariamente se cuenta que naciera el patriarca Abraham. Aquellos pueblos mesopotámicos cambiaron el devenir de la raza humana. Comenzaron a levantar grandes urbes en las que convivían miles de personas. Nació el urbanismo, nació la división social del