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14 OPINIÓN POSTALES PUEBLA MIÉRCOLES, 27 DE MARZO DE 2013 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL NUESTROS ESCRACHES Se trata de una de las más viejas tácticas de la izquierda: desde una superioridad moral que ha demostrado no poseer, acosar a la derecha físicamente E entero por Ruiz- Quintano (que me lleva a la mala costumbre de empezar a leer ABC por la contraportada) de que la última moda política, el escrache viene de Argentina, como cacerolada manifestación ruidosa, o la mano de Dios meter goles con la mano. No por nada, Cortázar y Borges eran argentinos. Pero escaches huele a inglés por todas partes. significa arañazo en la piel, en la carrocería de un coche, rozadura. En cualquier caso, algo poco agradable. Pero usando un término extranjero, inglés a ser posible, suena no sólo mejor, sino que incluso resulta atractivo. Es una de las tácticas favoritas de la izquierda, que llamó democracia real al estalinismo y luchadores por la libertad a los que acababan con ella. Por cierto, ¿cómo se dice paraíso del proletariado en ruso? Ahora que la mayoría de las cuentas millonarias en los bancos de Chipre son rusas podrían aclarárnoslo. Pero volvamos a nuestros escraches. Su problema no es su nombre, sino sus hechos: acosar a los dirigentes del PP y a sus familias. Cuando hemos convertido el acoso sexual en un grave delito, resulta que la nueva izquierda se arroga el derecho de acosar de palabra y obra no sólo a los que ha condenado sin juicio, sino también a sus esposas e hijos. De nada les sirve tener inmunidad parlamentaria, sino que tanto ellos como sus familiares se ven expuestos a tal hostigamiento, con el aspecto de cacería, en la que sólo faltan los perros, aunque no faltan trompas, insultos, amenazas y pancartas enarboladas como armas. Todo, ante la pasividad de las fuerzas de orden público y unos jueces que bastante tienen con sus enfrentamientos internos. Lo que no impide que se trate de una agresión de palabra y obra, agravada por el hecho de incluir a inocentes. Si un español arma la marimorena por un en su coche ¿qué no va armar por un arañazo a los suyos? Siendo esto grave, lo que hay detrás es gravísimo: la arrogancia de unos individuos que se creen con derecho a tomarse la justicia por su mano. O sea, la quiebra del orden público y de la seguridad ciudadana, lo peor que puede pasar a un país. Se trata, sin embargo, de una de las más viejas tácticas de la izquierda cuando no puede ganar en las urnas. Desde una superioridad moral que ha demostrado por activa y pasiva no tener, se arroga el privilegio de asediar indiscriminadamente a personas que considera han cometido directa o indirectamente injusticia. Cuando la mayor vulneradora de la Justicia es ella. Estamos ante la versión urbana de lo que el famoso salteador de fincas y supermercados Gordillo practicaba en Andalucía. Impunemente. Y encima, reciben subvenciones. Esto empieza a oler a los años 30 del siglo XX que apesta. M CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC RÉGIMEN ANDALUZ Andalucía es un régimen. Régimen socialista. Que es el modo cortés de decir parasitario O es en rigor una Comunidad Autónoma Es algo mucho más serio. Y más difícil de arreglar. Andalucía es un régimen. Nacido del fracaso de otro, para cuya configuración le fuera atribuida función de experimento: el régimen de medio siglo mínimo, que profetizara para España Felipe González al iniciarse los años ochenta. Régimen socialista. Que es el modo cortés de decir parasitario. Desde aquel epicentro de la eufórica corrupción a gran escala, el PSOE configuró su máquina de guerra. Aprendida en los modelos caudillistas hispanoamericanos, tan a medida de saber, ética y estética de sus líderes: plata o bala Había dinero de sobra para comprar fidelidades. Las ayudas europeas eran un fondo infinito y sin control. Y el laboratorio andaluz iba a servir para poner a prueba los límites de su saqueo. Y esos límites revelaron ser ninguno. Ya antes del bandidaje al por mayor que fue la Expo sevillana. Compraron todo y a todos. Cada cosa en su precio: no es lo mismo asegurarse el voto de un jornalero en el límite de la miseria que blindar la devoción de un constructor agradecido. Para el primero, basta una limosna, adecuadamente exhibida como bondad del partido que se sería arrebatada si llegara la insaciable derecha. Con el segundo, se requieren contrapartidas muchísimo más sólidas. De las cuales pueda el partido, a su vez, llevarse un bonito N pellizco. Que el primer tramo del AVE fuera, contra toda lógica económica, no un enlace con Europa, sino un tren de cercanías para el cómodo disfrute del cortijo sevillano en fin de semana, sólo puede entenderse de ese modo. Los señores mandaban en Madrid, pero su feudo y regocijo estaba al sur de Despeñaperros. Faltó poco para que el modelo andaluz fuera impuesto en toda España. De haberse logrado, estaríamos ahora en situación bastante más frágil que la de Chipre. ¿Qué falló? Un exceso de confianza, puede. Los de González y Guerra habían adquirido en su laboratorio bético tal certeza de omnipotencia que no vacilaron en apostar por formas excesivamente manifiestas de delito. Sus mentores tercermundistas habían apostado a eso. Y habían ganado. En la Argentina peronista, en el México del PRI, en el cuartel del panameño Torrijos, en la homicida cleptocracia de Carlos Andrés Pérez... Por fortuna, el cálculo fue excesivo. El robo, en torno a Filesa, y el terrorismo de Estado, en torno al ministerio de Barrionuevo, dieron con la dirección felipista en la vertical de la cárcel. Pagaron unos pocos, porque, a pesar de todo, el pánico de ver desmoronarse el sistema asustó incluso a sus oponentes. Pero, después de aquel deshonor, soñar en una España a la andaluza era airear una pesadilla. Se replegaron en el feudo. Lo blindaron. Desde aquel búnker, siempre sería posible retornar cuando las circunstancias fueran más favorables y el olvido hubiera allanado el camino. Andalucía es un régimen. Impermeable. Que pronto alcanzará la longevidad del franquismo. Treinta y tres años de poder omnímodo dan para alzar una red de clientelismo y de control social hermética. Desde los cafelitos del hermano de mi hermano hasta los ERE de Griñán y sus amigos, Andalucía ha seguido la trágica trayectoria de todas las economías subvencionadas. Hubiera podido ser la California española: lo tenía todo para ello. Y sólo ha sido ruina sobre ruina. Bajo el sórdido barniz de un parasitismo políticamente muy rentable. Sí, claro que tiene razón la juez Alaya: la corrupción no ha sido allí accidente, ha sido norma. Ellos llaman a eso socialismo.