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ABC MIÉRCOLES, 27 DE MARZO DE 2013 abc. es ENFOQUE 5 Imagen tomada en los años 50 de la habitación del Papa Pío XII Uno de los dormitorios de Casa San Marta, donde vivirá el Papa EFE Vivirá en Casa Santa Marta La habitación de un Papa JAIME GONZÁLEZ La contraposición que los agudos observadores vaticanos han levantado, como si fuera un muro, entre la austeridad del Papa Francisco y sus antecesores en la silla de Pedro rozó ayer el paroxismo del absurdo: El Papa ha renunciado al lujo del apartamento pontificio sentencian. Y para apoyar el titular hablan de los imponentes salones con suelos de mármol profusamente decorados en los que vivían los Papas desde que Pío X decidió instalarse, en 1903, en la tercera planta del Palacio Apostólico. La primera foto del dormitorio papal fue tomada en los años cincuenta durante el Pontificado de Pío XII por el doctor Ricardo Galeazzi- Lisi. La imagen muestra un cuarto de una austeridad abrumadora: una cama en medio de un frío suelo de baldosas; un poco más al fondo, una silla y una mesa. Eso era todo. Lo que resulta inquietante es la ignorancia suprema de esa legión de exégetas que han convenido en que el lujo del apartamento pontificio el pisito lo llaman era un legado de suntuosidad extrema. Pues bien: el cardenal Giusseppe Sarto, patriarca de Venecia, fue elegido Papa el 4 de agosto de 1903, tras la muerte de León XIII. Pío X se negó a abandonar la humilde habitación que le habían asignado durante el Cónclave, razón por la cual el apartamen- to pontificio pasó a situarse en la tercera planta, un reino de la simplicidad propia de un santo y estancia posteriormente reformada de sus sucesores. Harían bien los agudos observadores vaticanos en no empeñarse en levantar más muros: la austeridad del Papa Francisco que ha optado por vivir en la Casa Santa Marta se enmarca dentro de esa doble realidad complementaria justicia social y vida espiritual que guió también los Pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El testamento del primero es una sobrecogedora demostración de humildad: No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea necesario disponer. En cuanto a las cosas de uso cotidiano que me servían, pido que sean distribuidas como sea oportuno. Y que los apuntes personales sean quemados... Su Santidad el Papa Francisco