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ABC MARTES, 26 DE MARZO DE 2013 abc. es cultura CULTURA 43 Un pasado sin arrepentimiento No somos culpables de nada acontecido en el pasado. Sí somos culpables de ignorarlo, desconocerlo o de opinar sobre él desde el desdén o la ignorancia Lo que vale un Imperio Desde que el mundo es mundo ha habido imperios y sabemos que solo duran si construyen vinculaciones, negocios y códigos comunes entre conquistadores y conquistados La unión hizo la fuerza El imperio fue posible gracias a una política común, urbana y jurídica, una lengua, una religión católica universalista y un estilo de vida determinado: lo hispano, lo latino Españoles por el mundo ABC El cartógrafo Abraham Ortelius publicó en 1570 el primer atlas moderno: Orbis Terrarum Hay catorce Madrid en el mundo, seis en Norteamérica. Hay Barcelonas en Bolivia, Brasil y Venezuela, Sevillas en Colombia, Valencias en Venezuela y Arizona Sí somos culpables de desconocerlo, ignorarlo o de opinar sobre él desde el desdén o la ignorancia. Porque lo cierto es que la globalización no es más que la última evolución de la imperialización del mundo, iniciada por España (y Portugal) a fines del siglo XV. Acercarnos a la historia americana de España es por tanto entender que las fronteras del mundo occidental fueron las suyas, así como descifrar el proceso de formación de un planeta relacionado, conectado, lleno de posibilidades para el futuro. Ya se sabe que el nacionalismo, esa fuerza destructiva, dueña y señora del pasado siglo XX, hizo de los imperios los supuestos enemigos de la libertad en la historia. Pero desde que el mundo es mundo ha habido imperios, y sabemos que estos duran sólo si construyen vinculaciones, negocios y códigos comunes entre conquistadores y conquistados. Si pasados los primeros segundos del acero y la violencia, vienen siglos de enriquecimiento y mestizaje de cuerpos, almas e ideas. Así fue el imperio americano de España, que supuso más de tres siglos de experiencia y familiaridad enDel nombre deriva su genealogía tre ambas orillas del Atlántico. Su hispánica, pero esta no es más que la final se precipita desde 1808, cuan- puerta de entrada a una identificado empieza con la crisis del gobier- ción civilizatoria. Los franceses, que no en el centro de la monarquía, no tienden al pensamiento ordenado, llaen la periferia, el proceso de frag- man a sus cátedras de estudios hismentación que llevará a las inde- pánicos cuando se vinculan a una pendencias. tradición que une lo español con lo Para entonces, la América espa- americano. A través de los frutos más ñola está habitada por más de die- excelsos de su cultura: literatura, hisciséis millones de personas. De toria, por supuesto arte, teatro, cine ellas, eran peninsulares, o españo- y expresiones visuales, hoy incluso les europeos como los llamaban en- gastronomía, música y diseño. tonces, menos de cien mil. ¿Qué mantenía unida aquella estructu- Migraciones globales ra política que iba de Cádiz a San Cuando hablamos de una civilizaFrancisco y de Manila a ción común que lee y escribe Buenos Aires? Sin duda en español, nos referimos Los una cultura política coa esta trama gigantesca españoles mún, urbana y jurídide vinculaciones cultuencuentran en ca, una lengua en orirales que nos hace huIberoamérica gen el castellano, que manos de una cierta forun reflejo de se hizo moderno y ma. Más en estos tiemamericano para converpos de migraciones sí mismos tirse en el idioma espaglobales, que llevaron desñol una religión católica de 1980 a muchos americauniversalista, y un estilo de vida nos a España y que llevan ahora determinado, que en términos ge- a muchos españoles a América. Como nerales subyace hoy en valores so- ocurrió a nuestros abuelos, que hicieciales identificados en el imagina- ron de las Américas un sueño contirio global alrededor de lo hispano nuado vemos hoy que se tejen sueo latino. ños ultramarinos para muchos españoles, jóvenes, trabajadores y capaces. Una visión del mundo En Iberoamérica al menos encuenA saber, una visión del mundo mar- tran un reflejo de sí mismos, un idiocada por la vocación hacia la vida ma en el que se representan, en suma, urbana, la importancia de las rela- una España del pasado que es tamciones personales y de la familia bién una identidad a la que adscribirextensa o ampliada, la capacidad se, que fue, es, y será de todos. para el equilibrio entre las esferas del trabajo y la diversión, o la vocación estética por lo barroco. Entendido como triunfo del detalle, forma y color, hasta lo ampuloso y recargado, aquello que proclama el amor a la vida y la conciencia temporal de lo efímera que esta resulta, por lo que debe ser celebrada de inmediato. Todo ello está presente en las calles de todas las capitales iberoamericanas y más aún en las provincias o veredas de sus montañas, llanos y selvas Tantas veces con nombres iguales a los de España, pues los fundadores procedían de ellas. Hay catorce Madrid en el mundo, seis de ellos en Estados Unidos. Hay Barcelonas en Bolivia, Brasil o Venezuela, Sevillas en Colombia o Guinea, Valencias en Venezuela y Arizona. Estatua de Colón en Providence (EE. UU. América