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12 OPINIÓN HORIZONTE PUEBLA MARTES, 26 DE MARZO DE 2013 abc. es opinion ABC RAMÓN PÉREZ- MAURA TODO ES SUCEPTIBLE DE EMPEORAR La incompetencia política del socialista que preside el Eurogrupo puede acabar llevando a la quiebra a Europa F EBRERO de 2010. Eran días más felices por todo tipo de razones. Un veterano diplomático británico asistía como invitado de honor a un almuerzo en el Hotel Intercontinental de Madrid con una parte de la comunidad de su país y dos o tres periodistas. Llevaban apenas tres meses en el cargo el nuevo presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, y la nueva alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton. El británico demostró hasta qué punto la diplomacia de su país es capaz de formular preguntas que son en realidad sentencias de muerte. La suya fue: Si la respuesta era Ashton y Van Rompuy, ¿cuál era la pregunta? Y los europeístas de la reunión servidor de ustedes y poco más nos quedamos con cara de idiotas. Tres años después estamos comprobando que todo es susceptible de empeorar. La incompetencia política y el desconocimiento técnico del socialista que preside el Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, puede acabar llevando a la quiebra a Europa. Uno de los inconvenientes de la democracia ya saben, el peor de los sistemas salvo todos los demás es que da el poder a gobernantes con tanta legitimidad que cuando cometen una pifia tras otra resulta muy difícil para El Mercado la bicha negra de algunos ningunear los despropósitos. Ayer, a primera hora de la mañana, la noticia de que había un acuerdo sobre el rescate de Chipre por unas cifras globales ¡inferiores al rescate de Bankia! hacía subir con fuerza las bolsas y bajar la prima de riesgo. A la hora del cierre de los mercados, la noticia se había traducido en nada: a El Mercado hay que darle hechos, datos. Y Jeroen Dijsselbloem no ofreció ni lo uno ni lo otro. Los cierres fueron nefastos. Lo que parece más preocupante es que si los aspectos técnicos de un rescate debe fijarlos la troika Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional los políticos corresponden a un triunvirato: el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; el de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y el del Consejo, Herman van Rompuy. Barroso y Van Rompuy tenían que haberse ido a Japón en visita oficial y no viajaron finalmente ante el cariz de la crisis. Porque una crisis que afecta a una economía que representa el 0,2 por ciento de la Unión, pero que es capaz de sacudir todos los mercados, es en realidad una crisis política. Y la responsabilidad de los políticos pasa por ser capaces de transmitir seguridad a los ciudadanos que son los que forman los mercados y quieren garantías para sus inversiones fruto de sus ahorros. Porque eso, y no otra cosa, es el mercado. Y quienes creemos en Europa como una herramienta vital para la prosperidad de nuestros pueblos nos hemos encontrado con que acabamos teniendo en los puestos más relevantes, los de verdadero peso político, no a los mejores, sino a los que en cada momento son los más convenientes para cualquier otra causa. O los que había que quitar de en medio. COSAS MÍAS EDURNE URIARTE LAS HORDAS DE ADA COLAU Estas hordas de acosadores también se indignan cuando se les indica que en España sabemos mucho de acoso tras la experiencia vivida con persecución etarra O creo que el término de hordas agrade a Ada Colau aunque se ajuste perfectamente a los grupos de acosadores liderados por ella que persiguen y agraden a los políticos del PP. Y es que los extremistas tienden a ser muy sensibles hasta con las palabras, cuando les afectan a ellos mismos. Por eso esta líder de los acosadores se ha indignado cuando Cristina Cifuentes ha recordado el apoyo de Stop Desahucios a una manifestación a favor de los derechos de los asesinos de ETA celebrada en enero en Bilbao, si bien a la hora de escribir estas líneas no ha desmentido tal apoyo. Estas hordas de acosadores también se indignan cuando se les indica que en España sabemos mucho de señalamiento y acoso domiciliario a través de la experiencia vivida con la persecución etarra. Y, sobre todo, es fácil imaginarles otra indignación aún mayor, la que les provocaría un acoso a ellos mismos. Seguro que en ese momento Ada Colau dejaría de llamarlo escrache, lo denominaría acoso y correría a denunciarlo a la comisaría más cercana. Y, por supuesto, no sería capaz de entender que hubiera ciudadanos deseosos de cam- N biar España con métodos antidemocráticos y violentos. Como los de ella, pero contra ella. La diferencia entre esos potenciales acosadores de Colau y sus hordas es que las segundas son reales y los primeros, hipotéticos. Más que nada porque la extrema derecha es irrelevante en España mientras que la extrema izquierda es crecientemente fuerte. El éxito de Ada Colau es un nuevo indicador. Hasta tal punto que un periódico socialdemócrata incluso planteó en los últimos días un debate sobre la legitimidad del acoso a los políticos. Que es como plantear un debate sobre la legitimidad del acoso sexual. ¿Argumentos a favor y en contra? Debatan ustedes. No es lo mismo, dirán en este punto, y no, no es lo mismo. La diferencia es que los acosadores de Ada Colau acosan con motivaciones políticas. Ya se sabe, como el crimen de Fernando Buesa, político, según Bildu. Y es que se ponen las motivaciones políticas por delante y se puede justificar cualquier violencia, como de hecho se hace. Y llamarlo democracia, como también se hace. Con el argumento de que lo que tenemos no es una democracia auténtica ni el Estado de Derecho es real. Lo explica muy bien el joven diputado de IU Alberto Garzón, llamado a ser uno de los líderes políticos e intelectuales de esta extrema izquierda como lo es Colau de las hordas callejeras. En su libro La gran estafa (2013) está desplegada la visión política de la extrema izquierda comunista y anticapitalista que quiere acabar con la democracia y el Estado de Derecho. Golpeando a la ideología dominante escribe Garzón, con el 15- M, el Sindicato Andaluz de Trabajadores o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. El comunismo de Garzón se reúne, como todos los comunismos actuales, con otros grupos extremistas de origen diverso. Pero lo que no se puede es llamarlos fascistas como hacen algunos cuando quieren horrorizarse ante movimientos antidemocráticos, como si la palabra comunismo fuera más digna aunque los regimenes comunistas asesinaran mucho más que los fascistas. Las hordas de Ada Colau no son fascistas, son comunistas, en todo caso. Y tienen mucho más éxito social que el fascismo.