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12 OPINIÓN LA FONTANA DE ORO PUEBLA LUNES, 25 DE MARZO DE 2013 abc. es opinion ABC FÉLIX MADERO SIN MIEDO Núñez Feijóo es el único que en el PP pide perdón por lo de Bárcenas EO la entrevista de Mariano Calleja y Pablo Alcalá al presidente gallego Alberto Núñez Feijóo. Lo hago con interés porque las respuestas, como las preguntas, tienen fuste y fundamento. Pero es verdad, el género de la entrevista es algo que hace uno y cobra otro. En las que haya podido hacer y merezcan llamarse así, una entrevista, el que respondía era siempre el protagonista. Hay pocas en las que uno encuentra ideas bien explicadas; demasiadas las que están llenas de justificaciones, las que se hacen a la defensiva, las que se responden pensando en que el jefe las puede leer. Muchos creemos que el género, como tantas cosas en nuestro oficio, vive tiempos delicados, premonitorios de un final que no queremos ver. Las entrevistas previsibles comparten terreno con las ruedas de prensa sin preguntas. Y eso, decimos, es periodismo. Ya, ya. Feijóo no ha descubierto la pólvora al decir que su partido tiene que pedir disculpas por el caso Bárcenas, simplemente ha dicho lo que otros en el PP no dicen, o sólo dirán cuando Rajoy ponga el semáforo en verde y diga algo parecido a lo leído ayer en ABC. Núñez Feijóo es un político tranquilo y sereno, y, eso, si convenimos en entender que ambas circunstancias no son otra cosa que la ausencia de miedo, de cualquier tipo de miedo, es poco corriente en la política española. Sin miedo a que lo que diga sea o no del agrado del líder; miedo a que un error termine con su carrera; miedo a que una amistad le perjudique, a que lo dicho a un periodista contraríe a aquel que puede sacarle de una lista. Miedo, en definitiva, a ellos mismos. Por eso es tan meritorio el alarde de independencia y autonomía política que gasta el político gallego. No sé si Feijóo es o será el recambio de Rajoy, pero tengo para mi que semejante posibilidad le importa poco. Lo que sé es que él mismo demuestra que se puede estar en política y en un cargo con dignidad, y lo que es más importante, con criterio. Cuando Elena Valenciano, la reafirmada número dos socialista, afirma que ella aprendió en el PSOE a ser crítica dentro y leal fuera está confundiendo dos conceptos que se repelen. La crítica anima la vida y procura el progreso; la lealtad, más allá de la amistad roza con lo pastueño, la ausencia de riesgo, y por último con el adocenamiento. La crítica no admite más lealtad que a la verdad, esa que hace libres a las personas. Lo demás es no querer ver el verdadero problema de los viejos y pesados partido políticos. Nota al margen. Bárcenas asegura que es kafkiano que dos jueces disputen por él. Kafkiana es su inexplicable fortuna. Y sí, algo hay de kafkiano en la pretensión de un juez de entrar de lleno en el trabajo de otro. Quique González, en su último disco arranca una canción así: El sombrero pesa más que la cabeza. Pobre juez Ruz, tan sensato, tan prudente, tan cortefiel. Y sin borsalino. L EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA LA QUITA CHIPRIOTA La quita chipriota es tan sólo una experiencia piloto que los Estados más endeudados no tardarán en replicar L rescate chipriota nos vuelve a confirmar que la idolatría plutónica está dispuesta a cualquier cosa. Como aquellos sacerdotes de Baal y Moloch, que no vacilaban en llevar ante el altar de los sacrificios a multitud de inocentes, fingiendo que así se aplacaría la cólera de aquellos dioses bárbaros, los sacerdotes de la idolatría plutónica no vacilan en saquear la economía real, fingiendo que así paliarán una crisis provocada por la hipertrofia de los mercados financieros y el endeudamiento mastodóntico de los Estados. Resulta en verdad aleccionador comprobar cómo todas las idolatrías que en el mundo han sido concluyen de la misma manera: cuando los falsos dioses que las sustentaban se muestran inoperantes, sus sacerdotes, en lugar de cerrar el chiringuito, se obstinan en ofrecerles víctimas propiciatorias. La idolatría plutónica no quiere reconocer que la deuda acumulada por los Estados es simplemente im- pa- ga- ble, por la sencilla razón de que sus cifras computan un dinero que nunca existió, meras anotaciones contables, una niebla de las finanzas multiplicada piramidalmente. Y, para reparar el desaguisado, a la idolatría plutónica no se le ocurre otra solución sino detraer recursos de la economía real: es como si un arquitecto demente, después de erigir una nueva torre de Babel, viendo que amenaza derrumbe, se dedicase a excavar sus cimientos. E En este desquiciado intento de salvar lo que es insalvable, los sacerdotes de la idolatría plutónica empezaron por adelgazar los salarios y aumentar los impuestos; ahora, en Chipre, se lanzan a la confiscación de los ahorros. Para que tal despojo resulte menos monstruoso, ponen en marcha la maquinaria de la propaganda oficial, presentando Chipre como una suerte de paraíso de la opacidad bancaria, donde las mafias del Este blanqueaban ingentes cantidades de dinero negro. Pero si Chipre es un nido de latrocinios y enjuagues financieros es porque a los sacerdotes de la idolatría plutónica así les convino que fuese. Que ahora los mismos que ampararon esos latrocinios se erijan en sus sanadores se nos antoja, en verdad, desquiciante, tan desquiciante como todo lo que viene ocurriendo desde que se declarara la crisis que nos fustiga. Primeramente se permiten prácticas financieras delictivas y se protegen con leyes que garanticen la impunidad de quienes las perpetran; posteriormente, cuando tales prácticas revelan su carácter criminal, los mismos que las permitieron (que, a poco que rasquemos, comprobaríamos que fueron también quienes las perpetraron, o quienes se beneficiaron de que se perpetrasen) se aprestan a combatirlas... mediante la confiscación de los ahorros. La propaganda oficial se esfuerza por presentar la quita chipriota como una medida excepcional que no se extenderá a otros países. Es exactamente el mismo procedimiento que en su día se empleó cuando las autoridades europeas exigieron al Estado griego que sometiera a sus súbditos a exacciones forzosas; poco a poco, tales exacciones se han ido reproduciendo en otros lugares, aunque haya variado el modus operandi: ahora ya ni siquiera hace falta que las exigencias europeas sean taxativas, bastan recomendaciones que los Estados otrora soberanos acatan sin rechistar. La quita chipriota es tan sólo una experiencia piloto que los Estados más endeudados no tardarán en replicar. En España nos dicen que nuestra deuda está controlada y que ya hemos hecho los deberes cantinela que, inevitablemente, nos recuerda aquellas eufóricas proclamas de hace unos años, sobre el magnífica situación de nuestros bancos.