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54 CULTURA SÁBADO, 23 DE MARZO DE 2013 abc. es cultura ABC Calla el cálido y sensual piano de Bebo Valdés El genial artista cubano, que sufría alzhéimer, murió a los 94 años en Suecia, país al que llegó en 1960 y donde vivió medio siglo exiliado LUIS MARTÍN MADRID u nombre real era Ramón Emilio Valdés Amaro y ha sido uno de los pianistas más influyentes en la historia de la música popular cubana. Firmaba Bebo Valdés y tuvo enorme responsabilidad en la conservación y difusión del lenguaje del piano en la música tradicional de la isla, y en la definición y renovación definitivas del jazz afrocubano. Ayer se conocía la noticia de su fallecimiento en Suecia, a los noventa y cuatro años de edad cumplidos en el pasado mes de octubre. Había pasado los últimos años de su vida en Benalmádena, enfermo de alzhéimer, al cuidado de sus hijos. Muchos aficionados recordarán la asidua participación de Bebo Valdés en numerosos festivales de jazz y eventos musicales muy variados realizados en nuestro país, y muy especialmente sus proyectos al lado de personajes como el cantaor El Cigala. Y también su aparición en la silla vecina a la de su hijo, el también pianista Chucho Valdés, en la película Calle 54 dirigida por Fernando Trueba. Uno de sus dos últimos proyectos le puso al frente de una orquesta con la que interpretó su Suite Cubana compuesta entre los años 1992 y 1997 en Estocolmo; en el otro, se fundió en un abrazo fraternal con su hijo Chucho al piano. El título del disco fue definitivo y revelador: Juntos para siempre S triunfaban en aquel momento en los vecinos escenarios de Estados Unidos, y muchos de sus artífices viajaban hasta la isla para confrontar sus elaboraciones artísticas con la rítmica apasionada del guacancó y el son. De esta manera, el año 1952 fue totalmente clave documentando esta fructífera clase de encuentros entre músicos de ambos países. El amigo americano Merced a esta confraternización y por encargo del productor estadounidense Norman Grantz, Bebo Valdés luego célebre por rivalizar con el descubrimiento de la batanga, un nuevo ritmo de baile, con el Cerezo rosa de Pérez Prado realizó la primera grabación de una descarga de jazz afrocubano. Se renovaba así el inmenso tesoro musical de la isla, propagando al mundo entero el imperio del jazz afrocubano. En los años que siguieron, los éxitos del artista se fueron multiplicando al frente de su propia orquesta, Sabor de Cuba, en el legendario Cabaret Tropicana de la capital de la Perla del Caribe. Posteriormente, Bebo acompañó a los artistas de la fonográfica Gema, actuó con la Orquesta Riverside y, más tarde, instalado ya en México, actuó como director musical del popular bolerista Lucho Gatica. Fue, sin embargo, durante una gira por Europa con los Havana Cuban Boys en los años 60, cuando su vida experimentó un giro definitivo. En Estocolmo encontró el amor de su vida y, tras fijar su residencia en aquella ciudad, Bebo, todo elegancia al piano, en Córdoba el 7 de mayo de 2005 decidió sumirse en un completo anonimato. Muy poco se sabe de él en ese periodo. Apenas lo que ha contado el músico: trabajó ambientando musicalmente con su piano los salones de diferentes hoteles de Estocolmo, amó a su mujer y vivió en permanente tranquilidad. Fue una suerte, no obstante, que Paquito D Rivera, fundador de Irakere junto a Chucho Valdés, su hijo, decidiese rehabilitar la leyenda de Bebo, invitándole a grabar un disco definitivo, Bebo rides again En esta colección de piezas tradicionales trenzadas con creaciones del propio Bebo, parece que el tiempo no ha transcurrido. El músico suena en estas canciones fresco y profundamente lírico. Definitivamente, es el maestro del subrayado y la apostura. Renacía de este modo una leyenda de cuyas luces y sombras todos tuvimos plena conciencia cuando Fernando Trueba decidió reunirle en su mencionado film, Calle 54 con su hijo Chucho. Una leyenda que, desafortunadamente, ayer tocó a su fin. Elegancia espiritual MARTIRIO N Pasión por el mambo Bebo había nacido en Quivicán, una localidad próxima a La Habana, el 9 de octubre de 1918, y se inició en el piano siendo todavía un niño. Para llevar a cabo su primer acomodo profesional, Valdés buscó la complicidad de un amigo de la infancia y, juntos, fundaron la Orquesta Valdés- Hernández. La música era, definitivamente, su alfabeto. Y los precursores que le interesaban estuvieron muy cerca de él, cuando, finalmente, ingresó en la Orquesta de Julio Cuevas. En este combo compuso y estrenó uno de sus mambos más famosos, La rareza del siglo Las formas jazzísticas del be- bop El amor y el exilio En Estocolmo llevó una vida tranquila junto al amor de su vida y ganándose el pan en los salones de los hoteles ¡Viva la tradición! Bebo tuvo una enorme responsabilidad en la conservación y difusión del piano en la música tradicional de la isla o lo conocía mucho personalmente, pero me encantaba, tanto lo que hizo con El Cigala, como su elegancia espiritual maravillosa, su piano único y especial que sanaba el alma, un talento musical y una humanidad excepcionales. Era alguien muy especial, que luchó muchísimo en su vida y al final tuvo su justo éxito y reconocimiento. Hay muchos músicos que tocan muchísimas notas y tienen una habilidad y una técnica asombrosas, pero este hombre cuando tocaba... te acompaña, te ayuda, te sana... Es una auténtica maravilla. Lo más importante que me queda de él es haber conocido a alguien dedicado toda su vida a hacer música de verdad, mucho más preocupado por lo que la música puede hacer por las personas.