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ABC SÁBADO, 23 DE MARZO DE 2013 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA ARCADIA DE FIN DE SEMANA POR JUAN ÁNGEL JURISTO Tengo para mí que la fascinación que produce el impresionismo en el común de los mortales que pertenecen a nuestro ámbito cultural radica en que este movimiento es la Altamira de la Modernidad rales gastan cifras astronómicas en adquirir obras cuyo valor estriba en lo que tiene sólo de valor de cambio, de mero fetiche de estatus social y económico. Todo se conjuga para que se dé esta feliz resolución. De ahí que el público, el mismo que lleToulouse Lautrec, los cinco paneles de la serie na las salas de los cines en busca de historias Jardins Publics, de Vuillard, que son los únicos que les rediman de la vida cotidiana, asista de que se conservan de la original... en fin, un poco ez en cuando al sueño arcádico revestido de su necesario kitsch en cuanto se presenta la ocaabrumador, todo, ya digo. Pero no se trata aquí de informar sobre estas sión, y son muchas, de asistir a alguna enorme magníficas muestras, sino de intentar compren- exposición de un clásico de la pintura. La cosa der un fenómeno que lleva necesariamente al les reconcilia con la necesidad sacra de abolimalentendido, el de dar razón de que cualquier ción del tiempo mediante la contemplación de muestra de impresionistas mantenga asegura- la belleza y, aunque muchos no lo sepan, no redo el éxito de asistencia del público, por lo que nuncian a ello por nada del mundo, aunque éste éstas se han convertido en una apuesta segura nada tenga que ver con lo que quieren contemen tiempos precarios. En Bélgica. Cuadernos plar. Sobre todo si el pintor expuesto es un impara la memoria, un libro de apuntes sueltos de presionista. Pero ¿es esto realmente así? ¿Qué busca, en realidad, el público que visita este tipo de muestras? ¿Quizá remedos fotográficos de una época que al estar pintada sugiere un estado próximo a la realidad, pero transfigurado en un sentido que recuerda al paraíso concebido en un cuarto de estar, algo cercano a un cromo, en definitiva, y próximo a las figuritas de las reproducciones religiosas de otros tiempos? Desde luego es fácil ironizar sobre estas cosas, es fácil que el supuesto experto sea implacable ante el supuesto corazón kitsch de la masa ciudadana, es fácil incluso el desprecio, sobre todo el desprecio... para los despreciables. Una vez alguien versado en arquitectura ironizó a Ernst Jünger sobre la cantidad de enanitos de escayola que había en los jardines alemanes. Éste no entró al trapo. Simplemente recordó la necesidad que tenía el obrero alemán de la Mercedes el ejemplo es mío de enlazar con el imaginario de sus ancestros, que inventaron ninfas y gnomos en bosques entonces animados. Una cuestión de supervivencia, en definitiva. Tengo para mí que la fascinación que JAVIER MUÑOZ produce el impresionismo en el común de los mortales que pertenecen a nuestro ámbito cultural radica en que este la poeta y filósofa española Chantal Maillard, se movimiento es la Altamira de la Modernidad, y encuentra esta frase, entre otras de feliz expre- que el pintar al aire libre, el puntillismo pigmensión: Después de su revolución, los europeos tado, los temas en que los bateleros se pasean necesitaron una nueva elite y, habiendo aboli- felices por el río en domingo, están más cercado la religión, una nueva espiritualidad. Así que nos a nuestro imaginario que un tema bíblico inventaron el Arte. Cumplía ambos cometidos. de un pintor barroco, por no hablar de un fresEl genio era el elegido, y los entendidos, los fie- co medieval. El pop quizá sea más genuino en les. Los rituales tuvieron sus templos. Qué difí- la representación cotidiana, pero por eso miscil nos resulta vivir desamparados y qué fácil- mo no sirve aún como refugio arcádico del hommente confundimos el amparo con el someti- bre de hoy, refugio de fin de semana, no lo olvimiento Por otro lado, Marcel Duchamp creyó, demos, donde la cueva, Altamira, nos recoge en ilustrado él en el fondo, que cualquier gesto del sensación fuera del tiempo. El lunes nos enfrenartista en torno a un objeto calificado por él como tamos de nuevo a la prosa del mundo. arte llevaría a éste de inmediato al museo. Andy Warhol, más desalmado, lo llevó al supermerJUAN ÁNGEL JURISTO cado, y desde entonces las instituciones cultuESCRITOR D OS importantes exposiciones de arte en Madrid acaparan la atención del público y de la crítica: las que la Fundación Mapfre y el Museo Thyssen han organizado teniendo como tema común, de una u otra manera, el impresionismo. Desde luego las dos muestras son magníficas y basta con escribir algunos nombres para que el supuesto reclamo se convierta en aserto verídico: Monet, Manet, Renoir, Van Gogh, Pissarro, Sisley... en fin, la excelencia del movimiento pictórico que dio origen a la Modernidad, nombres que son ya clásicos y que así se les trata en los manuales de Historia del Arte, nombres que por sí solos serían capaces de llenar durante meses una muestra, pero que así, juntos, de una tacada, donde entre las dos exposiciones llegan a sumar unos doscientos cuadros, hay que decir que la cosa abruma. Y de qué manera. El Museo Thyssen se ha decantado por los paisajes, cuya composición al aire libre fue parte esencial del canon impresionista, y por eso nos ha puesto en antecedentes al modo de una lección de pintura. Entendemos la presencia de Constable, de Turner, por eso mismo, así como la importancia otorgada a Pierre Henri de Valenciennes, que por 1800 recomendaba a sus alumnos de la Academia de Roma que pintaran los paisajes del natural para luego insertarlos en los vastos panoramas históricos que estaban entonces de moda, por lo que es considerado el padre del invento. Pero luego aparecen los Van Gogh, los Cézanne, y tales nombres, incluso el de Courbet, quedan desmadejados ante estos. La atracción que ejercen posee la fuerza de Medusa. Tanta es su presencia. La Fundación Mapfre muestra, por su lado, algunas obras maestras del Museo D Orsay parisino de resultas de un intercambio de favores, ya que la Fundación colaboró estrechamente para que el museo montara con éxito una reciente exposición en Brasil. Lo que se nos ofrece posee el atractivo de llegar a contemplar algunas de las obras más famosas del movimiento, y si no llegamos al paroxismo con estas cosas es porque la facilidad de reproducción de imágenes y la facilidad de viajar ha banalizado de alguna manera la presencia física de los cuadros: hay dos de la serie de la catedral de Rouen, de Monet, que por sí solos valen la excursión y la espera, algún que otro Van Gogh nunca expuesto antes en España, también una salita dedicada al inquietante Vallotton, poco conocido entre nosotros, algún Seurat, algún