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ABC VIERNES, 22 DE MARZO DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL BURLADERO UNA RAYA EN EL AGUA CARLOS HERRERA ALAYA FRENTE A TODO LO DEMÁS En Andalucía todo ha sido posible gracias a la impunidad que garantiza saberse inviolable N O sé dónde están los indignados andaluces, en qué calle manifiestan su cabreo, frente a qué domicilios vociferan sus consignas, ante qué instituciones despliegan sus pancartas al fin de testificar su enfado por el mangazo descomunal provocado por los ERE falsos surgidos del fondo de reptiles de la Junta de Andalucía. No he visto a ninguno de ellos exhibiendo sábanas pintadas con letra negra en la que se tilde a nadie de ladrón. No he escuchado bocinas sonando frente a alguna Consejería. Ni manifestaciones de repudio en cualquiera de las comparecencias públicas de los dignatarios de la Administración autonómica. Será que no he estado pendiente. O será que la indignación no ha alcanzado la dosis necesaria para que algunos la expresen con la contundencia acostumbrada ante otros casos, no sé. Ya sabemos que, como decía genialmente Manuel Contreras en un tweet, Mercedes Alaya no será Medalla de Andalucía el próximo 28 F, pero sí debemos apercibirnos de que una juez de aspecto delicado y secarrón merece el reconocimiento de los andaluces que creemos que la impunidad del régimen merece un correctivo. Alaya está cuidando hasta el desespero la instrucción del proceso, esa madeja infernalmente complicada que hay que deshacer con mimo de orfebre y que no somos capaces de entrever cómo puede acabar, y que consiste en no imputar a quien no debe hacerlo con tal de que no le retiren la autoridad del caso. De momento, bastante hay con lo que se nos presenta ante nuestros ojos: durante no pocos años se ha ejercitado un músculo paralelo al de la Administración mediante el cual se ha alimentado un sistema de expolio de fondos públicos con el que repartir dinero de los andaluces de los parados andaluces a mayor beneficio de personal mimosamente seleccionado. Ello no se ha puesto en marcha por cuatro golfos, sino por un desahogado sistema de empleados públicos que, despreciando elementales sistemas de control, ha obrado con total impunidad en el convencimiento de que nada podía afectarles ni toserles. La última iniciativa de la juez busca a los que se han favorecido de la intermediación y a los que se han llevado el mordisco de los conseguidores mediante el cobro de facturas desorbitadas: nada ha podido, de momento, pararla, ni las maniobras para arrebatarle caso por parte de los paniaguados del Tribunal Superior de Justicia de Andalucia, ni el intento de cambiar de magistrado, ni la mentira machacona de insistir en eso de que la Junta fue la primera en denunciar el caso en cuanto tuvo conocimiento de ello. Alaya se ha propuesto saber hasta dónde llegaba el conocimiento de la malversación y va a acabar consiguiendo saberlo aún bien de que un manojo de cobardones quieran ponerse de perfil. En Andalucía, por más que algunos quieran silbar mientras se cierne sobre ellos el peso de la sospecha, se sabe que todo ha sido posible gracias a la impunidad que garantiza saberse inviolable. La garantía de los votos clientelares propició una y otra vez la sensación de que ningún despropósito causaba estropicio electoral alguno: no importa lo que hagamos ya que nos van a votar hasta la náusea. Visto que no hay escarmiento electoral, puede que el único que quede sea judicial, aunque para eso hagan falta magistrados a los que no les afecte el miedo escénico de enfrentarse al gran rodillo del poder socialista. Alaya ha dado el paso y se ha convertido en la última esperanza blanca casi de porcelana en la pelea contra la todopoderosa maquinaria administrativa controlada por el partido socialista. De la eficacia de sus procedimientos depende muy mucho la salud política de una comunidad en la que la narcotizada opinión pública no exige debidamente responsabilidades por los desastrosos indicadores sociales y económicos que la colocan a la cola de todas las regiones europeas. Le deseamos suerte en el intento. IGNACIO CAMACHO LA JUEZ LLAMA DOS VECES Ésa es la vergüenza, el oprobio: no eran cuatro golfos El golfo era el propio poder, el sistema, el régimen L 110 AÑOS DE HUMOR GRÁFICO EN ABC Manuel Summers (04 09 1989) A trama de los ERE andaluces no constituye un episodio de corrupción: se trata de un sistema. La verdadera dimensión escandalosa del caso está en su condición estructural por encima o por debajo de la espuma, llamativa pero casi anecdótica, de los prejubilados intrusos o de la cocaína comprada con dinero de los fondos de empleo. Es la partida opaca, el fondo de reptiles, lo que otorga al asunto el carácter trascendental de un método para burlar la ley la transparencia, el concurso, el control de la intervención, las reglas organizado desde el Gobierno autonómico de Andalucía. Los expedientes falseados, los trucos para incluir a discreción amigos o parientes, son sólo la excrecencia lógica de ese modus operandi clientelar diseñado por la propia Administración. Pero el resto de las operaciones teóricamente correctas también está bajo la sospecha de un vicio de partida. Durante años decenas de intermediarios, con la complicidad de altos cargos de la Junta, ofrecieron a las empresas el beneficio arbitrario de subvenciones diversas para obtener comisiones desmesuradas en un negocio montado sobre el presupuesto público y autorizado por las autoridades falta saber exactamente cuáles con su propia firma. Ésa es la vergüenza, el oprobio: no eran cuatro golfos El golfo era el propio poder, el sistema, el régimen. Eso es lo que trata de demostrar la macrorredada de la jueza Alaya. Más allá de su polémica instrucción, salpicada de arbitrariedades destinadas a proteger su propia capacidad de investigar por eso no hay todavía inculpación de aforados la magistrada está tratando de establecer una secuencia de responsabilidades que arranca desde los desenvueltos pícaros aprovechados, sube por las ramas de comisionistas, aseguradoras y bufetes jurídicos y alcanza la estructura política hasta un nivel la X de los ERE aún por determinar. Llegado el momento, la pesquisa afectará de forma inevitable a altos cargos protegidos por fuero jurisdiccional y la instructora tendrá que enviar el caso al Tribunal Superior andaluz o al propio Supremo. Lo que ahora está buscando son las pruebas de esa imputación que puede reventar el impune statu quo de una hegemonía de treinta años, pendiente ahora de que cualquiera de sus capataces sufra un ataque de sinceridad como el que Rubalcaba pronosticó a Luis Bárcenas. Es el régimen más largo de Europa lo que está bajo la lupa de un proceso. Con la operación Heracles la teoría de los cuatro golfos se desmorona. Y aflora la evidencia de una red, de una conspiración para delinquir urdida desde los despachos oficiales bajo el amparo del patio trasero esa especie de zona oscura en que el monocultivo político ha convertido a Andalucía. Como el cartero de James Cain, Alaya ha vuelto de su convalecencia para llamar de nuevo al timbre de la Junta. Si pregunta por Griñán se va a armar un serio alboroto.