Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
54 SOCIEDAD MIÉRCOLES, 20 DE MARZO DE 2013 abc. es sociedad ABC Sandra, junto a su madre, en su casa de Castelldefels a la que acude cada fin de semana cuando acaba las clases en Madrid INÉS BAUCELLS Alumna de pasillo por el catalán Sandra llegó a Cataluña con la ilusión de aprender una lengua, pero topó con un modelo lingüístico que la aisló, le cambió el carácter y hundió sus notas ESTHER ARMORA BARCELONA pie de aula, ajenas a las refriegas políticas y judiciales, se encuentran las auténticas víctimas de la inmersión lingüística en Cataluña, las que sufren en sus carnes los efectos colaterales de una guerra que se libra en las altas instancias pero que impacta en los colegios e institutos. Sandra E. M. una joven tinerfeña de 16 años, se reconoce como uno de esos damnificados. También lo son su madre Amaya y su padre Carlos, que durante tres intensos años han visto el calvario que ha vivido su hija para adaptarse a una nueva realidad educativa marcada por la imposición de una lengua totalmente desconocida para ella. Su historia no es la de todos los alumnos que recalan en esta Comunidad pero sí define las imperfecciones de un sistema de adaptación lingüística abrupto y, como ella define, sin término medio Sandra llegó a Corbera de Llobregat (Barcelona) A junto a sus padres y su hermana Carla, en agosto de 2009, un mes antes de que comenzara el curso 2009- 2010. Tenía 13 años, era una joven extrovertida y buena estudiante. Había también viajado y estaba ilusionada con aprender una nueva lengua. El expediente de sexto curso de Primaria en el colegio Luther King de Tenerife, repleto de notables y excelentes, corrobora su impecable currículo escolar. Amaya, auxiliar de vuelo, y Carlos, que trabajaba en el sector de la automoción, se decidieron a afincarse en Cataluña porque él, de ascendencia catalana, se quedó en el paro y optó por irse a Barcelona. Amaya, auxiliar de vuelo, reclamó el traslado a la capital catalana para poder ver crecer juntos a sus hijas sin distancia de por medio. Por eso pensé que sería una experiencia enriquecedora para mis hijas dice Amaya, quien reconoce, sin embargo, que ya le advirtieron de que no sería fácil. Una profesora amiga mía de Tenerife me advirtió de que aterrizar en Cataluña sería complicado sobre todo para Sandra, aunque no le creí recuerda. Los problemas no aparecieron de inmediato. Sandra estrenó primero de Educación Secundaria Obligato- ria (ESO) en el instituto de Corbera. Como a todos los recién llegados que no conocen la lengua autonómica le asignaron, además del aula que le corresponde por su curso, un aula de acogida (espacio dedicado a enseñar el catalán a los recién llegados) Combinaba algunas horas en el aula de acogida con el horario lectivo. Ese fue, según su madre, el origen de sus problemas Un día de puertas abiertas decidí visitar esa aula y me cayó el alma al suelo comenta Amaya. Había alumnos de todas las edades y origen mezclados sin tener en cuenta el ritmo de aprendizaje ni el curso dice. Perdió el ritmo de su curso Acostumbrada a adaptarse Elegimos colegio y una casa fantástica con terreno. Nunca pensamos que tendríamos problemas explica la madre, acostumbrada a adaptarse a nuevos entornos y nuevas lenguas. Estuve viviendo dos años en Inglaterra y aprendí el idioma sin imposiciones. No es un buen sistema En el aula de acogida mezclan niños de todas las edades y niveles. No es un buen sistema pedagógico Ha perdido dos cursos Amaya está preocupada por su hija porque siente que ha perdido dos cursos que le costará recuperar Mi queja es por las formas No estoy en contra de que Sandra aprenda catalán, mi queja es por las formas que han usado en este instituto Mi hija pasaba allí varias horas durante la semana, horas que dejaba de hacer clase con su grupo y empezó a sentirse segregada de sus coetáneos de curso. Perdió el rimo escolar añade la tinerfeña, quien matiza que no estoy en contra de que aprendan catalán pero sí en las formas Denuncia, asimismo, que el progreso de Sandra durante los dos años del aula de acogida fue nulo. Sus notas no eran las de antes pero no suspendía, todo eran suficientes. Daba la sensación de que no la evaluaban en serio apunta. Refuerza esta impresión en las palabras de su hija. Mamá, me han dicho que no me preocupe que los del aula de acogida aprobamos todos le dijo. La hecatombe se produjo cuando, pasados los dos años de adapta-